
Maykel Navas
El Foro Económico Mundial (FEM) celebrado en Suiza, en su 54ª edición, reunió a más de 2 mil líderes de 120 países, entre jefes de Estado y de gobierno, empresarios, académicos, activistas y periodistas, para debatir sobre los principales desafíos que enfrenta el mundo en este siglo XXI. El lema de este año fue “Reconstruir la confianza”, una invitación a buscar soluciones conjuntas a problemas globales como el cambio climático, la pandemia, la desigualdad, la ciberseguridad, la inteligencia artificial y la gobernabilidad.
Pero resulta paradójico hablar de confianza en un mundo cada vez más polarizado, conflictivo y escéptico. ¿Qué tan sinceros fueron los discursos de los líderes que se presentaron en Davos como defensores del bien común, la democracia y el multilateralismo, cuando en sus países y regiones practican políticas contrarias a estos principios? O ¿qué tan efectivas serían las iniciativas que se disertaron para generar un impacto real y positivo en las vidas de millones de personas que sufren las consecuencias de las crisis económicas, sociales y ambientales?
Estas son algunas de las interrogantes que surgen al observar lo que ocurrió en este encuentro, celebrado del 15 al 19 de enero de 2024, y que conducen a una visión crítica y analítica sobre el evento, que se ha convertido en una especie de vitrina para que los poderosos muestren su imagen y su agenda, pero que no logra traducirse en acciones concretas y efectivas para resolver los problemas que aquejan al mundo.
Espacio de diálogo
Recordemos que, desde su fundación en 1971 por el profesor Klaus Schwab, el FEM fue concebido como “la plataforma internacional para la cooperación público-privada” y tiene como misión «mejorar el estado del mundo». Esta organización internacional, con sede en Suiza, reúne cada año a actores relevantes de la sociedad para brindar un espacio de diálogo, reflexión y propuesta sobre los temas más importantes y urgentes del planeta.
Sin embargo, el FEM ha sido objeto de numerosas críticas, al ser fustigado por tener un carácter elitista y excluyente. Académicos, activistas políticos y otros expertos, afirman que esta iniciativa solo representa los intereses y visiones de una minoría privilegiada y poderosa; otros afirman que carece de legitimidad y transparencia y que no rinde cuentas, ni se somete al escrutinio público de sus actividades y decisiones.
Así las cosas, no deja de ser cierto que no logra traducir en su totalidad sus discursos e iniciativas en acciones concretas, y que muchas veces contradice los principios y valores que dice defender.
Este 2024, la reunión de Davos se organizó en torno a siete temas:
• Crecimiento económico: se discutió sobre las perspectivas y las políticas para la recuperación económica tras la pandemia, así como sobre los riesgos y las oportunidades que plantean la digitalización, la innovación y la competencia global.
• Acción climática: se debatió sobre las medidas y los compromisos para acelerar la transición hacia una economía baja en carbono, y las soluciones para mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático.
• Seguridad energética: se exploraron las estrategias y las tecnologías para garantizar un suministro energético seguro, asequible y sostenible; con ideas para diversificar y modernizar las fuentes y las redes de energía.
• Gobernanza tecnológica: se examinaron las implicaciones y las regulaciones de las tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial, la biotecnología y la nanotecnología, así como los desafíos y las oportunidades que ofrecen para el desarrollo humano y social.
• Desarrollo humano: se analizaron las tendencias y las políticas para mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas, y sobre cómo reducir las brechas y las desigualdades en materia de salud, educación, trabajo y género.
• Situación geopolítica: se abordaron los conflictos y las tensiones entre los actores globales, como la guerra en Ucrania, el enfrentamiento entre China y Estados Unidos, la crisis en Medio Oriente y la inestabilidad en América Latina, y cuáles serían las vías para la prevención, resolución y la construcción de la paz.
• Cooperación global: se reflexionó sobre el Estado y el futuro del orden mundial, así como el papel y la reforma de las instituciones y las normas internacionales, como la ONU, la OMC, el FMI, el Banco Mundial y el G20, entre otras.
Discursos emblemáticos y líderes ausentes
Davos contó con la participación de destacados líderes políticos, como el presidente de China, Xi Jinping, quien inauguró el evento con un discurso en el que defendió el multilateralismo, el respeto a la diversidad y la cooperación internacional; el presidente de Francia, Emmanuel Macron, abogó por una Europa más fuerte, más unida y soberana; mientras, el primer ministro de India, Narendra Modi, resaltó el potencial y la contribución de su país al desarrollo global.
Por su parte, el presidente de Argentina, Javier Milei, sorprendió con un discurso radical en el que defendió el capitalismo, el libertarismo y el individualismo. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres alertó, entretanto, sobre la gravedad de la situación mundial y llamó a la acción urgente.
Xi Jinping se presentó como un líder comprometido con el desarrollo sostenible, la lucha contra el cambio climático, la reducción de la pobreza y la defensa del multilateralismo. Sin embargo, resulta curioso que su discurso contrasta con la realidad de su país, donde se violan los derechos humanos, se reprime a las minorías, se censura a la prensa, persiguen a los disidentes, se expande la influencia militar y amenazan la estabilidad regional. El mandatario trató de proyectar una imagen de China como un socio confiable y responsable, pero no logró ocultar las contradicciones y riesgos que representa su régimen autoritario y expansionista.
