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10 preguntas sobre las próximas elecciones

Tomada de Biblioteca Acropólis

EDITORIAL

Benigno Alarcón Deza

Vivimos tiempos difíciles de comprender, y mucho más difíciles de aceptar. 

Entre las cosas difíciles de comprender, y mucho más difíciles de aceptar, está el haber pasado de la euforia de 2019, ante lo que algunos vieron como la resurrección de la oposición democrática respaldada por la comunidad internacional, y en especial por los Estados Unidos, para producir una transición política que muchos veían como inminente, y hasta inevitable, para estrellarse con una serie de intentos fallidos que finalizan con la cuarentena epidemiológica (y política) que se inicia en marzo de 2020 y se mantiene hasta hoy, y que entre sus secuelas más insospechadas produjo la estabilización y afianzamiento del régimen madurista, a través de un mayor control social que se ha traducido en la desmovilización de la población. 

Es así como hoy, cuando estamos apenas a escasos dos meses de la próxima elección de autoridades regionales y municipales, pareciéramos haber retrocedido a un estado que podría comparase al del período entre la elección de la Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio de 2017, pocos días después de la finalización del período más largo y violento de protestas que hayamos tenido con la consulta organizada por la oposición, que hizo que todos nos sintiéramos derrotados, y las elecciones regionales y municipales cebradas en octubre y diciembre, respectivamente, de ese mismo año. 

Ante la inminencia de las nuevas elecciones regionales y municipales, la confusión reinante y las muy bajas expectativas de la mayoría de la población, creo pertinente intentar despejar algunas dudas que la misma proliferación y tergiversación de informaciones y opiniones tiende a agravar. Tratemos de dar respuesta a diez de las preguntas más frecuentes. 

  1. ¿Habrá finalmente elecciones regionales y municipales el 21 de noviembre?

Salvo circunstancias de fuerza mayor impredecibles, como una catástrofe natural, Usted puede apostar a que el 21 de noviembre habrá elecciones.

  1. ¿Participará la oposición en esta elección?

En principio sí, pero la mayor o menor certeza de esta respuesta dependerá de lo que Usted entienda por oposición. Si Usted entiende como oposición a todo partido distinto a los que conforman la alianza oficialista, a pesar de que algunos de ellos, no todos, están controlados por el mismo gobierno, entonces puede tener la certeza de que “las oposiciones”, como las llama Maduro, participarán y competirán por los recursos y cuotas de poder que implica el control de un estado o municipio. Si Usted considera como la oposición a la Unidad conformada por el G4+, o sea, los cuatro partidos históricamente mayoritarios y los partidos minoritarios que los acompañan, entonces la respuesta sigue siendo sí, pero con algunas consideraciones. La primera es que algunos de los partidos de la Plataforma Unitaria, como La Causa R y Ciudadanos, han decidido no participar, además de que al interior de algunos partidos mayoritarios persisten las dudas pese a haber postulado candidatos a través de la tarjea de la Unidad. Dudas que podrían traducirse en un cambio de posición en la medida que el gobierno continúa negándose a respetar determinadas condiciones y garantías cuando nos aproximamos al inicio de la campaña, y no termina de concretarse un acuerdo con el gobierno para la instalación de una misión de veeduría electoral internacional confiable que sirva de garantía al proceso y sus resultados. 

  1. ¿Habrá Observación Electoral Internacional?

