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Cuba: La rebelión de los que nunca importaron

Tomada de El Confidencial.com

José Ignacio Guedez Yépez

Presidente de la Asociación Causa Democrática Iberoamericana

Lo que está pasando en Cuba no solo es legítimo, sino también lógico. Desde que murió el dictador Fidel Castro hace casi cinco años, se comenzó a hablar de una transición en la isla que nunca llegó. Incluso cuando su hermano Raúl finalmente le dio paso a Díaz-Canel, se mantuvo íntegra la estructura totalitaria de partido único comunista, sin que se diera ningún avance en materia de libertades, derechos y democracia. Por eso, es normal que después de seis décadas de sometimiento y en medio de una crisis económica y sanitaria propia de la mezcla letal entre comunismo y pandemia, el pueblo salga a las calles a protestar exigiendo libertad.

Se trata de un régimen que formó parte del imperialismo soviético y que es responsable de crímenes de lesa humanidad, teniendo en su haber presos políticos, torturados, fusilados, desaparecidos y refugiados durante décadas, en las cuales ha intervenido en otros países de forma injerencista como lo hace actualmente en Venezuela. Sin embargo, goza de prestigio en sectores de la élite occidental que confunden paz con opresión y abogan por la continuidad de la dictadura más longeva del continente americano, normalizando el sometimiento a todo un pueblo y su falta de libertad y derechos civiles. Lo cierto es que el “bloqueo” que hay en Cuba es el que tiene el régimen castrista a la voluntad del pueblo, que no tiene derecho a cambiar el modelo comunista generador de las mayores tragedias en la historia de la humanidad.

Es muy fácil desde la distancia y en la comodidad de países democráticos capitalistas abogar para que continúe el pueblo cubano sometido, con el único fin de mantener viva la utopía marxista como premio de consolación a la derrota histórica, o como impuesto intelectual a los privilegios que ya no se quieren dejar de tener. Prefieren que Cuba siga siendo el museo o parque jurásico del comunismo en Occidente y no son capaces de solicitar siquiera elecciones libres, democráticas y plurales, como corresponde. Por el contrario, asumen como natural que Díaz-Canel herede el poder y mande indefinidamente de forma absoluta, disfrutando de la misma impunidad que gozaron sus predecesores.

Pero la realidad les estalló en la cara y es imposible ya ignorarla o seguir maquillándola. Lo que están pidiendo en Cuba no es comida y medicina bajo el esquema de dependencia y control social de siempre, lo que quieren, sobre todo los jóvenes, es libertad, la misma que tienen en Europa, por ejemplo. Por eso resulta al menos decepcionante observar que en países como España se esté dando un debate sobre si Cuba es una democracia o una dictadura, mientras que en la isla ocurre una represión escandalosa con asesinados, desaparecidos y presos políticos, en medio de la censura más atroz. Si después de más de sesenta años no se puede condenar el régimen totalitario castrista, al menos a nivel de opinión pública, es porque entonces no se conoce el significado de una democracia.

¿Puede haber democracia en un sistema donde sólo el partido comunista es legal y esté proscrita cualquier otra ideología? Claro que no. Pero más allá del dato del partido único comunista, está también el hecho de que en Cuba no hay voto popular universal y secreto. Aunado a eso, tampoco existen derechos civiles como libertad de expresión, libre empresa, propiedad privada, debido proceso, etcétera. Ni hablar de la agenda progresista que se impulsa en Occidente con ferocidad por los mismos que apoyan al régimen cubano, pero son incapaces de abogar ahí por los colectivos que dicen defender. Si a un partido político español le parece que en Cuba hay democracia, incluso que hay más democracia que en España, entonces no tiene moral para condenar al franquismo. Por cierto, no es casualidad que Franco y Fidel (ambos españoles) se llevaran tan bien. Los extremos siempre se tocan.

Y en cuanto al argumento del bloqueo económico, vale recordar que casi 4000 empresas españolas exportan sus productos a Cuba,  mientras que más de 300 operan directamente en la isla, acaparando el 70% de su capacidad hotelera. Si esa inversión no se traduce en progreso y prosperidad para el pueblo cubano, sino en beneficio para unos pocos, es culpa exclusivamente del modelo comunista de la tiranía castrista. Quizás el interés de normalizar las tiranías en Latinoamérica para perpetuarlas, tiene algo que ver con el interés de algunas empresas trasnacionales que hacen negocio en esos sitios. Quizás el libre mercado y la legalidad de una democracia no sean tan convenientes para algunos capitales. Quizás sea este esquema el que algunos pretenden imponer ahora en Nicaragua y Venezuela.

¿Hasta cuándo la democracia será un privilegio al que no pueden aspirar los pueblos de Cuba, Nicaragua y Venezuela? Basta ya de ese racismo y supremacismo cultural con el que se pretende condenar a pueblos latinoamericanos a padecer “tranquilos” tiranías iliberales, normalizando tragedias que rayan en el genocidio. Es muy fácil tumbar estatuas en países democráticos con Estado de derecho, lo difícil es tumbar tiranos vivos como están intentando ahora los cubanos a riesgo de su propia vida, a pesar de que su dolor nunca ha sido tendencia. Al final de cuentas, la única y verdadera revolución de la historia de la humanidad, ha sido y será la democracia liberal.

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