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El trauma de Afganistán y el dilema de Occidente

Tomada de La Nación

José Ignacio Guédez Yépez

Presidente de la Asociación Causa Democrática Iberoamericana

Las escenas relacionadas con la retirada en Afganistán y su entrega a los talibanes, han generado un impacto inusitado dentro de una civilización occidental que estaba entretenida tumbando estatuas y cancelando su propia historia. Por primera vez en mucho tiempo volvimos a sentirnos orgullosos de nuestra cultura y entendimos los peligros y amenazas que enfrentan la libertad, la igualdad, el pluralismo y la vigencia efectiva de los derechos humanos; productos todos de la democracia liberal que ha sido el paradigma de los últimos doscientos años que han generado los niveles de progreso y bienestar más grandes de la historia. La gente recordó que somos Occidente y lo que eso significa. Ya era hora. 

El hecho de que ambos partidos de Estados Unidos hayan estado de acuerdo con retirarse de Afganistán, ayuda o invita a ver el tema a profundidad y con objetividad. Más allá de la ejecución debemos valorar la decisión que, aunque legítima, tendrá consecuencias todavía inimaginables. Quién va a defender a Occidente y bajo cuáles premisas y estrategias, son preguntas que quedan abiertas, dejando una sensación de indefensión generalizada. Es posible que esto sea lo suficientemente traumático como para hacernos reflexionar como civilización, para superar las divisiones ideológicas y defender juntos el modelo que nos une. Ojalá.

Pero primero debemos entender la magnitud del problema y saber enmarcarlo. Se trata de la lucha milenaria entre tiranías absolutistas y el pluralismo liberal, ahora en un contexto globalizado y en plena era digital. La democracia no es un privilegio de algunas naciones, es un derecho universal, toda vez que la vigencia de los derechos humanos solamente es posible dentro de una democracia que limite el poder y garantice los derechos individuales. Debemos sentirnos orgullosos de los niveles de igualdad y libertad que hemos conseguido en Occidente, pero también debemos entender que las tiranías orientales con sus satélites occidentales, atacan constantemente el paradigma democrático para reivindicar su totalitarismo. Esas tiranías dan la batalla cultural todos los días, apoyadas en negocios ilícitos para financiar su cruzada antioccidental.  

Tumbar estatuas cancelando la historia que nos dio los derechos que hoy tenemos, o tumbar tiranos vivos que niegan y amenazan esos derechos; ese es el dilema de Occidente. 

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