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La visión de país y las urgencias del corto plazo

Foto: Johnny Gomes / Estribo Duarte, Parque Nacional Waraira Repano “El Ávila” (Caracas / Venezuela)

Eglé Iturbe de Blanco

10 de enero de 2020

Venezuela se debate entre las urgencias a corto plazo y el diseño de una estrategia de largo alcance que le permita encontrar la solución de los grandes problemas nacionales del momento, todo ello debe lograrse con una acertada visión de país.  Al menos 20 años será el tiempo necesario para reconstruir y recuperar toda la institucionalidad que ha sido destruida durante las últimas dos décadas.

La generación de relevo que debe tomar el mando del país a partir de esta nueva década debe estar consciente que la transición no será corta, ni fácil y que la tarea que les corresponderá será muy dura y no dará recompensas, sino trabajo arduo y difícil, especialmente en la recuperación de aquella parte de la sociedad que ha perdido la mística por el trabajo y que solo espera las dádivas del gobierno.

Hacer entender a la población que la recuperación del país es compromiso de todos y no de unos pocos políticos será una tarea difícil, pero imprescindible. El rentismo terminó con el declive de la industria petrolera, ahora el bienestar del país será responsabilidad de todos y cada uno de los ciudadanos, de los que están aquí porque se quedaron y de los que habiendo formado parte de la trágica diáspora del último quinquenio decidan regresar al país y colaborar en su reconstrucción o de aquellos que quieran hacerlo desde lejos.

No se podrá lograr éxito en la solución de los problemas graves en educación, salud, capacidad productiva y reconstrucción institucional en el corto plazo si no se diseñan políticas y programas de largo plazo que garanticen la continuidad de las políticas públicas, aún con los cambios de gobierno propios de la democracia, apoyados en una visión de país no solo compartida sino de largo aliento.

Cómo construir una visión de largo plazo, con los grandes problemas de la crisis humanitaria compleja que hoy atravesamos, cómo mirar el futuro si se nos está incendiando la casa, como dirían algunos. Precisamente, mirar el futuro del país permitirá evitar que se nos vuelva a incendiar la casa en poco tiempo porque hemos improvisado soluciones inestables que solo maquillan los problemas sin resolverlos.

Bastaría con que asumiéramos lo expresado por 75 ministros venezolanos de la democracia, cuando fueron entrevistados en un proyecto de investigación de la Fundación Integración y Desarrollo FID a finales de los años ochenta, para oír sus opiniones sobre cómo enfrentaron sus tareas y cómo veían el futuro del país.

A continuación, se resume el consenso logrado entre los entrevistados que ejercieron funciones de gobierno entre 1974 y 1998: (Ver  Capacidad de Gestión del Estado Experiencias de Gestión Pública en el área económica .Ensayo No.1  Fundación FID .1998

Visión de país

Repensar el país dentro de una visión de largo plazo que permita el Diseño de un Proyecto Nacional, con alcance de 20 años. que enfatice el “querer ser”, que logre consensos al menos sobre algunas áreas fundamentales como la educación, la salud, la descentralización y la seguridad social, a la vez que establezca reformas fundamentales en la organización del Estado y el Poder Judicial. Esta visión de largo plazo debe aprovechar el recurso petrolero* para reorientar al país hacia una cultura de trabajo y productividad

¨Nota: para actualizar la visión debemos incluir además del recurso petrolero, el recurso minero.

Para motivar la importancia de una visión de país consensuada proponemos estimular la discusión en todos los ambientes nacionales y en especial en los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y la academia, por su alta capacidad de convocatoria y capacidad de proponer y articular acuerdos.

Foto: Veda Everduim

Sería importante, además, estimular a los candidatos presidenciales a adoptar fórmulas que permitan incorporar a los sucesivos gobiernos personas comprometidas con la visión de país y su importancia como herramienta de gobierno orientada a garantizar la coherencia de las acciones y la eficacia de éstas. De igual manera, los partidos políticos deben poner extremada atención en las personas que seleccionen para ser diputados de la Asamblea Nacional y de los órganos legislativos regionales y locales porque esas personas serán las responsables de apoyar y aprobar las políticas públicas que el Ejecutivo proponga.

Medidas operativas como mejorar el funcionamiento del Consejo de Ministros, simplificar los procesos de toma de decisiones de políticas públicas, eliminar el clientelismo, ajustar el tamaño de la administración pública al número de organismos necesarios para definir e instrumentar las políticas públicas de la transición, mejorar el sistema de información oportuna y de calidad  para la toma de decisiones, la profesionalización del funcionario público y la coordinación de las relaciones partido-gobierno sin que el mismo interfiera en la gestión de gobierno.

Una visión de largo plazo debe considerar también la reducción del excesivo presidencialismo que la Constitución Nacional permite, la separación efectiva de Poderes Públicos y establecer los mecanismos necesarios para la coordinación entre ellos, la “limpieza” y modernización del Tribunal Supremo de Justicia, del Consejo Nacional Electoral y de la Contraloría General de la República para que, de nuevo, sea la organización vigilante de los actos de corrupción dentro de los poderes públicos.

¿Qué acciones como sociedad debemos proponer para que se articulen los consensos necesarios que permitan lograr las bases mínimas de estos acuerdos entre los partidos políticos actuales, cuyos líderes principales parecieran estar más interesados en la búsqueda del poder inmediato y en las soluciones de corto plazo que en la recuperación sostenida del bienestar de la nación y sus instituciones?

Hasta este punto había llegado mi reflexión pesimista sobre nuestro futuro político, pero hoy, 8 de enero, luego de los acontecimientos acaecidos hace dos días, he recuperado la fe en la política y en nuestros líderes al haberse decantado los principales partidos de los” traidores” que haciéndole el juego al régimen, vendiendo su primogenitura por un plato de lentejas como cualquier Judas Iscariote.

Pretendieron doblegar a la mayoría de nuestros diputados imponiendo una AN espuria. Ha triunfado la lealtad y el amor por Venezuela, en las manos de los 100 diputados que defendieron con valor y arrojo la única institución democrática que nos queda, además ha resultado fortalecido el liderazgo del Presidente Juan Guaidó quien  demostró que con la liberación de su atadura partidista podrá ejercer un liderazgo pleno y activo que nos lleve a la nueva Venezuela. 

Hoy veo con entusiasmo la posibilidad cierta de que podamos mirar el futuro con lentes del pasado y así reconocer los errores cometidos y tomar acciones claras y contundentes que fortalezcan nuestras instituciones además de rescatar nuestra democracia. Un reconocimiento a nuestro liderazgo que ha salido del letargo y ha votado por la unidad de propósitos en el corto plazo para llegar a una visión unitaria para el más largo plazo.

No desperdiciemos este momento, pongámonos todos de inmediato a diseñar nuestro futuro.

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