
Tomada de ABC
Las secuelas de la elección presidencial de 2024 se reflejaron en el último evento comicial del país con una baja participación que pareciera se volverá a repetir para el proceso de escogencia de autoridades locales del 27 de julio, lo que deja el camino abierto al chavismo para perseguir un objetivo mayor de cara al 2026
Héctor Antolínez 18.06.25
Posiblemente habría que regresar a las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 para encontrar en la historia reciente de Venezuela un proceso comicial que haya cambiado tanto el panorama político del país como lo hizo la presidencial del 2024. Aquel evento marcó un antes y un después y, en el sistema venezolano en el que el acto de votar siempre ha sido tan prevalente, ahora se están empezando a sentir verdaderamente las secuelas.
El pasado 25 de mayo los venezolanos tuvieron la oportunidad de participar electoralmente para, en teoría, votar por una nueva Asamblea Nacional y nuevos gobernadores. Sin embargo, la participación total, que aún no puede ser verificada en un portal web oficial del Consejo Nacional Electoral, reflejó otra historia.
Las autoridades del Poder Electoral anunciaron una participación superior al 42%. No obstante, con un Registro Electoral de más de 21 millones de votantes, la participación de poco más de 5 millones y medio de personas (anunciada por el propio CNE), dejaría el porcentaje más bien en un 26%, es decir una significativa caída en el número de venezolanos que decidieron acudir a votar.
Más claro aún, si nos olvidamos de los porcentajes, las cifras totales anunciadas por el CNE en julio de 2024 (12.3 millones) y mayo de 2025 (5.5 millones), hablan de una diferencia de casi 7 millones de votantes.
La cifra es alarmante y, aunque se tome en cuenta el llamado a no participar por parte del sector de la oposición que comanda María Corina Machado, lo cierto es que ante los ojos de los expertos, este no sería el único factor en la disminución de votantes en la elección.
Deudas, desconfianza y opacidad en servicio de la abstención
Griselda Colina, exrectora del CNE, señaló que la última elección en el país que cumplió con las “garantías mínimas” establecidas en los estándares internacionales para ser considerada justa, transparente y competitiva, fue justamente la del 28 de julio de 2024. Desde entonces, a juicio de la experta, el CNE ha pasado a quedar en deuda con una serie de acciones y procesos que siembran duda sobre la transparencia de las elecciones.
El escenario que Colina describió al momento de referirse a la elección del 25 de mayo fue de “opacidad”, destacando que elementos básicos como “la publicación oficial de la convocatoria a elecciones y la ausencia de resultados verificables publicados en un portal web”, generaron un clima de desconfianza en el votante.
Ella destacó que, contrario con lo que la mayoría de las personas pudieran suponer, unas elecciones no se limitan al simple hecho de votar y contar los votos, sino que se trata de una serie de procesos antes y después de estos actos que son los que en teoría deben dar la seguridad a los votantes de que los votos reflejarán la voluntad popular.
“Una de las garantías que tenemos que mencionar es la del Registro Electoral. En Venezuela existe una brecha denunciada por organizaciones, entre el número de ciudadanos en edad para votar y aquellos que están inscritos para hacerlo, aun estando en el país. Hay jóvenes que no han podido inscribirse porque el CNE no ha realizado los operativos de inscripción y actualización de datos. La actualización, por ejemplo, es importante porque hay gente que se ha mudado a otras ciudades por diversos temas. Hemos visto cómo se pasó de tener 2 meses y 2mil puntos para realizar estos trámites a que para el proceso del 25 de mayo no hubiera ni un día de operativo. Esto, junto con la ausencia de una campaña institucional, afecta la participación”, describió Colina.
Esta no sería la única “garantía” que no se cumplió para el proceso del 25M. La exrectora también destacó la falta de respeto al concepto de pluralismo político en el país y señaló que no solo “pudimos ver casos de partidos que manifestaron su deseo de participar como el MPD y que fueron bloqueados”, sino que inclusive existió una opacidad en aquellos que sí pudieron participar y que manifestaban su oposición al gobierno de Nicolás Maduro.
“Una garantía importante que no se tuvo fue la del pluralismo político, se necesita saber quiénes participan en la elección y dónde están postulando. Vimos por ejemplo a un Andrés Caleca diciendo que quería participar y simplemente no se le permitió. Pero eso no fue todo, vimos cómo se permitió la participación de algunos partidos que fueron habilitados de forma exprés y sin que cumplieran con los requisitos. Sobre esto, ni los partidos ni el propio Poder Electoral llegaron nunca a decir nada”.
