
Tomada de EFE/AFP/Pexels
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se muestra poco dispuesta ante el avance del proceso de adhesión de Ucrania, que se lleva a cabo días antes de la toma de posesión de Donald Trump en Estados Unidos.
La victoria del republicano ha generado que Ucrania deba resolver su situación en la OTAN puesto que Trump ha prometido presionar por un acuerdo que ponga fin a la guerra de Rusia. Por su parte, el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, asegura que la obtención de garantías de seguridad por parte de la alianza occidental y suministros de armamento son condiciones fundamentales para que Kiev plantee poner fin a su lucha.
La semana pasada, durante una reunión en Bruselas, Zelensky confirmó que esperaban «recomendaciones» por parte de los ministros de Exteriores de la alianza, para otorgar a su país una invitación de adhesión. Sin embargo, dejó claro que «no tienen ilusiones: hay algunos países escépticos».
La aprobación está sujeta a muchas posibilidades, tanto una escalada de la guerra con Rusia, como una derogación de cualquier oferta realizada por el Gobierno actual de Estados Unidos, cuando el presidente electo tome posesión.
Funcionarios estadounidenses han asegurado en privado que la administración de Joe Biden no impulsará la petición de Ucrania, ya que cualquier oferta corre el riesgo de ser retirada por Trump. «Un gesto de este tipo, un mes antes de la nueva administración, enfurecería a Trump, quien actuaría en contra de esto de inmediato», coincidió un diplomático europeo en la OTAN.



















