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La impronta de Trump y su polémico estilo negociador

Tomada de Euronews

Alex Fergusson 19.02.25

Venezuela –y por cierto una buena parte de América y el mundo- vive “tiempos revueltos” y aunque sabemos que el conflicto es normal en las relaciones humanas y sociales y no una situación que se puede o debe evitar, en la actualidad tanto en el ámbito personal como socio-económico y político, experimentamos el conflicto como un momento en el que algo rompió con el curso “natural” de nuestras vidas.

Como la comunicación se vuelve más difícil, encontramos cada vez más complicado expresar nuestras ideas, percepciones y sentimientos. También encontramos más difícil entender, si no se está bien informado y no se es muy reflexivo, lo que los demás hacen y dicen, y quizás desarrollamos sentimientos de inquietud, ansiedad o rechazo.

Esto, frecuentemente, llega acompañado de una cierta urgencia y frustración a medida que el conflicto avanza y sobre todo si no se vislumbra con claridad un final feliz.

Así que los conflictos y problemas presentes actúan como un ímpetu hacia el cambio, de modo que la flecha apunta no solo hacia delante, hacia el futuro, sino también hacia el presente y a la variedad de procesos de cambio que están emergiendo en el mundo.

Sin dudas, la impronta del presidente Trump es predominante, pues está haciendo todo lo que dijo que haría, aunque sus actos y el estilo agresivo para tratar los temas de su agenda, han generado confusión, incluso en los analistas políticos mejor versados en el asunto.

Quizás, un análisis de su polémica manera de enfrentar los conflictos pueda ayudarnos a comprender y reducir la angustia y las preocupaciones que nos genera. Veamos.

Toda la experiencia acumulada y la literatura especializada sobre gerencia de conflictos y negociación, nos dice que hay varios estilos probados; estos son: el competitivo, cuya actitud dominante es FORZAR la solución; el colaborador, que se centra en SOLUCIONAR problemas; el comprometido, que desea COMPARTIR; el evasivo, cuya tendencia es EVITAR los problemas; y el complaciente, cuyo propósito es SUAVIZAR el conflicto. Quizás este último es el estilo negociador que cuadra con Joe Biden y casi todos los demás presidentes norteamericanos del Partido Demócrata.

No hay ninguna duda acerca de que el talante negociador de Trump encaja en la categoría del competitivo, cuyas características principales son las siguientes, y resultan claves para comprenderlo: está decidido a lograr sus objetivos; se esfuerza y presiona para ello; procura imponer sus decisiones, aunque suele fundamentar las razones y ventajas de sus propuestas; pero no cede fácilmente. (Fergusson, Alex. 2022. “Gestión de Conflictos en la Vida y la Empresa”. Amazon).

Adicionalmente, Trump le sumó a ese perfil la táctica de presentar de antemano a sus contrapartes, las peores consecuencias de no aceptar sus propuestas.

Lo hizo con México, amenazando con subir los aranceles y con enviar fuerzas militares para combatir a los carteles de la droga; lo hizo con Panamá, expresándole su propósito de recuperar el control del Canal y sacar a los chinos de allí; también con Canadá queriendo convertirlo en el estado 51 de la Unión y subiendo los aranceles si se niega; igual con China, declarando una guerra por los aranceles, la prohibición de TikTok, y el “vaciamiento” de Taiwán, respecto a su industria microelectrónica de la cual es referencia; así mismo, amenazó a los países de Latinoamérica con serias consecuencias si se niegan a recibir a los ilegales deportados. Solo fue “suave” con Dinamarca, al expresarle su “interés” de comprar Groenlandia.

También arremetió contra la ONU y sus organismos estructurales retirando su membresía en alguno de ellos y amenazando con no pagar más; y respecto al medio oriente, ha dicho que “tomará el control de Gaza y apoyará el desplazamiento de los palestinos” y que “aniquilará a Irán” si algo le pasa.

Pero, quizás el tema más controversial será la negociación con Putin sobre la guerra en Ucrania. Al respecto, Trump comenzó expresando su voluntad de “acabar con la guerra en 24 horas”, aunque no será tan fácil. Partiendo de lo que ya se sabe, y aunque no se conocen los detalles sobre el cómo y cuándo, lo que se puede vislumbrar es que los acuerdos que se produzcan van a conducir a que Trump y Putin resulten beneficiados, y que los grandes perdedores sean la Ucrania de Zelensky y la Unión Europea.

El mismo estilo mostró con sus problemas internos: la amenaza de las deportaciones masivas y los despidos para hacer eficiente la administración, con el ejemplo de la significativa reducción del número de funcionarios de la USAID en todo el mundo. Además, arremete contra la “cultura woke”, firma una orden ejecutiva que prohíbe a los deportistas “trans” competir en eventos femeninos, y prohíbe también los discursos anticristianos.

Hasta aquí, todo parece haber funcionado de acuerdo a sus planes: México, Canadá, Panamá, Guatemala, Honduras, cedieron, y Venezuela también, aunque quizás con la promesa de dejar correr la licencia a Chevron; por su parte, El Salvador de Bukele ofreció su apoyo voluntario y entusiasta. También se activó la cárcel de Guantánamo para albergar a los líderes del “Tren de Aragua” y de otras bandas criminales. Los demás, calladitos.

Queda pendiente saber cómo va a iniciar su propuesta para “cambiar el régimen” venezolano y acabar con los de Cuba y Nicaragua, tras sus amenazas de declararlos “narcodictaduras y terroristas”; cómo actuará en la lucha contra los carteles de la droga, a las que también amenaza con incluirlos en la lista de “organizaciones criminales terroristas”.

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