Opinión y análisis

¿Dónde están los Valores Democráticos?

Tomada de Prodavinci

Pedro González Caro

El 01 de mayo, vi una publicación en Instagram de @Venezuelagrita (https://www.instagram.com/p/COV-352B_ovSJvhuqFMu49yjigYDLsa4hzdHk00/) que transmite un video de una breve entrevista al General Marcos Pérez Jiménez. En la entrevista el general hablaba de “hechos” que dejaban en claro que su gobierno había logrado un muy alto desarrollo económico para Venezuela, que se evidenciaba con las grandes obras y construcciones que aún hoy perduran. En Primer lugar, quiero agradecer públicamente a todas las personas que participaron en el debate, que por cierto fue muy respetuoso de cada una de las opiniones expresadas. ¡Esto es verdadera Democracia!

Lo que me llevó a escribir este artículo no es la publicación en sí misma que, sin lugar a dudas, ni a ninguna discusión, es cierta. En el periodo del General MPJ hubo un crecimiento económico que puso a Venezuela a la cabeza del desarrollo y del progreso en América Latina, lo que me llamo la atención fue la gran cantidad de personas que mostraban su gran admiración por el general porque había orden y disciplina, pero sobre todo había una gran bonanza económica, oportunidades y progreso.

El post de @Venezuelagrita invitaba a comentar la publicación, en función de los comentarios que ya se habían hecho, y expresé lo siguiente: “Leo algunos de sus comentarios y veo por qué no hemos logrado llegar al corazón de la sociedad, las banderas de lucha por la libertad y contra la represión no son significativas. Si Maduro pudiera mejorar la situación económica sería el mejor presidente… Según lo que leo aquí”.

Sé perfectamente que la opinión de un grupo de personas en las redes sociales no es exactamente el reflejo de lo que la sociedad puede sentir en un momento determinado, pero sí acompaño este breve intercambio de opiniones con estudios de opinión que ha realizado el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB. En estas investigaciones se identifica una pérdida de valores por el trabajo, la alta tendencia a adaptarse para sobrevivir y se pone en evidencia una gran decepción con el liderazgo político y con el propio sistema político, porque no es capaz de brindar oportunidades, entonces me doy cuenta de que el discurso motivacional hacia las personas, puede estar equivocado.

No se puede discutir el avance económico y el progreso que Venezuela tuvo durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, pero el costo de ese progreso en libertades, presos políticos y represión contra la disidencia, también era el más alto de América. Muchas de las personas que participaron en el debate que se originó por mi comentario apoyaban la gestión del general, fundamentalmente basados en el desarrollo económico y sobre todo recalcaban su gran y desinteresado amor por el país. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue que algunos de ellos justificaban la persecución de disidentes porque eran “comunistas”, gente que trataba de derrocarlo para tomar el poder y usarlo para su propio beneficio.

Es absolutamente legítimo que, una aspiración de la sociedad sea el orden y la disciplina, y que sus gobernantes mantengan una conducta proba y transparente, libre de toda corrupción. En un modelo democrático eso lo brinda el “Estado de derecho”, donde todos los ciudadanos pueden ser juzgados por sus jueces naturales y se respeta el debido proceso. Todos los ciudadanos tienen el derecho a seguir la corriente política en la que crean, sin que ello pueda ser motivo de exclusión o discriminación, nadie puede ser perseguido por su manera de pensar y puede expresar ese pensamiento de cualquier forma que lo desee, siempre que no contravenga las normas establecidas en el contrato social.

En una democracia no puede ser tolerable que alguien se le persiga por tener una ideología política diferente a la del gobernante, eso constituye, sin lugar a dudas, una violación a los principios fundamentales de Derechos Humanos y no hay ninguna justificación posible para hacerlo, pero en el debate se mantuvo muy firme la idea, en muchos de los participantes, de que eso no importaba porque el gobernante era una nacionalista que ponía los intereses del país por delante de cualquier interés particular y si había alguien que pretendía alcanzar el poder con ideales “comunistas”, entonces es correcto perseguirlo y apresarlo.

Haber tenido indudables logros económicos no lo exime de ser un dictador. Y dictadura es mala por definición, así que con progreso económico o sin él, no se puede aceptar un gobierno dictatorial.  Es absolutamente legítimo querer orden y disciplina. Pero el costo del progreso económico y del orden, no puede ser la persecución de personas por el ejercicio de su derecho a opinar o por sus creencias políticas. No existen “dictaduras buenas”.

Mi conclusión del debate, que surgió de esta breve entrevista, es que los valores democráticos están en decadencia y hay una insurgencia de valores distorsionados que deja de lado valores como la libertad, priorizando la supervivencia y el bienestar económico, sin darse cuenta de que con ello están abandonando el principal derecho humano, que es decidir cuál camino elegir y cómo transitarlo.

Los actos humanos son libres y, como tales, comportan la responsabilidad del sujeto. El hombre quiere un determinado bien y se decide por él; por tanto, es responsable de su elección y de su comportamiento. En el mundo existe una aparente dualidad entre grupos e individualidades que ejercen la política sin ningún tipo de escrúpulo y con una fría percepción de la realidad, mientras otros la practican apegados a la moral, para “exorcizarla” de los males del poder. La elección  de tomar uno u otro de los caminos corresponde al líder en el pleno ejercicio de su libertad, sin embargo, ha quedado claro que solo se tendrá libertad en la medida que el comportamiento sea “probo y responsable”, totalmente libre de influencias perniciosas y de la corrupción.

La pregunta obligada entonces es: ¿ Quién establece la norma que es moralmente aceptable? En la filosofía de Kant, el imperativo categórico significa un mandato moral interno, incondicional; la aspiración hacia la conducta moral, inherente a la naturaleza humana por toda eternidad y que guía la actuación de los hombres.

Según las exigencias del imperativo categórico, el hombre debe proceder de manera que la norma de su conducta (es decir, el principio supremo de su impulso interno) pueda ser considerada como una ley universal. Entonces esta ley, en el sentido primario, debe ser entendida como un conjunto de normas autoimpuestas, fundamentadas en los “valores” entendidos como una característica irreal parecida al objeto ideal.

Los días que vive Venezuela en este aciago momento de su historia, son días en los que la gente clama por la libertad, y entonces vino a mi mente una frase de J.F. Kennedy, en la que nos recuerda que “es la hora de una nueva generación de liderazgo”, siento que el clamor por la libertad es tan grande y poderoso como el clamor por el nuevo liderazgo. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué la gente ha perdido la fe y la esperanza en su liderazgo? ¿Cómo los líderes dejaron que llegáramos hasta aquí?

Muchas gracias a todos por este excelente debate en el que se han respetado ampliamente las diferentes posturas, eso es un indicador de que sí queremos vivir en democracia, recuperar y respetar los verdaderos valores que han orientado la construcción de una sociedad democrática. 

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