No. Pese a que tanto la Unión Europea como Naciones Unidas están considerando el envío de misiones electorales a Venezuela, tales iniciativas no funcionarían ya como misiones de observación electoral propiamente dichas, ya que el proceso electoral está avanzado en algo más de un 50% de su cronograma, por lo que hay protocolos que ya no son posibles. En el mejor de los casos habrá, si acaso, algún tipo de misión técnica que haría una evaluación parcial del proceso, pero que no estaría en capacidad de cumplir con los protocolos propios de una misión de observación electoral, y que produciría un informe que no necesariamente sería público. A todo evento, es evidente que pese a la insistencia de Maduro en decir que todos los que quisiesen venir a observar la elección eran bienvenidos, el régimen no está tan abierto a la instalación de una misión con cierto nivel de capacidad técnica y libertad de acción, lo que se evidencia del vencimiento del plazo para la firma del convenio para el envío de una misión de parte de la Unión Europea el pasado 15 de septiembre, y coloca el envío de tal misión en entredicho, aunque tanto Borell como el representante europeo recién llegado al país siguen trabajando porque se logre su aprobación. En el caso de Naciones Unidas, hay mucho más retraso y apenas se está en la fase de evaluación sobre la factibilidad, pertinencia y conveniencia de enviar una misión.

  1. ¿Puede una Misión Electoral europea o de Naciones Unidas garantizar el respeto de los resultados?

No. Una misión de las características que resultan posibles en este caso no estaría en capacidad de generar un despliegue territorial que pueda velar por los resultados de 23 elecciones regionales y 335 elecciones municipales. Lo único que puede hacer es una evaluación esencialmente cualitativa y general del proceso. 

  1. ¿Habrá abstención en esta elección?

Sí. Aunque los niveles de participación o abstención dependerán, principalmente, de la legitimidad de las candidaturas finalmente inscritas, de lo que se haga durante la campaña, y de que Guaidó llame a votar, ya que, según nuestras propias mediciones, Guaidó sigue siendo, por mucho, el principal referente del electorado opositor que sigue a algún liderazgo. A todo evento, es importante reconocer que si la elección fuera el próximo fin de semana habría niveles muy importantes de abstención que afectarían principalmente al voto opositor, que es donde hay una mayor desmotivación y muchas dudas sobre la utilidad de participar. 

  1. ¿Es posible lograr candidaturas unitarias en la oposición?

Lamentablemente no. Aunque la oposición mayoritaria, representada en la tarjeta de la Mesa de la Unidad Democrática, irá con candidaturas unitarias otros grupos, como la Alianza Democrática por nombrar solo a uno con cierto nivel de reconocimiento nacional, además de otros muchos con reconocimiento regional o local, presentarán sus propias candidaturas. Y aunque un acuerdo entre la Unidad y Alianza Democrática sería clave para producir una importante derrota al gobierno, las probabilidades de que ello ocurra son cero, debido a que el gobierno y estas oposiciones minoritarias necesitan desplazar a la oposición mayoritaria, el primero para poder legitimarse por la vía electoral, y los segundos para intentar ocupar el lugar de esa oposición mayoritaria.

  1. ¿Quién ganará las elecciones regionales y municipales?

El oficialismo. Aunque, al igual que en la pregunta anterior, el desenlace dependerá, en buena medida, de lo que se haga en las próximas semanas, pero, por ahora, la balanza se inclina a favor del oficialismo, no por ser mayoría sino por haber tenido éxito en su estrategia de dividir y fragmentar a la oposición, como fue el caso en la elección parlamentaria, para constituirse en una mayoría relativa. Al cierre del periodo de inscripción de candidatos tenemos que por cada cargo de elección se postularon, en promedio, unos 23 aspirantes. Adicionalmente, el efecto de la fragmentación tiende a ser mayor en elecciones locales por el mayor peso que tienen los liderazgos individuales en relación con los partidos. Según nuestras propias mediciones, la sola existencia de la Alianza Democrática, conformada por los partidos de “la mesita”, aún con menos reconocimiento y legitimidad que los partidos que integran el G4+, es suficiente para restarle a estos últimos varias gobernaciones, alcaldías y cargos legislativos a nivel regional y municipal. A diferencia de las parlamentarias de 2015, está no será una elección polarizada entre el oficialismo y la Mesa de la Unidad Democrática, sino una entre el oficialismo y una diversidad de partidos de oposición, lo que no permitirá concentrar el voto en candidaturas unitarias para aumentar la competitividad frente al ventajismo y la maquinaria oficialista. A ello debe agregarse la desventaja comunicacional en que se encontrará la oposición de cara a la campaña. Los grandes influenciadores de la participación del lado oficialista y de la oposición son Maduro y Guaidó, respectivamente. Siendo así, y considerando que las redes sociales tienen un alcance limitado, pregúntese Usted cuándo fue la última vez que vio o escuchó a Maduro en televisión o radio abierta, y cuándo a Guaidó. 

