Destacado

Desdemocratización en Venezuela (XIV): Y el cambio tenía que ser radical

Tomado de social shorthand.com

Andrés Cañizález

El segundo gobierno de Rafael Caldera (1994-1999) si bien le imprimió una dosis de calma a un país que venía en una seguidilla de revolcones y confrontaciones, en la práctica terminó siendo una oportunidad perdida para que los actores tradicionales pudieran modelar y conducir el deseo de cambio que latía en la población de Venezuela.

Caldera logró un objetivo importante, logró sortear la inestabilidad que heredó y cerró su gobierno en los cinco años que le correspondían. En medio de flacos precios del petróleo impuso con éxito un programa de ajustes económicos, al mejor estilo suyo, diciendo que no lo haría terminó llevándolo adelante.

El Caldera que gobernó en los últimos años del siglo XX, era un hombre bastante mayor. Cumplió 80 años en 1996, en pleno mandato. Llegó a la presidencia en unas disputadas elecciones presidenciales; para ser candidato por séptima ocasión en las elecciones de 1993, había optado por sacrificar a su partido político, COPEI; y, lo más simbólico, aquel Caldera que ocupó la presidencia en 1994 era producto en buena medida del Caldera que en 1992 había resucitado políticamente con un encendido discurso que -palabras más, palabras menos- le daba un marco de justificación a la intentona golpista de Hugo Chávez en 1992.

El Caldera candidato prometió reformas al sistema que luego no pudo cumplir. El Caldera presidente se mostraba jugando dominó con Luis Alfaro Ucero, el tótem de poder entonces de Acción Democrática. Eran dinosaurios políticos que se resistían a desaparecer de la escena política y con su empecinamiento no hicieron otra cosa que alimentar, junto a muchas otras variables, la caldera social que clamaba por un cambio desde los 1980.

Como sostiene Arturo Almandoz Marte, ya a comienzos de la década de 1980, estaba claro que en Venezuela el modelo de Estado corporativo y rentista se había agotado.

En el imaginario popular, Caldera fue la última esperanza de que los cambios vinieran de los propios actores políticos tradicionales. Al no cumplirse la promesa del cambio, la balanza terminó inclinándose al más outsider, y a la más radical de las opciones de entonces, Hugo Chávez.

La campaña electoral de 1998 estuvo dominada por una idea: la crisis terminal del sistema político venezolano exigía cambios “drásticos”. Esto es, cambios que debían procurarse fuera de los canales regulares del sistema político. Esto lo acota José Ignacio Hernández.

Y la percepción de los venezolanos sobre el sistema político era bastante negativa en aquel año electoral. En una encuesta realizada en mayo de 1998 resaltan opiniones de este tenor: “hay mucho poder en este país concentrado en muy pocas manos” (67 por ciento estaba de acuerdo) y “el gobierno debería ayudar más a la gente pobre aunque eso signifique más endeudamiento” (61 por ciento de respaldo).

La discusión pública, en publicaciones como la revista SIC, en los meses finales del año 1998, reflejaba con absoluta claridad el cambio político-institucional de envergadura que se venía encima. En los meses previos a las elecciones presidenciales de aquel año, se hicieron una serie de maniobras electorales con las que se buscaba cerrarle el paso al candidato Hugo Chávez, como ya lo reseñamos en un texto anterior.

Finalmente, se impuso el deseo de cambio que prevalecía entre los venezolanos. El modelo político implantado en 1958 estaba agotado, el bipartidismo rechazado por la población y la situación económica no favorecía a los más pobres. El editorial de la revista SIC, a dos meses de los comicios presidenciales de 1998, sostenía que votar por Chávez constituía una apuesta que no tenía sustento en un proyecto coherente y se basaba principalmente en una figura mesiánica.

Los deseos de cambio, como ya hemos reflejado en esta serie de artículos, no eran nuevos. El estado de la opinión pública le pasaba factura a una crisis que se había iniciado la década anterior. Lo que empezó siendo una coyuntura económica al iniciarse los ochenta, en 1998 era una crisis de legitimidad, de gobernabilidad, que apuntaba sin duda a un cambio radical en el funcionamiento de la sociedad, de la economía y de las relaciones políticas.

El Centro Gumilla, entonces, siendo cónsono con el modelo democrático que estaba moribundo y planteado en el horizonte de una transición, apuntaba la necesidad de construir consensos: un nuevo pacto político y social, para poder conducir con éxito la travesía del cambio. Por ejemplo, sugería que el nuevo presidente (ya en  octubre de 1998 todo indicaba que sería Hugo Chávez) debía en primera instancia construir una base de estabilidad política: “para lograrla, es imprescindible la convocatoria de los diversos estamentos sociales y la recuperación de la confianza tanto de los actores económicos, como sociales y políticos”.

El provincial de la Compañía de Jesús en aquel momento y una voz autorizada en el análisis sociopolítico, Arturo Sosa, planteaba sin ambages la necesidad de encausar el deseo de cambio: “Esta nueva fase de nuestra historia política, comienza por el proceso de establecer las condiciones básicas de la convivencia en la sociedad venezolana. Sobre ella se sustentan la estabilidad política dentro de la cual se genera el desarrollo social sustentable del país y la gobernabilidad para poder ir tomando las decisiones que lo hagan realmente posible en el corto y mediano plazo”.

Sin embargo, como es conocido, la dirección que le dio luego Hugo Chávez a este deseo de cambio, desde el poder, apuntó en un sentido contrario. En realidad, podría decirse que terminó dinamitando las ya menguadas condiciones básicas de convivencia, con una dinámica de polarización y confrontación que a su vez pareció rendirle frutos en términos electorales a lo que en aquel momento se autodefinía como Revolución Bolivariana.

Según Sosa, el país vivía un momento singular de su historia democrática, lo cual representaba un desafío para el liderazgo político que emergía gracias a ese deseo de cambio que se respiraba en ese 1998: “se trata de convertir el deseo de cambio, que caracteriza hoy las reacciones de la mayor parte de la población, en fuerza transformadora de las actitudes personales, las relaciones primarias, la conciencia política y las instituciones a través de las cuales se regula la vida común”.

Sosa, en particular, planteaba la necesidad de reconocer los efectos positivos que había dejado el tránsito de un gobierno centralizado-presidencialista a uno descentralizado regional (estados) y local (municipios), producto del proceso de reformas que se iniciaron en la segunda mitad de la década de los años 1980. Se refiere Sosa a la creación en 1984 de la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE), uno de los legados positivos del gobierno de Jaime Lusinchi (1984-1989), que puso en evidencia, en palabras de Almandoz Marte, la obsolescencia de un hipertrofiado Estado rentista, corporativo y centralizador.

Conocida es la historia que se vivió, especialmente con la entrada del siglo XXI, el gobierno de la Revolución Bolivariana caminó en sentido contrario, con lo cual ha producido una recentralización que caracteriza la vida institucional en Venezuela, bajo el chavismo.

@infocracia

Fuentes:

Almandoz Marte, Arturo (2020) “CAP. Del tranco a la coronación”, En: Prodavinci, texto en línea: https://prodavinci.com/cap-del-tranco-a-la-coronacion/

Galizia, Giovanbatista (1998) “El nuevo paisaje político”. En: SIC. Vol. 61. N° 608. pp. 362-364. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Hernández, José Ignacio (2019) “La muerte de una Constitución (veinte años después)”, En: Prodavinci, texto en línea: https://prodavinci.com/cap-del-tranco-a-la-coronacion/

Sosa, Arturo (1998) “Después de las elecciones. Transición y constituyente”. En: SIC. Vol. 61. N° 608. pp. 350-353. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s