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Poder y control, las claves del chavismo

Foto: El Venezolano

Andrés Cañizález

@infocracia

Doctor en Ciencia Política (USB), Maestría en Ciencia Política e Historia de Venezuela, Periodista, Investigador, Premio Monseñor Pellín (2005). Tiene en su haber innumerables publicaciones acerca de la relación de los medios de comunicación social con la democracia. Profesor de la UCAB. Articulista. 

Más que el regreso a una política de controles de precios y ocupaciones de empresas privadas, me ha sorprendido que no pocos venezolanos hayan manifestado su sorpresa ante tales medidas. No han entendido la naturaleza del chavismo.

La lógica que impera en el chavismo, al menos así ha quedado claramente en evidencia desde que bajo el gobierno de Nicolás Maduro el país se adentró en una crisis profunda, es la preservación del poder a toda costa. Incluso si ello representa la destrucción de la economía nacional o la más cruda represión.

En 2013, cuando recién se iniciaba Maduro en el ejercicio del poder como heredero de Hugo Chávez, cabía explicar las decisiones oficiales bajo la lógica de la ineptitud. Siete años, en tanto, es una ingenuidad sostener que el regreso de los controles a las industrias de alimentos y al comercio de la comida básica, en medio de la Pandemia del Coronavirus, se explica porque quienes detentan el poder son ineptos.

Precisamente, la permanencia en el poder del chavismo de forma obsesiva, y supeditando cualquier costo a este fin, es una de las claves para explicar el regreso de los controles a la maltrecha economía venezolana.

El objetivo es permanecer en el poder a cualquier precio, al menos así lo ha venido demostrando especialmente en los últimos años, cuando se hizo palpable toda la destrucción de la economía, cuando millones de venezolanos huyeron a otros países, cuando quedó en evidencia que todo el sistema sanitario, educativo y de alimentación estatales estaban sencillamente en ruinas. Nada de eso amilanó a quienes ejercen el poder, ni generó rectificaciones serias. En cada caso se buscó achacarle la responsabilidad por estas crisis a otros, incluso a quienes son víctimas de las medidas oficiales.

La expresión pública del descontento que comenzó a manifestarse con protestas por falta de comida o saqueos de abastos y supermercados (una acción que no respaldamos), y que además se generaron en poblaciones intermedias, no en las capitales o las ciudades más grandes del país, tuvo como respuesta en un primer momento la represión.

Era previsible que en algún momento de esta cuarentena extendida se hiciera público el malestar de los más pobres. Ya que la destrucción económica generada por el propio chavismo sumó a muchos venezolanos a la informalidad. Si no trabajas no hay ingreso.

A los más pobres los hizo dependientes de una bolsa o caja CLAP, con lo cual el chavismo ganó control social y político sobre este sector.

En el programa radial que hacemos a través de la señal nacional de Radio Fe y Alegría, “En Este País”, durante esta Cuarentena la mayoría de mensajes de oyentes están relacionados con la ausencia (por más de tres meses en algunos casos) de los alimentos CLAP; con su irregularidad e incertidumbre para saber cuándo llegará o con lo exiguo del combo alimenticio (escasamente los alimentos alcanzan para una semana y son básicamente carbohidratos).

Suponer que quienes ejercen el poder desconocen esta realidad, que retratan los sms que recibimos en el programa radial, es francamente ingenuo.

El país, todo, es una suerte de olla de presión. El régimen que sí tiene un manejo situacional de la crisis, para determinar cuándo y de qué manera da respuestas, sencillamente responde con una estrategia política y comunicacional, que aun siendo manida no deja de darles resultados. La culpa del hambre es la especulación de los privados, entonces la respuesta son los controles, las inspecciones y hasta la ocupación de empresas privadas.

Esto no ocurre por error. Es una decisión deliberada. Es la respuesta del momento a la crisis que se debe atender. El costo que pueda tener por las consecuencias que tenga en la población está supeditado al objetivo central, permanecer en el poder.

El chavismo bajo la presidencia de Maduro ha aprendido a vivir bajo la filosofía de alcohólicos anónimos, un día a la vez. Y esto le ha dado éxito; siempre y cuando entendamos que este éxito no es sinónimo de hacer un buen gobierno o satisfacer las necesidades del venezolano de a pie.

El objetivo es permanecer en el poder: el control de la economía, así como la más cruda represión, son estrategias que se utilizan cuando se hacen necesarias, y hasta ahora le han ayudado. El poder, aunque el país esté arruinado, sigue estando en manos del chavismo.

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