Opinión y análisis

El socialismo se cocina con leña

Extraído de: Noticiero Televisa

Trino Márquez

Nací en Tovar, un pequeño pueblo del estado Mérida. Cuando era pequeño la electricidad llegaba solo muy pocas horas al día, o de la noche, para ser más preciso. La trasmisión del fluido comenzaba a la 6 de la tarde y terminaba a las 9 o 10 de la noche. Cuando  por alguna extraña razón la electricidad no llegaba o la luz en las casas era  mortecina, los cuentos de ánimas en pena y aparecidos se convertían en el único tema  de conversación. El pánico recorría el espinazo hasta de los hombres más guapos y malencarados. Esta era la situación de buena parte de los poblados pequeños de la provincia.

          Ese cuadro cambió rápidamente cuando la democracia se instaló. Luego del derrocamiento de Pérez Jiménez, durante el gobierno de Rómulo Betancourt, comenzó un agresivo y sostenido proceso de electrificación del país bajo la conducción del Gobierno. Había sido uno de los acuerdos contenidos en el Pacto de Puntofijo y en el  Programa Mínimo firmado  por las fuerzas políticas que participaron en las elecciones de diciembre de 1958. Betancourt, además, estaba convencido de que la electrificación nacional constituía un factor básico para promover el crecimiento sostenido y equitativo. Su gobierno no colocaría el acento en grandes obras de concreto y hormigón, como le gustaba llamarlas, sino en aquellos proyectos que impulsaran la igualdad y el bienestar de las mayorías. Uno de ellos era la electricidad. Otro, la educación. Al final de su mandato, los tendidos eléctricos que atravesaban todo el territorio nacional, eran uno de los símbolos de los cambios sociales introducidos por la democracia. Tovar, desde luego, se benefició de ese cambio.

          Los acuerdos del Pacto de Puntofijo y del Programa Mínimo fueron asumidos también por los gobiernos que siguieron al de Betancourt. Leoni, Caldera, Carlos Andrés, y todos los demás mantuvieron la misma política: extensión y preservación de la red eléctrica. La represa de El Guri –Raúl Leoni- núcleo central de todo el sistema,  constituyó el emblema de ese proyecto nacional. Algunos de los mejores ingenieros electricistas y técnicos del país trabajaban en Edelca y en las otras empresas generadoras, transmisoras y distribuidoras de electricidad.

La política de desarrollo eléctrico  fue complementada con la expansión del gas como combustible. Aunque el gas por tuberías nunca tuvo un crecimiento exponencial, la producción de gas licuado para ser inyectado en bombonas permitía que las familias más humildes pudiesen utilizar este insumo para cocinar.

Primero con Hugo Chávez y después con Nicolás Maduro, el cuadro se modificó. La centralización de la generación y distribución eléctrica, con la creación de Corpoelec, solo ha provocado la ruina de esa industria, fundamental para la recuperación y consolidación de la economía. Desde mediados de la primera década del siglo XXI, en plena etapa de aumento vertiginoso de los precios petroleros, Venezuela comenzó a confrontar serios problemas con la generación de electricidad. En el primer Plan Socialista de la Nación (2007-2013) se contemplaron gigantescos recursos financieros para actualizar el tendido eléctrico. Lo mismo se plasmó en el Plan de la Patria (2013-2019). ¿Dónde fueron a parar esos dineros? Nadie lo sabe. La Contraloría Nacional, tan diligente para inhabilitar a dirigentes opositores en cargos públicos, jamás le ha explicado a la nación qué pasó con esos reales de todos los venezolanos.  Muy extraño que por la época en que comenzaron los apagones de forma recurrente, apareciera una casta de supermillonarios, asociados con el inmenso desfalco cometido con unas plantas eléctricas que jamás entraron en funcionamiento. 

El desmantelamiento de la industria eléctrica  -producto de la incompetencia gerencial, la ideologización de su personal, entrenado para ‘construir el socialismo’, y la corrupción- se tradujo en los constantes apagones que padece la mayor parte de Venezuela.

La destrucción de la industria gasífera, a pesar de Venezuela poseer una de las mayores reservas del planeta, condujo a la escasez de bombonas de gas propano en casi todo el país. De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Servicios Púbicos y Consultores 21, más de 60% de las familias que necesitan el producto, solo pueden acceder a él de forma ocasional. 

La falta de electricidad y de gas licuado ha disparado el uso de la leña como combustible doméstico. De enero de 2019 a diciembre de 2020, la utilización de la leña por parte de las familias para satisfacer las necesidades cotidianas, pasó de 4% a 16%. Se cuadruplicó, con tendencia a aumentar de forma continua, pues no se ve en el horizonte cercano la solución del problema eléctrico y del gas. La deforestación en algunas zonas de la nación es alarmante. Los ambientalistas están llamando la atención sobre este grave situación. Los médicos están alertando acerca de las consecuencias para la salud del uso permanente de la leña para cocinar.

El gobierno, desde luego, no se ha enterado de este fenómeno que ocurre ante la vista de todos. Está demasiado ocupado en perseguir y destruir la oposición. Para Maduro, el socialismo se construye con leña.

@trinomarquezc 

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