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Trump y la estrategia del garrote

Tomada de Baja News

José G. Castrillo M (*) 30.01.26

El poder lo podemos entender como la capacidad que tiene una persona, un actor político u organización para influir, controlar o modelar el comportamiento de otros, así como para imponer sus decisiones e intereses.  Para ello apela a tres medios fundamentales: coaccionar con amenazas, incentivar con recompensas y atraer o persuadir. La fuerza/coerción, los incentivos materiales o simbólicos y la persuasión representan las principales formas a través de las cuales se ejerce el poder en la vida política, económica y social.

La fuerza o coerción (el garrote): es el uso del poder duro (militar) o la amenaza de imponer un castigo o una sanción para que la voluntad del actor se cumpla. Se basa en la amenaza o aplicación del castigo. Ejemplo, intervenciones militares, sanciones económicas, represión o coerción estatal.

Los incentivos o recompensas (zanahorias): se basa en el uso de premios o beneficios materiales o simbólicos para inducir a otros a actuar de una determinada manera. Ejemplo, ayuda económica, tratados favorables, subsidios o privilegios.

El sermón (la persuasión o ideología): se ejerce a través de las ideas, la comunicación y la legitimidad moral o cultural. Busca convencer en lugar de obligar. Ejemplo, el programa y relato político, la ideología, la diplomacia pública o propaganda, el liderazgo ético.

En el mundo político, estos tres instrumentos son cotidianos en el ejercicio del poder, y cuando se usan en forma dosificada y equilibrada, se denomina poder inteligente: la combinación dinámica de la coacción, los incentivos (medios del poder duro) con la persuasión (poder blando). Un actor que use solo uno de ellos, probablemente no logrará todos sus objetivos y metas al ejercer el poder.

El presidente Donald Trump, fiel a su estilo, en su segundo mandato, ha intensificado la estrategia del garrote (poder duro) como su principal baza en el ejercicio del poder político, tanto a nivel nacional como internacional.

A nivel interno, en materia de política migratoria y de las relaciones políticas con los niveles de gobiernos subnacionales (Estados y condados), ha apelado al garrote, en forma intensiva.

En la gestión del asunto de la inmigración, tiene como su baza principal para enfrentarla, la persecución indiscriminada, usando de forma desproporcionada el poder duro o fuerza bruta de la ICE (policía migratoria), minimizando cualquier otro medio no compulsivo para enfrentar el problema, en forma integral.  Apelando a redadas indiscriminadas y sin criterios objetivos para actuar contra las personas cuya condición migratoria es irregular, vemos cómo funcionarios enmascarados detienen a hombres, mujeres y jóvenes en las calles, centros comerciales y hasta en los tribunales de inmigración, luego de salir de la audiencia.

Estas acciones, en un primer momento, aplaudidas por parte de la sociedad estadounidense, hoy son rechazadas. En tal sentido, millones de ciudadanos han salido a protestar contra esa política de razzia policial, de carácter fascista que lleva a cabo la administración trumpiana (Minnesota en llamas).

Respecto a la política federal -las relaciones con los otros niveles de gobierno-, Trump ha movilizado a las Fuerzas Armadas (Guardia Nacional) para desplegarlas, en los estados y ciudades gobernadas por el partido demócrata, alegando “graves problemas de inseguridad.” Este despliegue es más de carácter político que policial, y lo ha usado para enviar un mensaje a su base política: que es un líder fuerte, que usará todo su poder contra sus adversarios políticos (los demócratas).

El despliegue de la Guardia Nacional no debe evaluarse únicamente como una respuesta puntual a episodios de inseguridad, sino como parte de una acción política que privilegia la polarización, la fuerza y la confrontación institucional como mecanismos para sostener el poder.

Según James MacGregor Burns, un estudioso del liderazgo, quienes recurren a la coerción o a la amenaza constante no son líderes, sino individuos que simplemente se limitan a ejercer su poder. Trump, con su visión simplista sobre la política y el poder, está llevando a la sociedad estadounidense a un nivel de estrés social que ahondará la fractura y la polarización, con graves consecuencias para la gobernanza.

Al apelar a la fuerza -la política migratoria y la militarización de los estados gobernados por el partido demócrata-, está socavando su propio capital político, porque no está sumando apoyos, sino todo lo contrario. De allí que la política del garrote, por sí sola, no da resultados favorables sino se alterna con las zanahorias y sermones.

(*) Politólogo / Magíster en Planificación del Desarrollo Global.

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