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La paz en Ucrania o la antesala de un nuevo orden mundial

Alex Fergusson 10.03.25

Como es sabido, Trump inició formalmente sus conversaciones para poner fin a la confrontación entre Rusia y Ucrania, con la impronta de su estilo competitivo para negociar y tal como prometió durante su campaña.

Partiendo de lo que ya se sabe, y aunque no se conocen los detalles sobre el cómo y cuándo, es fácil prever que los acuerdos que se produzcan van a conducir a que Trump y Putin resulten beneficiados, y que los grandes perdedores sean la Ucrania de Zelensky y la Unión Europea.

Veamos: Putin aprovecharía la oportunidad de acabar, a bajo costo, con un conflicto que lo está desangrando, manteniendo al mismo tiempo los territorios ocupados, y conseguir un poco de paz y estabilidad para reconstruir la maltrecha economía rusa, a través de la reducción de las sanciones que le fueron impuestas. También podría lograr que la incorporación de Ucrania a la Unión Europea y a la OTAN, sea descartada como opción.

Trump, por su parte y como ya anunció, obtendría de retorno un poco más de lo que ha aportado allí -cerca de 500.000 millones- a través de la exclusividad de explotación de la riqueza en “tierras raras” que Ucrania posee (unos 17 metales utilizados en la fabricación de diferentes dispositivos de alta tecnología).

Adicionalmente, todos sabemos que Trump no tiene la disposición política de seguir invirtiendo grandes cantidades de dinero para la defensa de Ucrania y recordemos que más del 70% del gasto en seguridad de la OTAN lo sufraga Estados Unidos. Pero sus beneficios van más allá, le quedará, además, “el gran negocio de la reconstrucción de Ucrania”,  pues ya hay un importante fondo norteamericano creado para eso, y grandes empresas americanas que ya están vinculadas negociando una mayor participación o condiciones más favorables.

Hay que resaltar, por otra parte, que todas las acciones de Trump respecto a la guerra en Ucrania y su decisión de negociar con Putin, parecen ser la fachada de una estrategia más profunda, que apunta a posicionarse mejor frente al futuro previsible de un mundo multipolar que él percibe y el nuevo orden mundial que parece estarse conformando.

En cuanto a Ucrania, la situación no se vislumbra nada favorable, pues pese a los acuerdos a los que se llegue, seguirá siendo una nación, social, económica y materialmente casi destruida como consecuencia de la guerra, y será también un país políticamente débil, si no puede recibir la protección que significaría incorporarse a la Unión Europea y a la OTAN. También sería un Estado dependiente, por mucho tiempo, de los aportes financieros del exterior, lo cual significa una pérdida sustantiva de soberanía, y todo por un conflicto que costó tantas vidas humanas, tanto recursos y que al final es valorado como “una confrontación estéril” que provocó, además, pérdidas territoriales significativas.

Por su parte, Zelenski, tendrá que hacer grandes esfuerzos por salvar su cabeza, y ni hablar de su condición presidencial. La enemistad surgida con Trump, producto de su participación en el juicio en el cual, este fue declarado culpable, y las acusaciones de corrupción sobre funcionarios de su gobierno, se la ponen difícil. Más aún con la polémica reunión en la Casa Blanca, aunque parezca que el presidente ucraniano haya terminado bajando la cabeza.

Recordemos que el primer juicio contra Trump y en el cual resultó condenado, fue debido a la presión que Zelenski ejerció para conseguir información sobre las condiciones preferenciales que habían tenido el hijo del presidente Biden en sus tratos de petróleo y gas con Ucrania.

Finalmente, para Europa, las cosas se vienen complicando, quizás no tanto como para desbaratar la alianza, pero si para obligarla a pensar en reestructurarla bajo nuevas condiciones. Y es que la Unión Europea está viviendo, desde hace tiempo, momentos difíciles con relación a su seguridad y su capacidad de respuesta frente a posibles agresiones militares, e incluso respecto a los problemas que crean sus disímiles políticas de inmigración. Hasta ahora su seguridad ha dependido del apoyo económico-militar de Norteamérica, pero parece que ya es hora, como señalan muchas voces calificadas, de unificar más a Europa y a la OTAN creando una política migratoria y una acción militar conjunta, que ahora no existe, para fortalecer sus propios mecanismos de defensa, pero, además, para recuperar su presencia e importancia política, hoy en entredicho.

Pero eso no será fácil, pues sus países componentes siguen teniendo ejércitos y políticas independientes que de alguna manera se coordinan, sin embargo, carecen de una estructura jerárquica unificada o claramente establecida. Además, tal unificación política y militar, tendrá altos costos económicos y sociopolíticos, antes y después de ser alcanzada.

Es posible, entonces, que la paz en Ucrania sea un catalizador para que la alianza europea se consolide en términos que vayan más allá de lo económico y se extienda a lo político y lo militar. Ese será su reto en estos tiempos, y de cómo lo aborde (¿Mario Draghi mediante?) dependerá su sobrevivencia.

Si no lo hace, se incorporará a la lista de perdedores frente a Trump, pues el escenario que se vislumbra es: Estados Unidos y Rusia, ganan, y Ucrania y Europa, pierden.

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