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Prospectiva 2021(Primer semestre): “Las oportunidades están al frente, solo hay que tomar decisiones coherentes”

Extraído de: EcuRed

Sofía Torres

La mañana  del jueves 10 de diciembre se realizó Prospectiva Venezuela 2021 (Primer semestre), evento organizado por el Centro de Estudios Polìticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (CEPyG-UCAB) para examinar los escenarios y las tendencias para el año próximo en el ámbito político, económico, internacional, social, pandemia Covid-19, y de opinión pública.

Las palabras de inicio estuvieron a cargo del padre Francisco José Virtuoso , rector de la Universidad Católica Andrés Bello, quien indicó que el país asiste a dos hechos importantes que dejan lecciones que hay que considerar. El primero, la pasada elección parlamentaria, en la cual se demuestra que el gobierno no puede controlar la voluntad de los venezolanos que quieren un cambio y no ceden ante cualquier fórmula de presión, “un 80% de la población se resiste”, y fue eso lo que se evidenció con la abstención del 6D. El otro acontecimiento, es la Consulta Ciudadana, que funge como un canal para manifestar el descontento.

“Los escenarios de prospectiva deben encontrar los caminos para que la ciudadanía pueda convertirse en ese sujeto de cambio”.

Un año de protección

El doctor Julio Castro, médico epidemiólogo y jefe de la Comisión de Expertos de Salud de la Asamblea Nacional (AN), advirtió en su ponencia que el gran reto para 2021 es la producción de la vacuna contra el Covid-19; en el mundo se elaboran 6 mil millones de vacunas al año, que  es lo que se necesita para doblegar la pandemia, se requiere inmunizar al 70% de la población.

En cuanto a Venezuela apuntó que es el peor país en detección por PCR por millón de habitantes (1000-1.200 por día), y dijo que se han tratado de sustituir estas pruebas por las de antígeno, de las que tampoco hay información disponible.

En el país se reportan, de acuerdo con Castro, enfermedades reemergentes como sarampión y VIH, por lo que el año entrante debería estar orientado a la protección, a la adquisición de vacunas y a mejorar elementos diagnósticos. Sin embargo, el médico vislumbra en Venezuela, el empeoramiento del abastecimiento de insumos en los centros de salud, y en las próximas semanas una tendencia de ascenso en los contagios, así como el inicio de la segunda ola de Covid-19.

Entre otros aspectos, Castro explicó que la contracción prolongada de la economía ralentiza la transmisión viral, y en el caso de Venezuela un factor de incidencia en periodos de estabilización es la inmovilidad impuesta por la escasez de gasolina. Añadió que en los países que celebraron elecciones se reportó un impacto  de “transmisión excesiva, de  casi 30% en la curva histórica”.

Destacó que con la identificación de las actividades de alto y bajo riesgo, es posible influir en la transmisión del virus y ello permitirá la aplicación de estrategias “más quirúrgicas”, en lugar de cuarentenas generales.

Castro considera que por lo pronto, la vacuna rusa será la más accesible y probablemente estará disponible para el segundo semestre del año que viene. 

Erosión del capital social

Susana Raffalli, nutricionista especializada en gestión de la seguridad alimentaria, en emergencias humanitarias y riesgo de desastre, expuso en su intervención que la población en situación de hambre en la región se ha mantenido estable, mientras en Venezuela ha reportado una “escalada indetenible”, y de forma sostenida desde 2012.

La también asesora de Cáritas Venezuela, sostuvo que la FAO en 2019 precisó más de 19 millones de venezolanos en situación de hambre, y que el país está entre las diez peores  crisis alimentarias, junto a Haití, y por razones que no corresponden a una guerra o fenómeno de desastre natural,  como  terremotos o sequías.

“No es una crisis humanitaria habitual, el tipo de daño y su naturaleza, la vuelve compleja y difícil de manejar. Esta crisis supone la incorporación de varias emergencias. Se suma el agravamiento de las sanciones internacionales, la pandemia por Covid-19, y con ella, el retorno de venezolanos con necesidades especiales. También se adiciona el fenómeno de la niña (inundaciones). Es una emergencia dentro de otra,  un aplastamiento.” 

Raffalli habló de la erosión del capital familiar, de los vínculos como sociedad y de los valores, de una transformación que implica la instalación de nuevas realidades y de la violencia “que pasa por el desgaste de los medios de vida y la destrucción masiva de lo que somos”.

Comentó que ante la erosión del capital social hay quienes resisten y hay quienes se corrompen o huyen, y de no encontrar soluciones para la emergencia, alertó, la precariedad se normalizará, habrá una normalización del fondo: se incrementará la pérdida del valor monetario del trabajo, que acentúa las desigualdades, se profundizará el deterioro y liquidación de la familia, surgirán nuevas formas de violencia, aumentará el desplazamiento interno y la impunidad, se acelerará la destrucción del patrimonio nacional 

Raffalli anticipa el desplome de la confianza en el sistema humanitario internacional, mayor desconexión entre las partes del país (los que compran en bodegones y los que comen de la basura), visualiza surgimientos de nuevos liderazgos en la sociedad civil, que sustituyen a los liderazgos desgastados, sin claridad de intereses y agendas. Agrega que habrá un rezago importante en las reivindicaciones de los derechos civiles y políticos.

