
Benigno Alarcón Deza
Faltando 12 días para la Primaria, el Centro de Estudios Políticos de la UCAB cerró el campo de una nueva encuesta presencial a nivel nacional, realizada con el apoyo de la firma Delphos para evaluar el estado de esta iniciativa, la disposición a votar, el posicionamiento de los diferentes candidatos y las expectativas posteriores al evento electoral. Comentemos hoy sobre algunos de los resultados obtenidos.
Esta encuesta refleja una vez más que con la primaria, la oposición logró crecer nuevamente al despertar en la gente la emoción y la expectativa por lograr un cambio político a través del voto, mientras que el chavismo se encuentra en su peor momento. 84,6% de los consultados, incluyendo un 30% del chavismo (dato que llama la atención), considera que es necesario un cambio en la conducción política del país.
Con respecto a quién lidera a la oposición, la respuesta indiscutible es María Corina Machado (VENTE), con 38,7%, que para el momento del estudio era seguida, pero de lejos, por Capriles con un 3,9%.
Asimismo, al contrario de los que algunos afirman en relación a una total apatía sobre la Primaria, la disposición a votar pasó de 21,8% en noviembre de 2022 a 67% en junio 2023, y se mantiene en octubre en el mismo nivel. Aunque predecir participación es siempre un reto con altas probabilidades de error, porque la gente tiende a dar la respuesta políticamente correcta, o sea, afirmar que va a votar, una estimación más conservadora nos dice que quienes tienen una alta probabilidad de votar, aunque llueva, truene o relampaguee, han pasado de 11% en noviembre del año pasado a 19,5% en la actualidad.
Y cuando consultamos sobre la intención de voto, entre quienes manifiestan alta o medio alta probabilidad de votar, 88,8% escoge a Machado; 9,2% a Capriles (ahora retirado de la contienda); y seguían Carlos Prosperi y Delsa Solórzano, igualados con un 3,4%. Asimismo, sabemos por el estudio previo, presentado el pasado mes de julio, que si Capriles se retiraba, la mayor parte de los votos de los electores se traspasarían a María Corina Machado. Caudal que ahora se ve incrementado al sumarse a la renuncia de Capriles la de Freddy Superlano, con la diferencia de que en este caso, Voluntad Popular pasa a unir fuerzas con el partido de Machado. Estos factores dibujan un escenario en el que el resultado está cantado y donde algo distinto a los esperado de manera casi unánime por la opinión pública generaría, por decir lo menos, graves sospechas. El reto se centra ahora en convertir la intención en votos, porque el peligro de una situación como la descrita está en que los votantes, ante la certidumbre sobre los resultados, no sientan que su voto hace alguna diferencia y decidan ocupar su tiempo en tareas distintas a votar.
Adicionalmente hubo otros resultados interesantes arrojados por la encuesta. A 76,8% de los consultados no le importa el asunto de la protección de la identidad del votante; y 50,8% aseguró que votaría sin importar la ubicación de su centro de votación. Sin embargo, la encuesta además revela que si el gobierno impide la primaria, 37,8% de la población estaría dispuesta a protestar. Cifra que nuevamente debe verse de manera conservadora, pero de materializarse una protesta con tan solo un 10% de los que afirman estar dispuestos a hacer valer su derecho, el gobierno estaría ante un escenario cuyo desenlace puede ser difícil de predecir.
Ahora, lo más importante es que la Primaria –aún sin haberse realizado- ya cumplió con sus principales objetivos: activar y movilizar a un porcentaje muy importante de la oposición en torno al derecho a elegir, generar consenso en torno a un liderazgo específico como referente para el sector democrático, y elevar las expectativas de cambio.
¿Y después de la Primaria qué?
Entre todos los encuestados, 80,5% estima que el ganador de la Primaria debe convertirse en el candidato unitario y el 70% opina que a éste se le debe permitir inscribirse en la Presidencial así esté inhabilitado.
