Opinión y análisis

Desdemocratización en Venezuela (IV): La deuda social, ayer y hoy

Extraído de: El Carabobeño

Andrés Cañizález

@infocracia

Se mira la historia reciente del país, se revisan las deudas sociales que siguen siendo deudas, y se evoca el mito de Sísifo, que en la mitología griega se le identifica con su castigo: llevar una piedra hasta la cima de una montaña, y antes de llegar, la piedra volvía a rodar hacia abajo (una y otra vez).

En julio de 2020 se dieron a conocer los más recientes datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), la cual midió la pobreza por falta de ingresos. Los venezolanos que no consumen 2.200 calorías diarias de una canasta de alimentos básicos son pobres extremos. Quienes logran ingerir estas calorías pero no pueden costear servicios esenciales como luz eléctrica y transporte, son pobres.

De esta forma, al cierre del año 2019, según la Encovi, 79,3% de los venezolanos estaban sumergidos en pobreza extrema, y 96,2% eran pobres. En diciembre de 2020, según el monitoreo que por más de dos décadas ha llevado el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas), se necesitaban 206 salarios mínimos para cubrir la canasta básica de una familia promedio.

Eran precisamente estos, pobreza y empobrecimiento, dos de los temas que en marzo de 1999, cuando se iniciaba el gobierno de Hugo Chávez, se veían como asuntos prioritarios dentro de la agenda social para el país. De hecho –justamente- poner fin a la pobreza fue una de las grandes banderas de la Revolución Bolivariana. Después de más de veinte años, el país no sólo sigue signado por la pobreza, sino que ésta, en realidad, aumentó de forma dramática en comparación con el período final de la era democrática bipartidista (1958-1998).

Al hacer un balance social  del año 1998, la exministra y experta en temas sociales, Mercedes Pulido, resaltaba que un hogar venezolano requería de 2,5 salarios mínimos para poder cubrir sus necesidades básicas, lo cual implicaba que en hogares pobres debían trabajar al menos dos personas, asunto que resultaba poco probable no por el desempleo (que no era tan elevado), sino por la propia erosión que vivía el mercado formal del empleo en Venezuela.

Mercedes Pulido planteaba, en marzo de 1999, una agenda de prioridades: fortalecer la educación básica, mejorar la calidad del empleo y, obviamente, aumentar el número de puestos de trabajo, afrontar problemas con alta incidencia en la multiplicación de la pobreza como el embarazo de adolescentes, generar de forma estable políticas de atención a los más pobres con mecanismos que impidieran su dependencia de las dádivas del Estado como forma de vida.

En  Venezuela, 22 años después y teniendo en medio de este período una colosal renta petrolera debido a los altos precios del crudo, siguen siendo éstos los problemas prioritarios que deberían afrontarse, para hacer un país más justo. Como en el mito de Sísifo, pareciera que debemos subir, una y otra vez, la piedra de los problemas sociales por la cuesta sin alcanzar nunca la cima, que sería la erradicación de la pobreza.

El sistema democrático surgido en Venezuela tras la dictadura de Marcos Pérez Jiménez no sólo falló en el manejo institucional para hacer genuinamente democrático el modelo, sino que no pudo resolver la desigualdad social. Esto sirvió de pivote para que se impusiera en las urnas en diciembre de 1998 un Hugo Chávez que prometía una Revolución Bolivariana plena de justificación social y de lucha anticorrupción.

Estas dos banderas del chavismo quedaron sencillamente corroídas con el paso de los años, profundizando la crisis que hemos simbolizado como la piedra de Sísifo.

La promesa incumplida de Chávez dejó en evidencia que la lucha contra la pobreza no depende sólo de la voluntad de un hombre, sino que se necesitan diversas acciones institucionales (con carácter multidisciplinario) y sostenidas en el tiempo. La experiencia venezolana al iniciarse el siglo XXI deja claro que el reparto de dinero sólo mitiga la situación de pobreza (por una temporada, mientras el Estado provea). Una vez que el país cae de nuevo en la espiral de los precios bajos del petróleo, también abruptamente se eleva la pobreza.

Pese a que es un asunto que cíclicamente aparece en la vida nacional, no se evidencia aprendizaje social y político.