El país que conocimos no volverá

El director de Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros,  manifestó que la Venezuela que conocimos, no volverá y de existir algunos cambios, será diferente, pero no igual.

El panorama de 2020 cierra, según Oliveros, con una contracción acumulada superior al 80%, tercer año en hiperinflación, caída inédita de la producción petrolera, colapso generalizado de los servicios e incremento de la desigualdad y pobreza, desaparición del Estado empresario, desplome de ingresos fiscales  ordinarios, destrucción del valor del salario y la seguridad social.

“Venezuela termina el año con una quinta parte de la economía que tuvo en  2013 y con niveles de explotación petrolera similares a los reportados cuando Juan Vicente Gómez”. 

El economista aseguró que el subsidio cambiario en el sector privado ya no existe, dado que la adquisición de divisas se gestiona de forma independiente, “esto es un cambio trascendental”. Por otro lado,  indicó que el nivel de gasto público se presenta con un mínimo histórico, de 15 puntos del PIB.

En 2021, dijo Oliveros, habrá un país pobre, con unos patrones de consumo y tejido económico empresarial lesionado. Proyecta una contracción focalizada, con crecimiento en algunos sectores y cambio en el régimen regulatorio; la continuación de la tendencia decreciente en la inflación, pero sin capacidad para superar la hiperinflación; nuevo equilibrio en la economía, con una política de puentes abiertos, mercados más reducidos y un mayor peso de la economía negra y la recuperación de poder de compra y consumo en algunos sectores de la población.

Estimó que durante el primer trimestre del año entrante, se mantendrá la cuarentena y eso tendrá un impacto significativo en en el sector privado.  

Incertidumbre y ajustes

No hay perspectivas de solución de la crisis venezolana a corto plazo, la tendencia se orienta hacia su agudización y prolongación, en todos sus registros, expresó la internacionalista y doctora en Ciencias Políticas, Elsa Cardozo, a quien correspondió, analizar el impacto de los geopolítico en Venezuela, junto al también internacionalista y profesor titular de la UCV, Félix Arellano.

Cardozo  señaló que la crisis venezolana se ha internacionalizado y geopolitizado, y en ese sentido aumentaron los retos de la interdependencia y hay una necesidad de cooperación de iniciativas internacionales. “Han persistido los apoyos a la causa democrática, pero hay que revisar las estrategias de la comunidad internacional y de los actores nacionales”.

“Tenemos una dirigencia política que tendrá que hacer ajustes y revisar su estrategia para conservar la atención internacional, considerando factores claves como la gobernanza de facto, los derechos humanos y la emergencia humanitaria”. 

Cardozo relató que el tablero geopolítico está signado por el debilitamiento del tejido institucional, retos al orden político jurídico, confrontación en lo sanitario entre Estados Unidos y China, la consolidación de las potencias autoritarias en sus zonas de influencia, y la carente coordinación de las democracias debido a la complicación de las  agendas por la pandemia. 

En cuanto a las sanciones a Venezuela y el nuevo gobierno de Joe Biden, destacó que se revisarán las que generan un costo social, para devolverles el sentido político  y la  efectividad que deben tener. 

Por su parte, Arellano reafirmó que no se pueden prever los movimientos de la administración demócrata en tan corto tiempo. “El tema venezolano ha contado con apoyo bipartidista, Biden tendrá un equipo heterogéneo, aún por definir,  y se perfila una estrategia de articulación con otros factores externos, y una vinculación transatlántica, pero no a corto plazo”.

El profesor recalcó que China, Irán, Rusia y Cuba no desaparecerán como factores crìticos, no obstante, es posible establecer canales de comunicación con ellos. 

Percibe que el régimen de Maduro se mueve para dar señales de normalidad, de negociación, “pero  es evidente que una negociación no implica un cambio por sí mismo, y quizás se den cambios en materia económica, pero no una salida”.

Sin referencia de liderazgo

Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, puntualizó que “hoy el país es muy parecido al de finales de los años 90, cuando no había importantes referencias de liderazgo, “una situación peligrosa porque queda la puerta abierta para outsiders”. 

“Oposición  y chavismo viven su peor momento”, refirió Seijas al tiempo que aportó cifras correspondientes a diciembre de 2020, en autoidentificación política: 49,2% dice no identificarse con ningún liderazgo, y de ese porcentaje, 31,5% es pro oposición, 10,3% pro chavista, y 7,4% no clasificado.  Un 14% se identifica como chavismo duro-el que acudió a votar el 6D-, 8,3%, chavismo descontento, 10,3%, oposición que no apoya al liderazgo, y 18,2%, oposición que sí apoya al liderazgo.