Otro hecho que llamó la atención fue, sin duda, la ausencia del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien, a pesar de que se esperaba participara de forma virtual, como lo hizo el año pasado cuando aún era candidato, decidió no asistir al evento; se excusó por estar ocupado con asuntos importantes en su país. Su ausencia fue interpretada como una señal de falta de interés por el multilateralismo y el liderazgo global, y como una concesión al ala más nacionalista y proteccionista de su partido. Biden envió a varios de sus colaboradores, como el secretario de Estado, Antony Blinken, y el enviado especial para el clima, John Kerry, pero no logró llenar el vacío que dejó su ausencia, al perder la oportunidad de contrarrestar el discurso de Xi Jinping y reafirmar el compromiso de Estados Unidos con sus aliados y los valores democráticos.
Quien no dejó pasar esta oportunidad para marcar un precedente en lo que sería su primera intervención presencial en el encuentro, fue el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien pidió a sus aliados no recortar el apoyo a su país, mientras persista la invasión rusa. Zelenski habló con el jefe de la diplomacia estadounidense, Anthony Blinken, para enfatizar la importancia de la inversión de ese país en Ucrania; y logró obtener la garantía de que la administración de Joe Biden no flaqueará en el apoyo, pese a las trabas internas en el Congreso de EE. UU. para enviar más dinero. El mandatario ucraniano, también se sentó con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y le solicitó que hiciera un llamado a los 27 países de la Unión Europea para que redoblaran su apoyo en el conflicto.
Mención especial merece el presidente de Argentina, Javier MIlei, quien defendió las políticas de mercado y el capitalismo como instrumentos para «terminar con la pobreza y el hambre en el planeta», criticó duramente al socialismo y a todas las formas de gobierno colectivistas, incluyendo a los nazis, los progresistas y los keynesianos, a los que consideró «todos iguales». También se manifestó en contra del feminismo radical y el ambientalismo, que calificó de “ridículos” y “antinaturales”, y denunció «la agenda sangrienta del aborto».
El controversial mandatario de Argentina, recibió el apoyo del empresario estadounidense Elon Musk, que tuiteó su discurso y lo elogió como un «héroe». El “libertario capitalista” generó polémica y rechazo entre varios líderes y analistas, que cuestionaron sus impresiones económicas y políticas, y tradujeron su discurso como una falta de respeto a los derechos humanos y el medio ambiente.
Lo más trascendente: el acuerdo sobre la inteligencia artificial
Algo que en lo particular considero uno de los pocos logros concretos que se alcanzaron en Davos fue el acuerdo sobre la inteligencia artificial (IA), suscrito por más de 40 países, entre ellos Francia, Alemania, España, Japón, Corea del Sur, Canadá y Australia. El acuerdo establece una serie de principios y normas para regular el desarrollo y uso de la IA, con el fin de garantizar que sea ética, transparente, segura y respetuosa con los derechos humanos. El acuerdo también busca promover la cooperación y la innovación en este campo, así como evitar los riesgos y los abusos que puedan derivarse de la aplicación de esta tecnología en ámbitos como la seguridad, la salud, la educación, el trabajo y el entretenimiento. Este acuerdo es un paso importante para crear un marco global que oriente el avance en este sentido, que permita mitigar riesgos y amenazas.
La enseñanza que nos deja Davos es el problema de la seguridad de la información. El desarrollo de las herramientas de IA, sin control, y la propagación de fake news como un asunto cada vez más común para cualquier ciudadano, constituyeron el centro del debate; los ponentes de esta conferencia pudieron eludir los retos que enfrenta la seguridad de la información ante el desarrollo avasallante de la informática.
En otro sentido, la conferencia solo logró exponer o visibilizar los problemas que el mundo padece actualmente, pero se quedó corta en cuanto a las posibles soluciones. Más allá de los problemas políticos y mostrar las posiciones de diferentes jefes de Estado, la conferencia carece de practicidad y de operatividad.
Desde mi punto de vista, rescato el principio de discusión democrática y aplaudo que existan espacios para el intercambio político, pero sin una forma de llevar a la práctica las posibles soluciones y propuestas se convierte en una reunión más de actores ricos y poderosos.
El Foro de Davos 2024 fue una muestra más de la complejidad y la incertidumbre que caracterizan al mundo actual, y de la dificultad para encontrar soluciones compartidas y efectivas a los problemas comunes. Puede ser un espacio útil para el intercambio de ideas y el debate de propuestas, pero no puede sustituir a la acción política, la voluntad colectiva y la responsabilidad social; debe ser un medio y no un fin, y estar al servicio de la humanidad y no de los intereses particulares.
Las futuras acciones demostrarán si, lejos de reconstruir la confianza, el Foro de Davos contribuirá a perpetuar la desconfianza entre los actores globales y las sociedades.
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