Otra carencia de la elección del 25M fue la expresión de los resultados, ya que para el momento en la que se llevaron a cabo, se estaba casi a un año de la elección presidencial del 2024, una cantidad de tiempo tan larga que no justifica que, para la fecha (algo que aún se mantiene), todavía no se tengan resultados publicados de forma disgregada sobre la contienda entre Nicolás Maduro y Edmundo González.
“Estamos a casi un año de la elección presidencial y todavía el órgano electoral no tiene un sitio web para publicar y verificar los resultados. Pero eso no es todo, algo tan delicado como un sitio donde la ciudadanía pueda revisar dónde le toca votar, tampoco existe. Son dos grandes deudas pendientes”, dijo Colina.
Estas “deudas” y el “secretismo” que se registraron previo al proceso del 25 de mayo, tuvieron un impacto negativo en la participación de los venezolanos, quienes, hasta cierto punto, pudieran empezar a estar manifestando su desconfianza por el sistema electoral venezolano.
“En Venezuela a lo largo del proceso electoral hay acciones en las que la ciudadanía puede participar y tiene que hacerlo porque el proceso debe ser de los ciudadanos, y eso no está pasando. No solo la gente no fue a votar, sino que además no participó. La gente debe participar en todos estos niveles del proceso. Por ejemplo, el CNE debe hacer un sorteo para el servicio electoral, nada de eso pasó, nada de eso sucedió. Entonces uno se pregunta ¿se promueve la participación o se quiere que la gente vote con qué intenciones?, expresó Colina.
La ruta del chavismo para las próximas elecciones y más allá
Existe la posibilidad de que con una ausencia de confianza en el sistema electoral venezolano, los próximos eventos comiciales vayan a tener una participación aún menor, esto podría dejar al chavismo a las puertas de una nueva “victoria”, y por ende abrir las puertas para un objetivo aún mayor en el futuro.
El politólogo Enderson Sequera señaló que una menor participación de votantes en las elecciones del 27 de julio de este año, en la que se escogerían los alcaldes, es de hecho no una posibilidad sino una certeza.
“Sin duda, para la elección del 27J se espera una participación aún menor, y se debe a las mismas razones. Un evento electoral se va superponiendo a otro, si un sector considera que hubo dudas con los resultados anunciados en una elección como la del 28 de julio de 2024, y que luego en la del 25 de mayo de 2025 se anunciaron otros que no se corresponden con la baja participación que se vio ese día, al final eso lo que hace es reafirmar que el voto perdió todo el sentido y que si no tuvo sentido votar por un gobernador, pues aún menos lo tiene votar por un alcalde. Por ese motivo no me sorprendería que la participación de las próximas elecciones fuera más baja”, comentó.
A juicio del politólogo la estrategia de la abstención que fue promovida por un sector de la oposición, en realidad no es algo que sea determinante en el panorama político actual, porque a pesar de que los bajos índices de participación parecen debilitar al Gobierno, en realidad por sí solos, no lograrían el objetivo de una transición en Venezuela.
“La abstención por sí misma no debilita al Gobierno ni la participación en sí misma lo fortalece. Lo que realmente pudiera debilitar al Gobierno es si la abstención fuese complementada con otros elementos como movilización ciudadana o presión internacional. El votar como sea o abstenerse como sea, en sí mismo no logra mucho. Hay que evaluar proceso por proceso y aplicar una estrategia complementaria que acompañe la decisión”, señaló.
Dicho esto, independientemente de la cifra final de votantes que participen en una elección, lo cierto es que todo apunta a un nuevo “triunfo” del chavismo para el 27 de julio, algo que lo dejaría con autoridades renovadas y con el camino libre para buscar un objetivo superior: una nueva Constitución para el país.
“Lo que veo es que luego de las elecciones del 27 de julio el chavismo quizás pasará a otro proceso electoral menor pero todo de cara a su gran objetivo que parece ser la reforma constitucional en el 2026, donde básicamente buscarían legalizar de jure su avance hacia el totalitarismo. Creo que el chavismo siente que el sistema que tiene actualmente ya no les permite avanzar, por eso seguramente virarán o buscarán crear en letra un sistema más parecido al de Nicaragua o Cuba. El objetivo es avanzar a un sistema donde partido, gobierno y Estado se mezclen”, concluyó Sequera.
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