
Tomada de El Confidencial
José G Castrillo M (*) 18.02.25
China, el país del centro, es un actor geoestratégico de carácter global con un peso indiscutible en los ámbitos geopolítico y económico a nivel internacional. Su participación en organizaciones como la ONU y su capacidad para movilizar recursos económicos y políticos la convierten en un jugador clave. Ha fortalecido sus lazos diplomáticos con numerosas naciones a través de iniciativas como la Franja y la Ruta, mediante las cuales busca construir una red de infraestructura—carreteras, puertos, aeropuertos y ferrocarriles—para expandir su comercio en Europa, Asia, África y América Latina.
China es la segunda economía más grande del mundo y uno de los mayores exportadores e importadores del comercio global. Además, ha estado desarrollando capacidades militares y tecnológicas que la posicionarán como una superpotencia tecno-militar del siglo XXI.
Sin embargo, esta gran nación enfrenta una serie de retos que deberá superar para consolidarse como la principal superpotencia mundial.
1.) Transformar la economía y mantener un crecimiento sostenible.
China debe transformar su modelo económico, que hasta ahora ha dependido en gran medida de la manufactura y las exportaciones, hacia un enfoque más equilibrado que priorice el consumo interno, la innovación tecnológica y la sostenibilidad. El envejecimiento de la población, la desaceleración económica global y las tensiones comerciales con otras potencias afectarán su crecimiento.
Las reformas estructurales serán necesarias para evitar el estancamiento y lograr un desarrollo más inclusivo, con mayor valor agregado nacional.
2.) Gestionar las tensiones geopolíticas y las relaciones exteriores.
Las relaciones de China con Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, la India y Rusia serán clave para su estabilidad y prosperidad futura. En 2025, es probable que las tensiones con Estados Unidos continúen o incluso se intensifiquen, especialmente en áreas como el comercio, la tecnología, la seguridad y la influencia en el Indo-Pacífico.
Además, las disputas en el mar de China Meridional, Taiwán y la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) son puntos críticos en su política exterior. La diplomacia china deberá ser astuta y flexible para equilibrar sus relaciones internacionales y evitar confrontaciones directas, al mismo tiempo que consolida su liderazgo global en los espacios que Estados Unidos está dejando vacíos.
3.) Afrontar los retos demográficos y sociales.
China atraviesa una crisis demográfica debido al envejecimiento de su población y a una tasa de natalidad en declive. Esto tendrá profundas repercusiones económicas, ya que habrá menos trabajadores jóvenes para sostener a una población envejecida, lo que incrementará la presión sobre los sistemas de pensiones y la atención sanitaria.
Además, persiste el desajuste entre el crecimiento de la población en áreas urbanas y rurales. Promover una mayor igualdad social y mejorar la calidad de vida de las clases bajas y medias serán cuestiones esenciales para garantizar la estabilidad social.
4.) Mantener la gobernanza y política interna.
La estabilidad política y el control del Partido Comunista Chino (PCCh) seguirán siendo prioridades estratégicas. En 2025, el gobierno enfrentará el reto de gestionar posibles fricciones sociales internas, como el descontento por la corrupción, la creciente desigualdad económica y la presión por mayores libertades individuales.
El control sobre regiones sensibles como Hong Kong, Xinjiang y el Tíbet será esencial para evitar cualquier forma de disidencia o inestabilidad que amenace la cohesión del país. Además, la consolidación del control sobre la información y las redes sociales será crucial para mantener el dominio sobre la narrativa nacional.
5.) Desarrollo tecnológico y autosuficiencia en la nueva economía.
China ha realizado grandes inversiones en áreas estratégicas como inteligencia artificial, telecomunicaciones, energía renovable y semiconductores, con el objetivo de reducir su dependencia tecnológica de otros países, especialmente de Estados Unidos y sus aliados.
El desafío será lograr la autosuficiencia en sectores clave como la fabricación de chips y la infraestructura tecnológica avanzada. Esto no solo garantizará su competitividad económica, sino que también reforzará su soberanía tecnológica y su posición en la geopolítica global, dentro de su competencia estratégica con Estados Unidos.
China se ha consolidado como un actor global fundamental desde que inició su programa de reforma y apertura a finales de los años 70. Su ascenso, basado en el desarrollo económico y la creación de capacidades nacionales para convertirse en la «fábrica del mundo», es innegable. Sin embargo, para mantener su dinamismo, deberá implementar nuevas reformas económicas y políticas que le permitan superar los retos descritos.
Su agenda o programa de rejuvenecimiento nacional, que busca la transformación económica y la unificación nacional para 2049, enfrenta en 2025 el obstáculo de la política exterior de «América Primero» promovida por Donald Trump con una actitud más agresiva hacia sus aliados y adversarios sistémicos, lo que podría representar un desafío adicional para sus ambiciones globales.
(*) Politólogo /Magíster en Planificación del Desarrollo Global
Categorías:Destacado, Opinión y análisis






Escúchalo aquí


























