Editorial

El terror, en otro septiembre

@ElviaGomezR

Uno de los jóvenes heridos durante las jornadas de protestas Foto: Reuters.

Editorial N°168:

El terror, en otro septiembre

Elvia Gómez

Venezuela rezuma drama. El territorio nacional se ha convertido en un crisol donde se funden angustia y sufrimiento. Un asomo lo presentan a diario los titulares de prensa que ya (casi) no reflejan nada de un país con una vida normal; solamente hablan de muerte, carencia, huida, injusticia y persecución.

La profundidad del colapso nacional fue descrita esta semana con rotundidad por un extranjero: “La democracia está apenas viva, si es que sigue viva”. La afirmación del Alto Comisionado de la Organización de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, no es la opinión de cualquiera, sino la de un ojo experto. En rueda de prensa, expuso al mundo la situación vivida por los venezolanos recientemente. “Violaciones y abusos de los derechos humanos en el contexto de las protestas en la República Bolivariana de Venezuela del 1 de abril al 31 de julio de 2017”, es un informe que en 47 páginas compendia la abyección.

El informe de la ONU tomó las cifras aportadas por el Ministerio Público antes de la defenestración de Luisa Ortega Díaz y de ONG locales, a las que se les encargó la tarea ante la negativa del Gobierno de permitir la visita de una comisión oficial: entre 124  y 157 muertes, incluyendo las de 15 niños. 46 fallecimientos “por la acción de miembros de las fuerzas de seguridad” y 27 “por la acción de miembros de colectivos armados”. Paralelamente, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, calcula que 50.000 venezolanos solicitaron asilo en lo que va de año, casi el doble que en 2016.

Según las versiones coincidentes de los cables internacionales, Zeid Ra’ad Al Hussein expresó su preocupación por el empeoramiento de la situación política, social y económica en el país. Y no es para menos, si en la prensa del orbe se da cuenta de las actuaciones y amenazas de la Constituyente ilegítima, que tras cada sesión se aleja más de ser potable en la modernidad.

El más reciente peldaño del régimen en su descenso al submundo lo protagonizó Iris Varela, especializada en presidios. En su intervención para apoyar el “juicio histórico” por “traición a la patria” que la Constituyente impulsa –como abrebocas– contra el presidente y el primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, diputados Julio Borges y Freddy Guevara, la exministra de Asuntos Penitenciarios –desde la tribuna de oradores del hemiciclo protocolar confiscado por la fuerza al Parlamento– fue generosa en epítetos infamantes. Planteó “fusilar” a los disidentes políticos y “degradar” a los militares que se han distanciado del madurismo.

“Con el paso del tiempo, hemos visto la erosión de la democracia en Venezuela y lo que está ocurriendo aumenta la impresión de que se está exprimiendo lo que queda de vida democrática”, dijo Zeid Ra’ad Al Hussein en Ginebra. Denunció “la existencia de una política destinada a reprimir el disenso político e infundir temor en la población”. La oferta de repartir boletos para el paredón a quienes critiquen al régimen eleva la escala del miedo hacia el terror

Tras la intervención de Varela –la funcionaria con mayor permanencia en un cargo ministerial en años– la Comisión Interamericana de Derechos Humanos volvió a levantar la voz. Entre sus advertencias por el cruce de la línea roja destacó su cuestionamiento a la creación de la Comisión de la Verdad, Justicia, Paz y Tranquilidad Pública, identificada claramente para “instaurar y agudizar mecanismos de persecución de la disidencia”. También el presidente de Francia, Emmanuel Macron, hace pocos días fue meridiano: “Nuestros conciudadanos no entienden cómo algunos han podido ser tan complacientes con el régimen que se está instaurando en Venezuela. Una dictadura que intenta mantenerse en pie al precio de un sufrimiento humano sin precedentes y de una radicalización ideológica preocupante”. Justo en Francia, hace 224 años, la radicalización ideológica tomó cuerpo, y en otra revolución, el Comité de Salvación Pública desató en septiembre el terrorismo de Estado.

En Venezuela ya nada debería sorprender y nada debería ser tomado como una exageración inofensiva. No, después de 18 años de ejecutorias al margen de la ley, de la Constitución, del sentido común y de la modernidad. No, después de la actuación de los organismos militares y policiales del Estado entre abril y julio compilados por la ONU. La subestimación de amenazas aberrantes –convertidas en promesas cumplidas– podría ser la explicación a la reflexión asombrada de Macron: “Cómo algunos han podido ser tan complacientes con el régimen”.  Así las cosas, es capital que el plan aleccionador propuesto por Iris Varela a la todopoderosa Constituyente sea comprendido en su real magnitud. Es desplegar, como en la Francia de 1793, el Terror para garantizar sumisión. Sólo la vigente presión y atención internacional a la crisis venezolana, como nunca antes había ocurrido, podrá hacerlos retroceder, pero para ello es menester que la dirigencia de oposición se reconstituya y reaccione en la misma magnitud de la amenaza. Todos en el país se juegan su cabeza.

@ElviaGomezR

01 de septiembre de2017

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