Destacado

¿Hacia un orden global con las reglas de un solo actor?

José G. Castrillo M. (*) 24.03.26

La humanidad vive un momento político, económico, social, tecnológico y militar claramente desbocado, caracterizado por la aceleración de eventos y por tendencias convergentes y divergentes que han provocado la ruptura del punto de equilibrio —ya de por sí inestable— del orden global dominante.

Uno de los elementos más preocupantes del deterioro del sistema internacional basado en reglas es la creciente incoherencia de los grandes actores geopolíticos. Las potencias han demostrado que están dispuestas a reinterpretar o ignorar normas cuando estas limitan su margen de maniobra, mediante intervenciones militares sin aval multilateral, incumplimientos de acuerdos internacionales, uso instrumental de sanciones y presiones económicas, o la manipulación de instituciones globales para obtener ventajas estratégicas.

La inquietud central es si el sistema internacional basado en reglas puede sobrevivir a esta fase de erosión. La respuesta, por ahora, es incierta. Lo que sí parece claro es que reconstruir la confianza será mucho más difícil que destruirla. Las potencias deberán decidir si prefieren un mundo donde las reglas se aplican selectivamente —y por tanto pierden legitimidad— o un mundo donde las reglas vuelven a ser un marco común que limite la arbitrariedad.

El riesgo de no actuar es evidente: un orden internacional más fragmentado, más volátil y menos capaz de responder a crisis globales. En otras palabras, un mundo donde todos pierden, incluso quienes creen que pueden ganar ignorando las reglas.

Con el retorno de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la inquietud se ha profundizado, pues ha actuado como un agente disruptivo que se ha propuesto destruir lo que queda —aunque sea parcialmente— del orden global basado en reglas.

Su política exterior, planteada en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre de 2025, indica claramente que Washington actuará principalmente en función de sus intereses nacionales prácticos, sin considerar los intereses de otras naciones.

“América Primero” es una declaración contra la cooperación y el esfuerzo colectivo necesarios para enfrentar los problemas, riesgos y amenazas que se ciernen sobre la humanidad como comunidad imaginada, interconectada e interdependiente.

Actuando como un lobo solitario, los Estados Unidos bajo la administración Trump verán socavar una de sus principales bazas de poder como potencia global: la cooperación con sus aliados, a quienes viene tratando como si fueran adversarios.

Por poderosa que sea una nación, requiere aliados que cooperen con la consecución de intereses comunes o convergentes, buscando un equilibrio entre los intereses estratégicos y tácticos. Esta cooperación debe ser respetuosa de los intereses, demandas y necesidades de los aliados. Si la cooperación se sustenta solo en el garrote, no es cooperación, sino imposición. En tal sentido, tarde o temprano los aliados abandonarán a quien los trate así, buscando otros actores que los respeten.

La interdependencia y la conectividad global —económica, industrial y tecnológica— jugarán en contra de la idea de crear zonas o esferas de influencia al estilo de la Guerra Fría, como sugiere el corolario trumpista de una doctrina Monroe revivida. Sabemos que los grandes hacen lo que quieren y los pequeños resisten lo que pueden, pero esta lógica, en términos estratégicos, terminará jugando en contra de los intereses estadounidenses a largo plazo.

Robert Kagan, politólogo, señaló recientemente que “Trump ha logrado en tan solo un año destruir el orden estadounidense anterior y ha debilitado la capacidad de Estados Unidos para proteger sus intereses en el mundo del futuro”.

Los aliados históricos —europeos y asiáticos— están tomando nota de todas las ejecutorias del trumpismo y elaborando sus propios análisis y escenarios para enfrentar a esta fuerza disruptiva global. Buscarán otros horizontes y actores que les brinden certezas, seguridad y confianza mediante reglas generales y compartidas. Cada cual, con sus medios y recursos, procurará un lugar en este orden que se está fraguando, para que sus intereses nacionales sean considerados y puedan alinearse con los intereses comunes y globales que no tienen fronteras.

En el desbocado y caótico orden global que aún no termina de delinearse claramente, y donde un solo actor intenta imponer sus intereses sobre el resto del mundo, solo se profundizarán los conflictos y los realineamientos estratégicos entre las grandes y medianas potencias.

(*) Politólogo / Magíster en Planificación del Desarrollo Global.

Deja un comentario