
José G Castrillo M (*).
El arte de la guerra, como un factor inherente a la historia de la humanidad, se ha basado, fundamentalmente, en la acumulación de grandes fuerzas, el engaño y la sorpresa para destruir o derrotar parcial o totalmente al adversario.
La revolución tecnológica en materia de comunicación e información, en los últimos 20 años, ha experimentado un fuerte salto, en particular, en el sector militar. El desarrollo de DRONES (aeronaves no tripuladas equipadas con cámaras, sensores y otros dispositivos de recolección de datos), ha cambiado el paradigma de combate en el campo de batalla. Estos equipos (ojos y oídos en el cielo y espacio) han dado ventaja estratégica y táctica a la fuerza militar.
El factor sorpresa es un elemento que da ventaja sobre el desprevenido enemigo o contrincante. Los vehículos aéreos no tripulados para la recopilación de inteligencia, la observación continua del campo de batalla, la cobertura y el ataque preciso a objetivos claves, afectan el factor sorpresa, tanto de una fuerza atacante como la que defiende.
Hoy, dado esos medios (drones) en el campo de batalla, el factor sorpresa se ha perdido o reducido. No es posible ocultar al enemigo los lugares en los que se pretende realizar una operación ofensiva, ni tampoco la articulación de una defensa. Cualquier concentración de fuerzas -condición indispensable para cualquier operación militar- es rápidamente descubierta y es objeto de ataques masivos o puntuales para desarticularla, infligiéndole la mayor cantidad de daño.
En Ucrania, el uso de drones en el campo de batalla se ha intensificado exponencialmente, demostrando que son medios y recursos claves para observar en tiempo real la guerra sobre el terreno. La información captada es procesada y remitida a los sistemas de armas –artillería, cohetería misilística y drones kamikazes- para atacar y destruir las concentraciones de las fuerzas enemigas. Este país, donde se libra una guerra convencional, destaca, frente a otros conflictos, por el uso intensivo de los drones de observación, recopilación de información y de ataques.
Desde las redes sociales o por canales oficiales de los bandos confrontados podemos apreciar los videos donde las fuerzas terrestres enemigas son diezmadas por drones kamikazes, o por fuego de artillería de campaña, que obtienen la ubicación precisa, mediante los drones que vigilan en tiempo real, todos los movimientos de hombres y medios de combate en el terreno.
Recientemente apreciamos dos videos grabados desde drones de observación: el primero donde dos vehículos de combate de infantería Bradley, del ejército ucraniano, atacaban y destruían un tanque ruso T-90. En un segundo video, se observa cuando un tanque Abrams M1 ucraniano, es acosado y destruido por drones rusos. Y como estos, hay miles de videos sobre esta guerra.
Como en los videos juegos de guerra, desde el aire vemos cómo miles de hombres y equipos son destruidos por drones, mostrando prácticamente que no hay lugar para refugiarse o esconderse, en forma segura. Las fuerzas acorazadas o mecanizadas -tanques, camiones, vehículos blindados de transporte de tropas y vehículos blindados de combate de infantería- son atacadas y destruidas por drones que actúan en enjambres.
Cuando no puede lograrse el factor sorpresa en el campo de batalla, la guerra se estanca y para romper el estancamiento es necesario anular la capacidad de observación, en tiempo real, gracias a los drones, que tienen la fuerza en conflicto. Los ejércitos deben diseñar y mejorar sus sistemas antidrones (conjunto de equipos y software que permiten bloquear su funcionamiento o eliminarlo del espacio aéreo), para evitar que el adversario observe sus movimientos sobre el terreno, afectando su capacidad de sorprender al enemigo. La guerra en Ucrania es la guerra de los drones.
Los drones de observación y los kamikazes llegaron para quedarse y serán medios fundamentales para la guerra del futuro. Su uso como medios de observación en tiempo real y como municiones (bajo costo comparado con un proyectil de artillería o un misil), hace más eficiente la aplicación de los recursos militares en términos de costos financieros y de efectividad en el campo de batalla: números de efectivos y equipos destruidos del enemigo.
Las fuerzas armadas modernas deben, en consecuencia, desarrollar los sistemas de armas y equipamiento que permitan reducir la capacidad de observación, mediante drones, del adversario, para poder dejarlo a ciegas y producirle el mayor daño posible sobre el terreno.
Mientras no se desarrollen en forma intensiva estas tecnologías antidrones, es difícil que el factor sorpresa, como una condición básica en el arte de la guerra, prevalezca, haciendo en consecuencia, más costosa y gravosa la guerra para los bandos confrontados, porque se estanca. Muestra de ello es la guerra de Ucrania.
(*) Politólogo /Magister en Planificación del Desarrollo Global.
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