Opinión y análisis

¿Fiesta democrática?

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Gustavo L. Moreno Valery – 27 de noviembre de 2015

La violencia es el camino opuesto a la democracia. Presenciar una campaña intensa, breve y llena de violencia es un indicador del nivel de deterioro de las instituciones del Estado, pues “…una de las funciones principales del Estado democrático es el diseño de mecanismos institucionales que prevengan las escaladas del conflicto y que garanticen las condiciones adecuadas para la resolución pacífica de las diferencias…”[1]. Sin embargo, cuando una sociedad tiene más de 15 años con un discurso de guerra, cuando un presidente llama a “ganar como sea”, cuando amenaza con irse a la calle si pierden, cuando ordena “radicalizar” la revolución, entonces queda claro que desde el gobierno se ha hecho del Estado un gran campo de guerra.

Así las cosas, las elecciones no son un camino pacífico de resolución de diferencias y toma de decisiones, sino una estrategia militar para doblegar al contrario y aplastarlo. En pocos días hemos visto cómo en varias actividades de la campaña opositora se han sucedido hechos de violencia: amenazas, disparos, amedrentamientos, y ayer, el lamentable hecho del asesinato del dirigente adeco del estado Guárico Luis Manuel Díaz. Este asesinato representa una doble tragedia: la personal y familiar que es injustificable bajo cualquier escenario; y la democrática, la institucional en manos de quienes levantan el discurso del humanismo, de aquellos que pretenden salvar al mundo del horror del capitalismo y deshumanización.

Hace un par de días entrevistaban en un programa de radio a la rectora del CNE Tania D’ Amelio y decía que una campaña electoral es una fiesta para “divertirnos”, para pasarla bien, una fiesta de “alegría”. Yo escuchaba atónito mientras me preguntaba ¿en qué país vive esta señora?, ¿será el mismo en donde a punta de pistola atacan marchas?, ¿en donde ayer asesinaron a un líder de la oposición en pleno acto de campaña?, ¿será el mismo país que sufrimos cada día, en donde desde la comida hasta la justicia es un caos?. Hablar de una campaña tan comprometida como esta como una “fiesta” es desconocer la profunda crisis de legitimidad, de democracia en la que vivimos. Es cerrar los oídos a una sociedad que sufre la más profunda orfandad: la de un Estado secuestrado por un gobierno, la de una sociedad que prácticamente no tiene quien ponga reglas claras y democráticas para buscar la felicidad individual y colectiva.

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Rectora D´Amelio, esta campaña no es una fiesta, porque en el país no estamos para fiestas. Esta campaña es una quimioterapia, para tratar de vencer al cáncer institucional que se ha apoderado del Estado y de la sociedad, que compromete todos sus órganos, su vida misma, la de cada ciudadano que muere todos los días sin sentido, como Luis Manuel Díaz murió ayer.

Cuando exista nuevamente equilibrio de poderes, cuando no se persiga al que piensa diferente, cuando instituciones no partidistas puedan generar campañas institucionales invitando a votar, recordando que el voto es secreto (porque si no lo fuera no pedirían a algunos empleados públicos que le tomaran foto a las papeletas) sin que se les abra un proceso administrativo, cuando la estabilidad laboral, la seguridad económica y el acceso a los derechos no sea usado para obligar a votar por el partido de gobierno, jugando de la manera más vil con las necesidades y esperanzas de la gente que más necesita; cuando no maten a la gente en plena campaña, en fin, cuando una campaña electoral sea un espacio de debate de ideas, entonces, podremos pensar que será una fiesta.

Por nuestra parte, aquellos que en esta lucha estamos del lado de la institucionalidad y no de la barbarie, nos resistimos a pensar que la violencia es el camino para solucionar los conflictos que nos aquejan, que la única forma de fortalecer las instituciones del Estado y reconstruir el país es asumiendo posiciones profundamente institucionales. Por eso hay que votar, sabiendo que el voto es secreto, que nada obliga a fotografiar el voto para cuidar un cargo, porque sin país y con la inflación a la que nos han llevado no hay cargo ni sueldo que valga para vivir… o lo apostamos todo por el cambio, o al final el “no cambio” se tragará todo.

[1] Benigno Alarcón (2009), Comprendiendo cómo funciona el conflicto y la negociación como método para su resolución. UCAB y CeFormaLider. Caracas.

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