Opinión y análisis

La abstención y el 6D

Testigo portada

Luis Salamanca – 23 de noviembre de 2015

No existe un método infalible para calcular la abstención en una elección. El histórico de participación permite tener una idea de lo que puede ocurrir en la siguiente contienda, pues, el comportamiento electoral suele darse de una manera normal, repetitiva, cuando no hay probabilidad de volatilidad electoral. Sin embargo, las elecciones del 6D anuncian un posible giro de los electores, por lo que cabe esperar una importante volatilidad del voto: muchos electores del oficialismo se desplazarán hacia otros partidos y alternativas y en distintas direcciones. Unos irán a la oposición MUD, otros se refugiarán en las disidencias chavistas y opositoras y los más se abstendrán.

Estamos a las puertas de un gran viraje electoral, tal como se produjo en 1998. Ese año vimos la ruptura del vínculo partidista con el triunfo de Chávez; el 6D parece apuntar a la ruptura del vínculo personalista que ha sostenido al voto en las primeras dos décadas del siglo XXI, con un probable triunfo opositor.

De todas las elecciones que hemos tenido hasta este año, ha habido dos que mostraron claramente el efecto de la abstención sobre el resultado final de la elección: las parlamentarias de 2005 cuando la oposición se retiró y sus electores se abstuvieron ganando el chavismo toda la Asamblea Nacional; y la del Referendo de la Reforma Constitucional de 2007 que perdió el oficialismo por la abstención de sus seguidores. En ambos casos la razón de la abstención fue política aunque fueron distintas las motivaciones: en la primera, por los temores generados por la introducción de las captahuellas en 2004 y todos los problemas generados con su manejo; en la segunda, los electores chavistas decidieron no acompañar a su líder en el proyecto de reforma masiva del sistema político y económico que Chávez proponía.Testigo 3

La abstención histórica en elecciones parlamentarias en Venezuela ha sido alta desde las primeras elecciones parlamentarias separadas de las presidenciales, realizadas el 8 de noviembre de 1998, conjuntamente con las de Gobernadores. La abstención fue de 45.6%. En 2000, si bien estaban separadas constitucionalmente, se realizaron conjuntamente con las de Presidente de la República y de Gobernadores y la abstención fue de 43.69%. En 2005 la abstención llegó a 74.38%. En 2010, alcanzó a 33.52%.

Tabla. Elecciones parlamentarias. Abstención %

1998 45.6
2000 43.69
2005 74.38%
2010 33.52%
2015    ¿?

A partir de la baja de 2010, cabe esperar que siga en torno a esa cifra o baje un poco más. Mi criterio es que dado el carácter urgente que tiene esta cita, en la que hay algo demasiado importante que decidir (como es salir de esto), el 6D debe atraer más electores que en 2010, lo que podría redundar en la disminución de la abstención por debajo del 30%.

La evaluación de la abstención probable el 6D es posible a partir de los estudios de opinión, los cuales sirven para muchas otras cosas, distintas del pronóstico de la intención de voto. En este sentido, sólo las encuestas permiten aproximarse con un grado variable de seguridad al porcentaje de ciudadanos que podrían no asistir a la cita comicial. En particular es importante la información que se obtiene con las encuestas circuitales.

Testigo 2

Al día de hoy, se puede afirmar que el 70% de los electores ya decidió su voto, quedando un 30% formado por quien no iría a votar, no sabe por quién votaría, o no contesta por quien va a sufragar. Sin embargo, al consultársele sobre su disposición a asistir a las urnas el 6D, más del 90% en diversas circunscripciones está dispuesta a votar. Esto hace prever una asistencia mayor a la de 2010 y una menor abstención.

Acerca de quien se verá más afectado, los estudios circuitales muestran que quienes tienen más disposición a ir a votar son los electores opositores y los electores oficialistas están entre quienes más dudan en hacer acto de presencia. Esto es bastante notable en circunscripciones históricamente chavistas cuyos electores están bastante problematizados con su conducta electoral. Muchos no se sienten maduristas pero tampoco “mudistas” (partidarios de la MUD) lo que los lleva a ver otras opciones pero, si no las perciben, tenderán a la abstención. El chavista es un elector en una situación difícil; está cruzado por sentimientos encontrados entre el recuerdo de Chávez y la cruda realidad madurista en la que vive.

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