La semana de la elección parlamentaria, dijo Seijas, un 31,7% estaba seguro de ir a votar, del cual un 84,1% se agrupa en el chavismo duro y un 50,7%, en el chavismo blando. 

Expresó que el poder del gobierno para hacer lo que quiere en el ámbito electoral es un mito, en realidad puede hacer menos de lo que dice o de lo que la gente cree, y el tener que reconocer una participación de 30%, es una demostración de ello.

Seijas indicó que el ambiente que predominará en 2021 será el mismo de los últimos dos años, sin  referente claro en el oficialismo y en la oposición. Añadió que Juan Guaido cuenta con un nivel de apoyo que está por debajo del 30%, pero se sigue ubicando por encima del resto de los liderazgos de oposición.

El profesor reveló que en el mes de septiembre, un 72,1%consideraba que la pandemia aumentaba, y en diciembre, ese número bajó a un 46,2%.

Transformación de escenarios

El director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, Benigno Alarcón, detalló que las elecciones favorecen la autocratización cuando disminuyen los costos de represión y el régimen tiene costos de tolerancia o salida que dificultan aceptar un cambio en el poder. 

De cara a las pasadas elecciones parlamentarias, el gobierno implementó tácticas de clientelismo competitivo electoral, normalmente aplicadas en procesos electorales que se desarrollan bajo regímenes autoritarios híbridos, tal como se evidenció en las elecciones parlamentarias 2020, en las que se fabricaron, de manera inconstitucional, 110 curules adicionales, que atrajeron la participaron de 107 partidos y unos 14 mil candidatos postulados, para que finalmente el oficialismo se quedara con el 90% de la Asamblea Nacional.

Por otra parte, continuó, las elecciones sirven para democratizar cuando  la oposición hace que la represión sea más costosa y puede reunificarse y movilizarse. Este es un planteamiento que Alarcón cree posible en Venezuela.

Durante su exposición, Alarcón abordó una serie de variables que inciden en la construcción de futuros escenarios, una de ellas, las condiciones políticas y electorales, en las que impera la  amplia sobrerrepresentaciòn del oficialismo con la que se hizo del  control de la Asamblea Nacional. En esta variable contempla cambios en la normativa electoral y la que rige a los partidos políticos, para la reconfiguración de ese espectro, para crear una oposición legal y una ilegal, cooptación evidente; la convocatoria de elecciones regionales y municipales, con la que se presentará el dilema a la oposición de asistir o no, que puede provocar nuevas divisiones; y la estrategia del gobierno para generar una elección multipartidista, no competitiva, con  condiciones que promuevan una elevada abstención y la dispersión del voto.

Otra variable analizada por el profesor fue la cohesión entre la Fuerzas Armadas y el gobierno, “ambos tienen  bajos niveles de legitimidad, la gente no los diferencia y su supervivencia depende de esa cohesión”.  Alarcón subrayó que el aparato represivo es clave en una transición, bien sea por acción u omisión, y que probablemente el año que viene haya menores necesidades de represión, lo que resta peso a los uniformados en las decisiones políticas del régimen, y eso, a su vez, debilita la referida cohesión. 

El profesor Alarcón también advirtió que “estamos en el escenario ideal para el gobierno,  alejados de los escenarios de transición, pero lo que puede suceder a principios de 2021, es el intento de la oposición de retomar la calle como continuación de la estrategia de Consulta Ciudadana en la que participan quienes en principio continúan apoyando a Guaidó y el G4. Este escenario no reúne las condiciones para avanzar en una transición democrática, por lo que el escenario para el primer semestre de 2021, al igual que sucedió durante el 2020, sigue siendo el de la autocratización progresiva del régimen”.

Aquí, de acuerdo con Alarcón, es determinante, durante el primer semestre la variable Covid-19, porque abonará a la desmovilización, pero, para el segundo semestre es posible que repunte la movilización por temas electorales, pero eso dependerá de las decisiones que tome la oposición. 

Insistió en que por ahora no hay oposición para sustituir a la tradicional, como habría sido la intención del gobierno (lo que se convierte en una nueva oportunidad para Guaidó y los partidos que le acompañan), por lo que se hace imprescindible revaluar y revalorizar la unidad que tiene un mayor potencial para movilizar al menos a un 25-20% de la población opositora, y no caer en el juego de la fragmentación que el régimen alimentará a través de los incentivos electorales del próximo año. Lo fundamental-sugirió-es la unidad, la reorganización, y una estrategia de presión nacional e internacional.

“Mientras tengamos este gobierno no habrá condiciones perfectas en las contiendas electorales, siempre será un campo minado, pero hay que aprender a caminar en él. El año que viene habrá elecciones regionales, municipales y  más adelante la posibilidad de un eventual referéndum revocatorio. Las oportunidades están en frente, solo  hay que tomar decisiones coherentes”.

Para Alarcón las tendencias advierten sobre los peligros, y si estamos conscientes de las variables y los escenarios, podemos trabajar para transformarlos.

Aquí puedes ver todas las presentaciones y el boletín de Prospectivas 2021, primer semestre:

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