
Tomada: Nuestra América
Alex Fergusson
Como señalamos en un artículo anterior en este portal, la lucha contra la barbarie y la criminalidad en el mundo es un desafío complejo que requiere una combinación de estrategias que aborden no solo sus manifestaciones o síntomas, sino, particularmente las causas fundamentales que las generan. Aquí haremos un intento de presentar las líneas de acción más relevantes para poder enfrentarlas.
En primer lugar, deben estar las acciones que permitan: la reducción de la pobreza y la desigualdad que impera, pues el afán por el dinero y la desesperación económica, así como la falta de oportunidades para la mayoría, son a menudo caldos de cultivo para la criminalidad y la radicalización.
Transformar e invertir en educación de calidad y en el acceso a habilidades laborales pueden empoderar a las personas, reducir la vulnerabilidad a la delincuencia, y fomentar una sociedad más justa y pacífica, así como ofrecer alternativas a la violencia; la inclusión social, para combatir la discriminación y la indefensión de grupos vulnerables (la mujer, los ancianos y los niños, los LGB+, etc.), puede prevenir que se conviertan en blanco de reclutamiento por parte de grupos criminales o extremistas; y finalmente, la salud mental, que permitabrindar apoyo psicológico para prevenir comportamientos violentos y antisociales, y la tendencia a las adicciones en la familia y la sociedad.
En segundo lugar, el fortalecimiento del Estado de derecho y las instituciones, a través de la creación de sistemas judiciales robustos, pues es fundamental contar con sistemas de justicia transparentes, eficientes e imparciales que garanticen la aplicación de la ley y castiguen los delitos sin la interferencia de las ideologías y de las élites económicas o sus socios políticos. Esto incluye la modernización de los códigos legales, la capacitación de jueces y fiscales, y la lucha contra la corrupción dentro del propio sistema; la constitución de fuerzas de seguridad profesionales, ya que las policías y las fuerzas militares y de seguridad deben ser capacitadas en el respeto a los derechos humanos, equipadas adecuadamente y sometidas a mecanismos de rendición de cuentas, con su trabajo enfocado en la prevención del delito, la inteligencia criminal y la investigación científica; y luego, la cooperación internacional, pues muchos crímenes, como el terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de personas y el contrabando, son transnacionales, y esto requiere la colaboración entre países para compartir información, coordinar operaciones y extraditar delincuentes.
En tercer lugar, la prevención y sensibilización que involucren: programas comunitarios de prevención del delito dirigidos a jóvenes, familias y líderes locales para disuadir la participación en actividades delictivas. Esto puede incluir actividades de orientación que fomenten una cultura para la paz, el respeto y la tolerancia desde edades tempranas, tanto en el hogar como en las escuelas, pues eso es crucial para construir sociedades más resistentes a la barbarie, así como actividades deportivas, culturales y educativas.
Aquí habría que destacar el papel de los medios de comunicación, particularmente las redes sociales,pues ellos tienen el rol importante de informar de manera responsable sobre la criminalidad, evitando la glorificación de la violencia y promoviendo mensajes de convivencia pacífica.
Una cuarta línea de acción es inculcar y fortalecer en la sociedad el respeto a los Derechos Humanos, pues sus violaciones, particularmente cuando provienen de los gobiernos y sus instituciones, solo alimentan el resentimiento y exacerban la violencia.
También hay que abordar el problema de la rehabilitación y reinserción, pues los sistemas penitenciarios deben enfocarse no solo en el castigo, sino principalmente en la rehabilitación de los delincuentes, ofreciendo programas educativos y de capacitación para su eventual reinserción en la sociedad.
Un quinto elemento es la adaptación a nuevas amenazas como la ciberseguridad, ya que la criminalidad ha incorporado la internet y las redes sociales como espacios para el delito como el acoso (bullying) y la estafa, por lo cual es vital capacitar a las fuerzas del orden en delitos cibernéticos y fortalecer la cooperación internacional para combatir este tipo de crímenes. Al mismo tiempo, habría que promover un desarrollo tecnológico responsable y bajo control social, pues a medida que avanza la tecnología, en particular la llamada Inteligencia Artificial (IA), es importante asegurar que no sea utilizada para fines perjudiciales y que existan marcos legales para regular su uso.
Finalmente, la educación en el hogar, en la escuela y en las propias comunidades, debe promover la espiritualidad, más allá de la práctica religiosa formal, lo cual supone la consolidación de un marco de principios morales y de valores éticos, códigos de conducta que promueven la empatía, la honestidad, la justicia y el respeto por la naturaleza, así como un propósito trascendente, un sentido de conexión con algo más grande que uno mismo que fortalezca la capacidad de discernir entre el bien y el mal y permita el logro de la maestría personal.
Citando a Edgar Morin, en una entrevista reciente: “Hay que plantar cara a la barbarie del mundo, y cada resistencia es una pequeña isla donde preservamos los valores esenciales de nuestras vidas, además de un posible punto de partida hacia un nuevo futuro”.
Así pues, la carencia de una actitud de resistencia y de una filosofía de vida que reconozca la unidad entre mente, cuerpo y espíritu, y exponga la verdadera naturaleza de la vida y sus funciones, nos está impidiendo regresar a los principios tales como: la justicia social moralmente fundada, la prevención, la indivisibilidad de la vida y su entorno, la tolerancia, la sustentabilidad y, sobre todo, el respeto irrestricto a los derechos humanos y a la dignidad de la vida.
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