Si volvemos la mirada a 1999, al iniciarse la era de Chávez en el poder, Mercedes Pulido, por ejemplo, cuestionaba que buena parte del debate educativo se centrara en las universidades, cuando la prioridad debía ser la educación primaria que, entonces y ahora, estaba signada por falta de escuelas (mencionaba la experta la necesidad de contar con 33.900 aulas nuevas), la escasez de profesionales dedicados a la enseñanza, el abandono del Estado de la educación en zonas marginales urbanas y/o rurales. Otros asuntos que se discutían entonces y que siguen siendo una deuda, puesto que no se avanzó en estos años, se centran en el turno completo para toda la educación primaria y los 200 días efectivos de clase por cada año escolar.

Cada uno de esos puntos siguen siendo desafíos que tenemos como sociedad. En los años de la Revolución Bolivariana de nuevo el peso se puso en la multiplicación de universidades, con proyectos y propuestas de dudosa calidad educativa. Se trató, en realidad, de una respuesta política a la autonomía e independencia del poder que manifestaron instituciones públicas y privadas del ámbito universitario.

A mediados de 2017, según proyecciones hechas por el estudioso del sistema educativo venezolano, Juan Maragall, a partir de encuestas aplicadas en el estado Miranda, medio millón de niños había abandonado las aulas de clase durante el año escolar 2016-2017. En total, según las estimaciones de Maragall, 1,5 millones de niños y adolescentes están excluidos del sistema escolar en Venezuela. No hay ninguna respuesta oficial a este problema de elevada envergadura.

La falta de foco oficial en lo verdaderamente medular como sociedad, lo dejó en evidencia esta triste paradoja: mientras se producía tal deslave en el sistema educativo en 2017, el ministro del sector parecía más ocupado en funciones políticas, ya que había sido designado al frente de la campaña gubernamental para una nueva constituyente, que luego de tres años en funciones no pudo mostrar ni siquiera un artículo para la prometida nueva constitución.

Iniciándose el período de Chávez en el poder, en 1999, no sólo resultaba clara la agenda social necesaria, también existía claridad en lo que debía acometerse en materia económica. El economista Miguel Ignacio Purroy, por ejemplo, al hacer un balance económico de 1998, se planteaba la necesidad de diversificar los ingresos del país para hacerlo menos dependiente del petróleo, puesto que una caída en los precios del crudo (como ocurría entonces) no sólo hacía más vulnerable a las finanzas de la nación, sino que terminaba teniendo impactos en la gente.

Se repetía entonces un círculo perverso, ante el cual estamos nuevamente cuando transcurre la segunda década del siglo XXI: el Estado venezolano al recibir menos dólares contrae más deuda para mantener el ritmo de sus gastos e imprime dinero sin respaldo para sostener sus políticas populistas. Nada parece haber cambiado, es la historia del desafío como sociedad que se repite sin cesar en Venezuela, tal cual la piedra que debía cargar Sísifo.

Fuentes:

Maragall, Juan (2017) “10.000 niños han abandonado las escuelas este año: ¿Qué está pasando?”. En: Prodavinci, texto en línea: https://historico.prodavinci.com/2017/06/13/actualidad/10-000-ninos-han-abandonado-las-escuelas-este-ano-que-esta-pasando-por-juan-maragall/

Martínez, Lenys (2020) “Cendas FVM: Se requieren 206 salarios mínimos para cubrir la canasta alimentaria”. En: Analítica, texto en línea: https://www.analitica.com/economia/cendas-fvm-se-requieren-206-salarios-minimos-para-cubrir-la-canasta-alimentaria/

Pulido de Briceño, Mercedes (1999) “Balance social 1998”.  En: SIC. Vol. 62. N° 612. pp. 52-55. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Purroy, Miguel Ignacio (1999) “Balance económico 1998, perspectivas 1999”. En: SIC. Vol. 62. N° 611. pp. 4-9. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Salmerón, Víctor (2020) “Encovi 2019-2020: ¿Qué nos dice esta radiografía sobre la calidad de vida de los venezolanos?”. En: Prodavinci, texto en línea: https://prodavinci.com/encovi-2019-2020-que-nos-dice-esta-radiografia-sobre-la-calidad-de-vida-de-los-venezolanos/

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