  1. Si no hay condiciones y todas las probabilidades apuntan hacia una derrota de la oposición ¿por qué la oposición decidió participar en esta oportunidad?

Por dos razones fundamentales. Porque no tiene una mejor alternativa y por la presión de sus bases partidistas. En el 2019 se decía que todas las opciones para generar una transición estaban sobre la mesa (presión interna e internacional para lograr la renuncia de Maduro, golpe de Estado, intervención extranjera, elección adelantada, revolución popular, etc.). Para el 2020 era ya evidente que muchas de estas opciones no eran realistas y quedarían descartadas, y para el 2021 tan solo dos opciones quedan sobre la mesa: negociación y elecciones. Adicionalmente, los partidos políticos son organizaciones de personas que buscan alcanzar el poder, y las elecciones son el medio natural para ello. No participar puede originar la deserción de sus líderes y activistas hacia otras plataformas que les brinden la oportunidad de participar. En otras palabras, la participación electoral está en la naturaleza misma de los partidos políticos. En la medida que un partido no participa en elecciones corre el riesgo de desaparecer. 

  1. ¿Votar implica un reconocimiento al régimen y sus instituciones?

Definitivamente no. Votar es un camino, no el único, que, de manejarse acertada, puede servir para cambiar o sacar a un régimen del poder, tal como lo demuestran muchos casos exitosos de transiciones a la democracia, independientemente de su naturaleza. 

  1. ¿Sirven las elecciones, cuando se está bajo un régimen autoritario, para legitimarlo en el poder o para avanzar hacia un proceso de democratización?

Aunque la respuesta parezca ambigua, las elecciones organizadas bajo regímenes autoritarios sirven para ambas cosas. Esta es una duda sobre la que tanto líderes políticos, como electores y académicos han debatido durante años cuando se está frente a elecciones sin democracia. Hoy en día lo que sabemos es que las elecciones sirven para ambas cosas. Las elecciones hacen la democratización más probable si sirven para hacer la represión más costosa y contraproducente para quienes están en el poder; si la convocatoria logra que la oposición se unifique, movilice y gane legitimidad; y/o cuando el régimen se vuelva más tolerante con la oposición porque ello les hace lucir más legítimos, pero termina originándose la deserción de los suyos hacia la oposición, lo que aumenta la competitividad electoral. En sentido contrario, las elecciones sirven para legitimar al régimen y facilitar su autocratización cuando hacen la represión menos costosa y fácil de concentrar en unos pocos líderes de la oposición que son inhabilitados o perseguidos, o incluso innecesaria por la desmovilización de la población; y/o cuando el régimen pueda controlar el costo de tolerar a la oposición manteniéndola dividida al usar las elecciones como medio para lograr su fragmentación a través de estrategias de clientelismo competitivo político electoral, para dividir y enfrentar a los actores que se le oponen pero privilegian la búsqueda de espacios de poder y recursos territoriales para su propio proyecto político.

En conclusión, el escenario apunta hoy hacia unos comicios regionales y municipales que han sido diseñados y están siendo utilizados por el régimen para su propia legitimación y estabilización en el poder. Cabe preguntarse si la oposición tiene claro este escenario y si estará en capacidad de evitar la materialización de un resultado que nos coloque el 22 de noviembre ante un mapa de Venezuela teñido de rojo, y revertirlo hacia uno que nos permita avanzar hacia la democratización del sistema. 

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