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Sobre la guerra híbrida: la importancia de la percepción

Tomada de la Revista Ideele

Andrea Povarchik Percoco 12.01.26

La nueva coyuntura es un reflejo de la reorganización de la cotidianidad producto de nuevos eventos mundiales que exhortan al análisis bajo un nuevo lente, con ojos nuevos, no necesariamente mejores, pero sí distintos. Si hay una palabra que describe a la actualidad es, sin duda, “cambio”, pero ¿con respecto a qué? La respuesta: con respecto a todo. Parece una frase somera, e incluso cliché, pero la realidad es que, dado el panorama mundial actual, todos los paradigmas preestablecidos se encuentran en proceso de revisión y transformación.

Ciertamente, el cambio crónico genera un ambiente de zozobra y crisis natural por el desplazamiento de la sensación de estabilidad; aun cuando es importante tener en cuenta que esto, así como los desajustes y la reorganización han existido desde la concepción del mundo. Sin embargo, lo curioso es que en el presente dichas crisis por cambios en la estructura preconcebida han sido particularmente continuas, dando una percepción de permanencia y longevidad que no parece cesar. De acuerdo con The Oxford English Dictionary (2023), este panorama incierto y de cambios se denota como permacrisis, un fenómeno caracterizado “por una constante y significante confusión e inestabilidad, la cual es esparcida a lo largo de una sociedad como causa de una seguida serie de eventos como guerras, recesión económica y enfermedades pandémicas, entre otros”. Así, la permacrisis, tal que acaecimiento mundial, ha incidido directamente en distintas áreas de nuestra vida en sociedad; ejemplo de esto lo encontramos en el consecutivo aumento de los malestares sociales a nivel internacional traducidos en movilizaciones y protestas ciudadanas, en el aumento de las tensiones interestatales, nuevos procesos de negociación, parálisis o ralentización del mercado internacional y demás.

Si a diario se revisan las noticias, se pueden identificar con facilidad aquellos elementos que conforman la permacrisis de nuestros tiempos, la cual se hace notar a través de la tendencia de ajuste del balance de poderes del Sistema Internacional, manifestándose a través de la incertidumbre, confusión, e incluso, inestabilidad política y social. Ante tal escenario, se abre la posibilidad de intuir que los nuevos tiempos requieren de nuevos conceptos que respondan al contexto en el que se desarrollan, así como de nuevas relaciones que no dejen en rezago lo que ya es conocido y entendemos como historia.

Sobre la geopolítica como escenario

En un mundo donde existen los dominados y dominadores, en el que la interdependencia entre actores se profundiza cada vez más, y en el que la incertidumbre producto de la permacrisis forma parte del día a día, la geopolítica, ha retomado su papel fundamental dentro de las agendas de Estado, dado que es ahí donde converge el manejo de los distintos sistemas políticos de todas las naciones, al ser un elemento que no solo contempla, sino que influencia, el diseño e implementación de las estrategias estatales a las que agrupa en un contexto globalizado.

Justamente, dado el ambiente particularmente hostil del Sistema Internacional, temas como la agenda bélica, la seguridad, la inteligencia y la defensa entran en boga. La seguridad es un concepto que ha evolucionado desde la génesis del Estado moderno westfaliano, pasando por distintos hitos mundiales de naturaleza bélica y que ha desembocado en el desarrollo de un enfoque académico del entendimiento ampliado de la gobernanza que le permite a los distintos académicos determinar cómo los actores ejercen su poder, tanto de manera formal como informal, dentro de sus distintos niveles de acción: local, regional, nacional e internacional.

Sin embargo, se han presentado ocasiones donde las estrategias de seguridad y defensa de un Estado no se alinean con valores y una cosmovisión de protección de los ideales asociados a los derechos humanos y la libertad, sino que responden a un proyecto de poder, no de naturaleza política, que entiende la utilización de recursos militares como parte de un plan ofensivo, como parte de la política de Estado. Es en dichos casos en los que la agenda estatal responde a un estilo de gobernanza que busca generar conflicto, en tanto que mecanismo que aúna a consolidar la obtención de un objetivo de poder en particular, y que además funge como el caldo de cultivo ideal para el desarrollo de nuevos metodologías bélicas que sumen a una esfera de poder personal o estatal, como es el caso de las guerras híbridas.

