
Tomada de Los Ángeles Times
Oscar Hernández Bernalette 19.06.25
Bajo los auspicios de la UCAB, la KAS y AUSJAL se editó hace un tiempo un estudio sobre la crisis y el desencanto con la Democracia en América Latina .De los los excelentes textos presentados con rigurosidad y análisis se puede concluir que nuestra región esta en déficit y en una crisis de valores democráticos. Que la región retrocede, independientemente y a pesar de los procesos electorales y que las demandas no satisfechas abren las exclusas para el populismo y el totalitarismo en sus diversas acepciones.
En ese sentido, hay un elemento transversal que muchas veces dejamos de lado cuando nos sometemos a la rigurosidad académica y es el que se refiere al papel que ejercen los “elegidos” que ejercen el poder y a la falta de consistencia entre las ofertas electorales y sus apegos respectivos a los valores propios de la democracia. Vemos la tendencia de los que gobiernan a manejar los asuntos de Estado alejados de los marcos constitucionales, debilitar el equilibrio de poder, controlar las instancias judiciales, incluyendo a los tribunales supremos, así como debilitar los órganos legislativos.
En varios de estos países, la modificación de la constitución para permitir la reelección se convierte en un objetivo para garantizar, bajo el control de los órganos electorales, la permanencia en el poder. Este fenómeno sistematizado en parte de la región y sin diferenciar necesariamente el corte ideológico de quien ejerce el poder, se convierte en una carta de navegación que no es de factura exclusivamente latinoamericana, sino que en Europa y ahora en los Estados Unidos pareciera convertirse en una predisposición. El sistema democrático entre sus virtudes tiene sus propios mecanismos: pesos y contrapesos para mantenerse como la forma ideal de gobernanza. Ya no es solamente el populismo y la desconfianza en las instituciones lo que debilita las democracias. Es, en mi opinión, el debilitamiento de las instituciones y el Estado de derecho producto no solamente de convulsiones por la insatisfacción de las demandas populares, sino más bien consecuencia de un formato predeterminado, caracterizado por el personalismo de quienes gobiernan, sustentados por élites corruptas y cortes embriagadoras que “amplían” poder a quien asume la autoridad. Muchos de los que gobiernan quieren poder absoluto y eso es lo que hoy los pueblos reclaman en estas democracias debilitadas. No quieren reyes sino estadistas, hombres con vocación democrática a toda prueba.
Un mensaje poderoso
Millones de personas en días pasados salieron a las calles en Estados Unidos, el grito de guerra, No King, si lo ampliamos significa para el resto del mundo “no reyes”, es un alerta temprana desde esa sociedad ,el pueblo es la democracia y no la pueden conculcar quienes quieren aferrarse al poder. Estados Unidos, país que ha generado una disrupción en el mundo occidental está a punto de apagar el faro de la libertad que ha sido parte del centro de su existencia. No King es un mensaje profundo que hay que leer en su justa dimensión, va más allá del tema migratorio y los múltiples atropellos que hemos visto en los últimos días, es un grito para atajar la tendencia de que la democracia se pierda no porque hay incumplimiento de las demandas sociales , sino porque el país se conduce hacia el personalismo, hacia el debilitamiento de las instituciones, a que se irrespeten decisiones judiciales y que los balances y contrapesos simplemente no existan .
Esta realidad objetiva, de mantenerse, es un golpe mortal para la democracia en el mundo incluyendo en nuestra frágil región latinoamericana, que sin duda perderá un aliado moral en el esfuerzo por garantizar que las bases de la democracia se consoliden en nuestro país. Si en Occidente se pierden los baluartes de la democracia, se incrementará la tendencia hacia las autocracias, la corrupción, y la violación de los derechos humanos. La democracia entendida integralmente es un medio fundamental para la construcción de la casa común, decía el papa Francisco. Si los reyes se imponen, se debilita ese sistema político siempre perfectible desde adentro.
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