Opinión y análisis

La política como verdad

Guillermo Ramos Flamerich – 6 de noviembre de 2015

Uno de los oficios más criticados, parodiados y calumniados en la opinión pública es el de político. Lo usual es denigrar y sospechar de quienes afirman interesarse por los asuntos públicos. ¿Ego, negocios o simple sacrificio por un asunto que nos afecta a todos? ¿Cuál es el propósito oculto? Hay cautela, también burla. No se puede confiar de alguien que besa recién nacidos y abrazas viejitas cada vez que comienza una campaña. Como dominós que caen uno a uno, ídolos que en su momento de poder creyeron ser los garantes de la verdad, quedaron relegados a los peores recuerdos de una sociedad, muchos otros a la indiferencia colectiva. ¿Cuántos oradores acartonados han pasado por las tribunas del acontecer nacional? Algunos con mayor verbo encendido, otros con mediano éxito y están los personajes promesas que tenían todo para serlo y nunca fueron.

Del político se dice que es arribista, que solo le importa ganar una elección, el dinero fácil y la acusación más terrible: que es un mentiroso. Ese es el origen de todo. La mentira como forma sistemática de ocultar intenciones, prometer lo irrealizable y construir con la demagogia una vana ilusión. Peor aún cuando la mentira se convierte en una política de Estado, donde no solo se niega cualquier crítica, sino que lo evidente, el malestar diario no existe en las palabras y mucho menos en las acciones de quienes deben ser la solución a los problemas, no quienes los convaliden. Cable 3

Esa mentira que surge de la incapacidad o la muy meditada decisión de no querer poner en sintonía lo que se piensa, se dice y se hace. Eso en su máxima expresión es lo que sigue gobernando a Venezuela. Un país que naufraga mientras el letargo en la toma de decisiones es una risa, una burla diaria desde las cámaras de la televisión, desde una cadena llena de consignas vacías. Como si la mentira ya fuera parte esencial de esta república, donde no se guardan ni siquiera las formas al momento del descaro.

En eso radica el programa de los candidatos del partido de gobierno para la Asamblea Nacional. Si no sabemos dónde realmente estamos, ¿Cómo podemos buscar la ruta de lo que queremos ser? No lo dicen, solo  repiten la misma mentira de que somos nación potencia, justamente en el momento en que nuestras potencialidades están en su peor momento. No se asumen responsabilidades, solo se corre la arruga y se culpa al otro, a todos los otros posibles e imposibles. El sistema no da para más, toda esta mentira de discurso, tampoco.

Por eso la recomendación a todos los candidatos a diputados de la Unidad es que utilicen la campaña electoral, sus actos y discursos de manera pedagógica. No más palabras vacías y efímeras, que de tanto decir no dicen nada. Expliquen las responsabilidades y posibilidades que tiene el Poder Legislativo para transformar la realidad nacional. Nada de mentir, la gente ya no quiere engaños, quiere que los llamados líderes políticos asuman posiciones, muestren soluciones y compartan los sueños. La responsabilidad de la Unidad hoy día es usar la política como herramienta para la verdad, la cual no es la imposición de una idea única ni de un único horizonte, sino de integrar y compartir visiones para construir democracia y ciudadanía.

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