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La voz de los votantes se apaga un año después del 28 de julio

Tomada de El País

Los hechos parecen indicar que el voto no basta para lograr un cambio político en Venezuela, y que se necesitaría más diálogo y negociación. El país “perdió una gran oportunidad de cambio que hubiese significado la presidencia de Edmundo González Urrutia”, opina el exdiputado José Guerra

Vanessa Davies 22.07.25

Comenzó la cuenta regresiva para el primer aniversario del 28 de julio. Un año después de las elecciones presidenciales, en el Palacio de Miraflores se mantiene el mandatario Nicolás Maduro, María Corina Machado es una voz que se escucha solo desde las redes sociales, Edmundo González continúa radicado en España en condición de asilado y el país se desplaza como un herido de guerra que sabe que no puede detenerse.

Machado sigue reivindicando la victoria de González Urrutia, pero no ha podido “cobrarla”, en el mejor sentido de la política. Recientemente, a propósito de la fecha patria del 5 de Julio, la lideresa instó al sector militar a cumplir con lo que ella considera que es su deber: hacer valer la voluntad popular que, de acuerdo con la Plataforma Unitaria, se expresó el 28 de julio de 2024. Esto generó, por parte del sector oficial, el reiterado discurso sobre la lealtad y la unidad militar, así como nuevas críticas a Machado. Es decir: un nuevo episodio de advertencias y descalificaciones.

Una historia por reconstruir

Hace un año el ambiente electoral era tenso pero festivo, y cada bloque político se aprestaba para una contienda que lucía definitiva. Encuestadoras como Delphos, del profesor universitario Félix Seijas, estimaban que González Urrutia ganaría con 59,1 %, y que Maduro perdería con 24,6 %. La estructura electoral de Vente Venezuela, los comandos o comanditos, aceitaba su maquinaria para movilizar el voto y tener las evidencias (actas) de la voluntad popular. El oficialismo hacía lo mismo con sus estructuras de base.  

Y llegó el día D. Pocos minutos después de la medianoche del 29 de julio, el presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Elvis Amoroso, denunció que el sistema de transmisión presuntamente fue objeto de una agresión que retardó la difusión de los datos; pero sin presentar cifras desagregadas por candidaturas que certificaran la supuesta tendencia irreversible del resultado, dio a Maduro como ganador del proceso con 51,20 % y atribuyó a González Urrutia 44,2 %

Comenzaron las protestas. Del 29 al 31 de julio, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social reportó 926 manifestaciones. Principalmente se registraron en zonas populares, y fueron criminalizadas por las autoridades y justificadas por la vocería opositora. Un informe especial de Provea refiere que entre 24 y 26 personas perdieron la vida en el contexto de estas movilizaciones y más de 2 mil fueron detenidas.

«Que no se haya podido demostrar” el triunfo “por parte de quienes dicen haber ganado las elecciones, sembró muchas dudas», remarca Myriam Do Nascimento, secretaria de organización de Acción Democrática. La dirigente certifica que «hay un gran descontento».

Las actas se convirtieron en una disputa mucho más que simbólica. La oposición logró recoger las que aportaron miles de voluntarios que se desempeñaron como testigos en las mesas de votación, y de acuerdo con las cuales triunfaba González Urrutia. Las autoridades ordenaron llevarlas al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Do Nascimento recuerda que AD fue convocada al máximo tribunal: «Nosotros fuimos, y consignamos. Es que no había razón para no hacerlo». Cabe destacar que los adecos tenían un candidato propio, Luis Eduardo Martínez, que perdió las elecciones.

– ¿Qué decían esas actas?

-En unas ganaba aquella oposición. Había de ambas tendencias.

Hablar sobre este tema todavía genera caras largas, miradas indescifrables, ceños fruncidos. “Un año después del 28 de julio, para mí, perdió el país por largo, y perdió porque no tiene estabilidad política. Es un gobierno que tiene el poder, muy autoritario; que perdió las elecciones y decidió dar un manotazo: sin presentar actas ni resultados visibles, se hizo de la presidencia”, enumera el dirigente opositor y exparlamentario José Guerra.

En otras palabras, “Maduro está en el poder a pesar de la ilegitimidad de origen, y la oposición sigue siendo oposición, no cristalizó el triunfo”, expone Guerra en entrevista para Polítika UCAB. El gobierno se convirtió, según su análisis, en una autocracia más profunda, mientras la oposición está “sin un norte, sin un guía, y la mejor prueba de ello es que no pudo defender los resultados del 28 de julio, y luego, se fracturó, se dividió” por las elecciones regionales y legislativas del pasado 25 de mayo.

En el contexto electoral presidencial de 2024, analiza Guerra, “con los resultados esperables que daban las encuestas”, se necesitaba más para avanzar hacia una transición: “faltó interlocución con el gobierno, haber tendido puentes de oro”.

¿Basta con el voto?

Si algo parece haber quedado demostrado, después del evento electoral y de sus consecuencias, es que no basta con el voto ni con la voluntad de cambio para “voltear la tortilla” en Venezuela. Por lo pronto, la institucionalidad electoral tiene mucho por fortalecer, y eso forma parte del diálogo político que hay que rescatar en el país, como lo ha señalado públicamente el analista Jesús González.

“El voto, por sí solo, es una gran vía de negociación en los países en conflicto, porque cuando no te puedes poner de acuerdo, es un instrumento. Pero para que ese voto tenga credibilidad necesita un trabajo decidido de toda la sociedad a fin de fortalecer la institucionalidad, y ese es uno de los grandes retos que tiene Venezuela en este momento”, indicó González.

La sociedad, opina Do Nascimento, «cayó en un letargo y todavía hay muchísima gente que piensa que la solución es no participar, pero yo no me veo no participando en un proceso electoral».

La oposición, por lo pronto, se divide al menos en un factor que sigue promoviendo la abstención, y otro factor que ha decidido participar electoralmente, aunque sin obtener los resultados que espera, refiere José Guerra. Un año después, el político sostiene que el país “perdió una gran oportunidad de cambio que hubiese significado la presidencia de Edmundo González Urrutia”.

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