Asimismo, un tercio de la población (35,8%) estaría dispuesto a protestar si el gobierno impide la participación en las presidenciales de 2024 del ganador de la primaria. A la pregunta de qué harían en caso de presentarse algunos de estos escenarios, 42% afirmó que estaría dispuesto a “dar la pelea en la calle” para defender su esperanza de una salida pacífica no violenta; 12% estaría dispuesto a pelear y solo luego aceptaría otra opción; 32% piensa que lo mejor es nombrar a otro candidato. Vale la pena destacar que los más propensos a defender la Primaria y sus resultados están entre los sectores más pobres (D y E). Llama la atención que 23% del mismo madurismo está dispuesto a ir a la calle para apoyar un cambio político.
En relación a un escenario de creciente conflictividad, para el cual una parte importante de las condiciones están sobre la mesa, se debe señalar que durante los últimos años, sobre todo a partir del aislamiento de la población por la pandemia de COVID-19, desde marzo de 2020, el costo de mantener el poder por la fuerza se había reducido de manera significativa, por la desmovilización de la población, lo que hizo innecesaria la represión, pero esto ha venido cambiando progresivamente como consecuencia de un aumento de las protestas por servicios públicos y temas laborales, y la negativa de los cuerpos de seguridad a asumir la represión en los mismos términos del pasado, como consecuencia de todo el proceso de la Corte Penal Internacional, que obliga a “analizar y evaluar las órdenes porque quien paga es el pendejo”.
La realidad, cómo dijimos hace algunos meses, es que se está cerrando el ciclo previo del Chavismo vs la MUD, en el que el oficialismo imponía las reglas de juego, y se inicia uno diametralmente opuesto y con un mayor equilibrio entre fuerzas. El gobierno, ante la pérdida de su piso político, solo puede mantenerse por la fuerza, lo que le hace muy dependiente de los actores estatales y paraestatales que le sostienen de cara a una escalada de conflicto, pero que cada vez tienen menos razones para hacerlo. El gobierno tiene un menú de alternativas estratégicas que van desde la más deseable: divide et impera, pero que se vuelve cada vez menos factible, a un escenario que para el gobierno es cada vez menos deseable: montar una elección no competitiva al estilo de la de 2018, donde corre el riesgo de confrontación dentro del país y de que se le niegue el reconocimiento internacional.
La tolerancia del gobierno a la organización de la primaria significaría que el cálculo costo-beneficio de intervenirla es negativo, por lo que, hasta ahora, pareciera que tendremos primaria el 22 de octubre. ¿Qué hace que ese cálculo sea negativo? Pudiera ser un flujo de caja débil o el hecho de que romper la negociación en este momento tiene costos muy elevados, a lo que se suma, quizás, entre otras razones, el que el régimen haya llegado a las mismas conclusiones que nosotros sobre sus riesgos.
Si es así, la interrogante para la oposición es cómo mantener esas condiciones, e inclusive mejorarlas de cara a los comicios presidenciales, porque al final toda esta estrategia no es tan solo para cuidar la Primaria, sino para tener una elección competitiva en 2024, considerando que se trata de una elección que el gobierno sabe que no puede ganar bajo las actuales condiciones. Entonces el reto de la oposición es mover las piezas en el tablero para generar la presión y el balance necesarios entre costos de represión y tolerancia para que el gobierno acepte ir a unas elecciones que irremediablemente perderá.
La elección primaria, ya con todos los procesos organizativos en orden para realizarse el próximo 22 de octubre, se convierte en un hito que puede iniciar un nuevo escenario político. La encuesta del CEPyG UCAB ratifica que el 85% del país quiere un cambio de gobierno, que haya un nuevo liderazgo opositor que desplace a los actores tradicionales, y una ciudadanía dispuesta a defender su esperanza por un cambio político y democrático.
ENLACE A LA ENCUESTA COMENTADA EN ESTE ARTÍCULO:
Categorías:Destacado, Editorial, Opinión y análisis



