Entendiendo la guerra híbrida

A fin de cumplir con el objetivo expositivo de este artículo, nos decantamos por definir la guerra híbrida como el “uso sincronizado de múltiples instrumentos de poder adaptados a vulnerabilidades específicas a lo largo del espectro de funciones sociales, con el objeto de alcanzar efectos sinérgicos.” (Cullen, P y Reichborn-Kjennerud, 2017. p 8) Observemos que esta propuesta conceptual hace referencia a una forma de guerra que tiene como objetivo diseñar, de manera premeditada, consensuada y específica, ataques síncronos que apuntan al detrimento de un conjunto de debilidades del actor adversario, las cuales se pueden encontrar dentro de cualquier esfera de la vida en sociedad, pero, sobre todo, en el individuo y en su forma de pensar.

Teniendo su génesis en la guerra de cuarta generación[1], en el entendido de lo castrense, la guerra híbrida mantiene un enfoque abierto entre actores estatales y civiles, con el objetivo de sincronizar varios instrumentos de poder en contra de ciertos elementos endebles, y así poder generar efectos directos e indirectos en contra del actor agredido. Es por esta razón que se le clasifica como asimétrica, en vista de que utiliza variedad de herramientas de poder, y grados distintos de elementos de la guerra convencional, como la estrategia y creatividad bélica, los ataques ambiguos o concretos, y la manipulación cognitiva, a fin de lograr sus objetivos. (Williamson, S, 2009, p. 3)

Entonces, es de notar que para entender la guerra híbrida es necesario considerar que existen distintos instrumentos de poder, los cuales son utilizados, de manera simultánea y en distintas dimensiones, así como escalas, en un canon de sincronía particular para cada potencial escenario.  De esta manera, los actores involucrados están en la capacidad y disposición de emplear medios militares, políticos, económicos, religiosos, civiles, de información, entre otros, con el fin de diseñar una estrategia de ataque o contraataque que responda al perfil de vulnerabilidades de los individuos y/o sistemas de una sociedad determinada.

Asimismo, un elemento nuclear de esta taxonomía bélica son las estrategias en las zonas grises, las cuales son “actividades coercitivas y agresivas por naturaleza, pero que son deliberadamente diseñadas para mantenerse por debajo del límite de los conflictos militares convencionales y guerras interestatales abiertas”. Dichos límites, también conocidos como líneas rojas, son aquellas difusas fronteras entre la paz y la guerra, las cuales son delimitadas por negociaciones y acuerdos entre Estados, y que son particularmente aprovechadas por poderes y revisionistas -es decir, aquellos actores que buscan modificar algún aspecto del ambiente internacional existente- con el objeto de alcanzar metas asociadas con ganar una guerra antes de que esta sea declarada.

Así, las actividades de la guerra híbrida de naturaleza no militar (política, económica, de información, social, religiosa, entre otras) son las más propensas a ejecutarse dentro de estas zonas, dado que protegen durante períodos prolongados a los actores atacantes, a la vez que se aúnan al detrimento de su contraparte desde posturas poco explícitas y sin cruzar los límites que lleven a una agresión directa y a la declaración de la guerra tradicional.  Es importante tomar en cuenta que este tipo de acciones en las zonas grises no dejan de ser motivo de erosión social, ya que si bien el daño no es infligido con municiones, las heridas son de igual gravedad. (Brands, H, 2016, p. 1)

Notemos que, en función de no cruzar las líneas rojas, los actores partícipes de las guerras híbridas entienden que la batalla se puede librar en más de un campo, razón por la que los ciudadanos se vuelven el foco principal de ataque, siendo la psique, emocionalidad y cognición, los puntos principales de este modelo bélico, representando una ventaja estratégica y de economía con respecto a aquellos basados en el desgaste y destrucción militar y política directa, pero no por ello menos efectiva. (Cullen, P y Reichborn-Kjennerud, B, 2017, p.8)

Una salvedad: el disenso académico sobre el concepto

Un elemento que circunda a la guerra híbrida fuera del campo de batalla es el disenso académico. La variedad de definiciones producto del entendimiento limitado de esta modalidad bélica llega al punto de polarizar de forma evidente a aquellos académicos que la consideran un término de moda para señalar técnicas ya existentes, señalando que tiene poco fundamento teórico,  y aquellos que la perciben como una nueva estrategia bélica, con base en un contexto internacional siempre volátil e interconectado producto de las facilidades tecnológicas y de comunicación.

