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Uno de los efectos de la pandemia: La pobreza de aprendizajes

Tomada de AFP

Tulio Ramírez

La medida de no presencialidad en las aulas para evitar la masificación del contagio fue de las primeras que se tomaron ante la presencia del COVID 19. En esto estuvieron contestes la gran mayoría de los países en el mundo. No había alternativa. Apenas comenzaban las investigaciones para desentrañar el misterio que rodeaba a  ese novedoso y letal virus.

Venezuela no hizo algo diferente. Desde marzo de 2020 se suspendieron las actividades presenciales y se recurrió a una educación mediada por la tecnología. Cómo era de esperarse, en las primeras de cambio, hubo mucha confusión. Ni alumnos ni maestros estaban preparados para este cambio tan radical. Ningún país esperaba esta contingencia.

Por supuesto, en la medida en que transcurría el tiempo se fueron haciendo los ajustes necesarios. Unos países lo hicieron más rápido que otros. Dependió en gran medida del nivel de apresto capitalizado en el tiempo en materia de uso de las nuevas tecnologías así como de factores estructurales preexistentes como velocidad y cobertura del internet, acceso a los dispositivos, existencia de plataformas educativas institucionales y desarrollo de competencias por parte de los enseñantes en el uso educativo de las tecnologías.

La preexistencia o no de estos factores o de alguno de ellos, hizo la diferencia. Los países desarrollados económicamente son también desarrollados tecnológicamente. Desde hace un buen tiempo sus escuelas elementales han contado con la infraestructura tecnológica adecuada y el apresto de alumnos y profesores en su uso.  Sin embargo, es posible que  entre las escuelas públicas y privadas haya habido diferencias en cuanto a lo moderno del equipamiento, pero la no inexistencia de los mismos fue la excepción y no la regla.

Por otra parte, la probabilidad de que esos estudiantes tuviesen a la mano los equipos necesarios en sus hogares, era muy alta. En todo caso, muchos gobiernos facilitaron el acceso a estos equipos a través de su distribución gratuita o a muy bajo precio. Llamó la atención sobre la estrategia utilizada por el gobierno suizo para garantizar la señal de internet a los habitantes de las montañas alpinas. En esos sitios alejados no llegaba o llegaba con dificultad.

Las autoridades locales establecieron acuerdos con las empresas de turismo aerostático de la zona y durante varias horas de la mañana y de la tarde, sobrevolaban esos parajes con potentes dispositivos que generaban o ampliaban la señal de internet en la región. La idea era que ningún estudiante se quedara sin acceso a la educación durante el periodo de confinamiento.

Quizás no todo fue perfecto, seguramente hubo dificultades, pero el acceso a la educación nunca se vio en peligro en esos países. De hecho, durante momentos de control de la pandemia se retornó a las clases presenciales, para luego volver al esquema no presencial, por el resurgimiento de los contagios. Esos cambios repentinos no alteraron significativamente la dinámica escolar. Esto sucedió en España, Francia, Italia, Inglaterra, Japón, en algunas regiones de China, Estados Unidos, y Canadá.

Pero no todo fueron buenas noticias. A pesar de lo bien equipado que estaban para afrontar las consecuencias del COVID-19, en educación se verificó el fenómeno de la pérdida de aprendizajes. Esto sucede cuando no se adquieren los aprendizajes que se han debido adquirir de acuerdo a la edad y nivel de estudios.

El informe del Banco Mundial[1] sobre los efectos de la pandemia en educación, reveló que, si bien el promedio mundial de un 48% de niños que a los 10 años, no eran capaces de leer y comprender un texto sencillo, se incrementó considerablemente durante la pandemia.  Aunque, y es importante decirlo, donde menos hubo incremento fue en los países con economías prósperas.

En otros lugares del mundo los efectos fueron más alarmantes. El no contar con las condiciones que preexistían en los países desarrollados, marcó la diferencia.  En América Latina y El Caribe, el experimento de la educación a distancia, implantado sobre la marcha, nunca logró los ajustes necesarios como para catalogarlo de exitoso. Salvo Chile y Uruguay, y en menor medida Argentina, el resto de los países latinoamericanos tuvo un aumento en pobreza de aprendizajes, sobre todo en los sectores sociales más empobrecidos.

Esto es otro aspecto que revela el informe del Banco Mundial. Según las simulaciones elaboradas por sus investigadores, concluyen que en más del 20% ha podido incrementarse la pobreza de aprendizaje de estudiantes de primaria en la región, Se pasaría de un 53% antes de la pandemia (ya por encima del promedio mundial) a un 73%. Esto significa que  dos tercios de los estudiantes con edades de 10 años no son capaces de leer o comprender un texto sencillo adecuado para su edad.

El mismo informe asevera que el 71% de los estudiantes del primer ciclo de educación secundaria podrían caer por debajo del nivel mínimo de rendimiento, de acuerdo con el puntaje obtenido en la prueba PISA. Antes de la pandemia, este nivel estaba por el 55%, lo que implica como daño colateral de la pandemia, dos de cada tres estudiantes del primer ciclo de educación secundaria no serían capaces de comprender un texto de extensión moderada o solucionar problemas matemáticos básicos.

Lo anterior se traducirá, si no hay correcciones a tiempo, en un impacto negativo para el futuro de las economías de la región. Estas economías dependerán para la generación de sus riquezas, más del conocimiento y de las competencias tecnológicas, que de la fuerza bruta.

Debemos aclarar que en el estudio referido  no se analizó el caso venezolano, pero todo indica que la situación de pobreza de aprendizajes puede ser similar o mayor a la de los países de la región. La opacidad de la información, sumada a la directriz de aprobar automáticamente a los estudiantes independientemente del logro o no de las competencias, puede ayudar a ocultar la difícil situación de nuestra educación al mundo. Sin embargo, para los padres, representantes y docentes es una realidad más que evidente.

Ahora bien, el solo regreso a la modalidad presencial o híbrida, no remediará el aprendizaje no adquirido durante la pandemia. Las autoridades y los docentes deben estar conscientes de ello. Es necesario aprovechar las primeras semanas para hacer un diagnóstico exhaustivo sobre los déficits de aprendizajes. De no hacerlo, y  hacerse la vista gorda, se le estará haciendo un flaco favor a una generación que inclusive, desde antes de la pandemia, estaba siendo objeto de una educación denunciada por tirios y troyanos, como de cuestionable calidad.


[1] World Bank (2021) Acting now to protect the human capital of our children. The costs of and response to COVID-19 pandemic’s impact on the education sector in Latin America and the Caribbean. World Bank. URL:: http://hdl.handle.net/10986/35276

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