El primer analista en investigar sobre el modelo híbrido fue el Dr. Frank Hoffman, investigador de la Universidad Nacional de Defensa en Washington D.C., quien diagnosticó el incremento de la presencia de un fenómeno bélico que involucra distintos métodos y medios, así como la combinación de elementos regulares, irregulares, tecnologías, entre otros, con el potencial sinérgico de producir una guerra. La idea de Hoffman se basa en dos tipologías de guerra ideales: los enfrentamientos regulares e irregulares, los cuales al unirse generan una variante híbrida.

Sin embargo, fue en el año 2014 cuando la propuesta de Hoffman tomó auge, tras la ocupación y anexión de la Península de Crimea, Ucrania, por parte del Kremlin, hito que hizo que la guerra híbrida fuera entendida como un producto de la implementación de las acciones sugeridas en el presciente discurso del general de las Fuerzas Armadas rusas Valery Gerasimov, ya que si bien el general no menciona ni a Ucrania ni el término “híbrido”, el foco del texto está en la posibilidad de emplear medios no militares para catalizar un conflicto en Estados.

Independientemente de si el lector esté de acuerdo con que la conceptualización es fruto de una moda, o no, lo objetivo es señalar que este modo de conflicto puede entenderse en función de un adversario que emplea de forma simultánea y adaptativa la mezcla de armas convencionales, tácticas irregulares, guerra psicológica, de información, entre otros, en distintos campos de batalla para obtener sus objetivos políticos o de poder, valiéndose en gran medida de las “fuerzas por proxy”.

La importancia del contexto para la guerra híbrida

Si se considera que las estrategias de la guerra híbrida están diseñadas en función del perfil particular del oponente, la morfología del contexto, como escenario, en el que se desarrolla el ataque representa uno de los elementos fundamentales. Así, se vuelve el contexto determinante en cuanto a la complejidad y duración de las actividades bélicas, ya que la dificultad inherente a este tipo de conflictos se encuentra en la capacidad de influencia que poseen la geopolítica, la seguridad y la estrategia, en la posición y aproximación que adoptan los distintos actores involucrados.

Otro elemento interesante es que dentro de las guerras híbridas, los actores pueden variar en su naturaleza, es decir, que pueden presentarse en forma de Estados, organizaciones internacionales, empresas internacionales e incluso individuos particulares. El canon de ideas que maneja el Sistema Internacional ha determinado, así, una evolución de las actividades bélicas en la que se puedan ver involucrados distintos actores, por lo que la prioridad se ha virado a aquellas intervenciones, casi quirúrgicas, en las que la precisión y la rapidez son claves para evitar un contacto directo y prolongado que desemboque en un gran número de bajas. Vemos, que con esta estrategia no se busca eliminar una amenaza, sino generar adeptos dentro de las poblaciones intervenidas para que se alineen a las causas propiciadas por ideologías y proyectos de poder particulares.

La importancia de la percepción

En las guerras híbridas todos los esfuerzos, incluyendo las operaciones militares, se encuentran subordinados a la campaña de información, la cual es parte nuclear de las estrategias de acercamiento operacional dentro de las zonas grises, por lo que, como mencionamos con anterioridad, las técnicas de manipulación psicológica y de desinformación se vuelven las herramientas predilectas para el diseño e implementación de estrategias híbridas, ya que suelen ser las primeras en presentar resultados que aúnen al proyecto de poder del atacante. (Clarck, M, 2020, p.15)

Con base en lo anterior, vemos que ya no se trata de un Estado versus el otro, sino de la identidad y sus reclamos inherentes, lo cosmopolita e inclusivo versus la exclusión particularista, por lo que los conflictos centran su búsqueda en  el control de la población y de los tomadores de decisión política, más que sobre el territorio. Así, la tendencia general se distancia de las situaciones en las que las fuerzas coercitivas imponen condiciones militares para soluciones políticas, a pesar de que sigue siendo un elemento crucial de la concreción de objetivos.

Lo anterior aplica en todas las etapas del conflicto, pero se vuelve más relevante cuando se libran tanto en el dominio físico como en el cognitivo y en el cibernético de forma simultánea, ya que el resultado no es un efecto sobre un enemigo, sino en una audiencia estratégica. Es por ello que las políticas, estrategias y la llamada conducta militar se han adaptado y diseñado para influir a estas audiencias civiles, considerando que toda actividad dentro del conflicto va a ser interpretada, legitimada -o no- por estas. Aunado a esto, el uso de la guerra psicológica, en la que se incluyen elementos cibernéticos, operaciones de engaño y el uso estratégico de las redes sociales se vuelve cada vez más común.

La búsqueda de la producción inorgánica de legitimidad se vuelve, entonces, uno de los elementos neurálgicos de los conflictos híbridos, lo cual se suele ver en el cuestionamiento de la población y la percepción de las redes sociales sobre los que es verdaderamente legítimo, y por tanto, de aquello que se vuelve prioridad. Este fenómeno formaliza un contexto en el que el significado colectivo sobre los hechos puede fungir como un elemento de mayor peso en las decisiones que la propia realidad, sobre todo cuando se trata de informar sobre el comportamiento último de audiencias estratégicas claves; de modo que se actúa en función de que si los medios, la población y los tomadores de decisiones entienden algo particular como verdad, entonces actuarán de forma acorde.

En vista de lo anterior, la volubilidad de la opinión pública nacional e internacional, sumadas a las presiones por sobre los intereses de las organizaciones internacionales, las compañías transnacionales, los recursos naturales, la negación de las voluminosas bajas inherentes al uso de tácticas y medios tradicionales de combate, el temor a los daños colaterales, y a los potenciales costos políticos y electorales, forman la ecuación ideal para la génesis de la guerra híbrida y las estrategias de creación de legitimación a través de una percepción inducida por nuevos actores y elementos.

[1] Forma bélica que responde a la pérdida del monopolio legítimo de la violencia por parte del Estado, al surgir conflictos de corte cultural, étnico y religioso, la presencia de la globalización y el avance tecnológico, con actividades de carácter descentralizado sin un campo de batalla concreto. (Williamson, S, 2009, p. 3)

Referencias

Brands, H (2016) Paradoxes of the Grey Zones. https://ssrn.com/abstract=2737593

Clark, M (2020) Russian hybrid Warfare. Institute for the Study of War. https://www.understandingwar.org/sites/default/files/Russian%20Hybrid%20Warfare%20ISW%20Report%202020.pdf

Cullen, P y Reichborn-Kjennerud, B (2017) MCDC Countering Hybrid Warfare Project: Understanding Hybrid Warfare. https://www.gov.uk/government/publications/countering-hybrid-warfare-project-understanding-hybrid-warfare

Hoffman, F; Neumeyer, M y Jensen, M (08 de julio de 2024) The future of hybrid warfare. Center for Strategic and International Studies. https://www.csis.org/analysis/future-hybrid-warfare

Käihkö, I (2021) The evolution of hybrid warfare: Implications for strategy and the military profession. The US Army War College Quarterly: Parameters. 51(3) pp. 115-127. doi:10.55540/0031-1723.3084. https://press.armywarcollege.edu/parameters/vol51/iss3/11/

Nissen, T (2015) The Weaponization of Social Media. Characteristics of Contemporary Conflicts. Royal Danish Defense College https://www.fak.dk/globalassets/fak/dokumenter/publikationer/-the-weaponization-of-social-media—2016-.pdf

The Oxford English Dictionary (septiembre 2023) Permacrisis. https://www.oed.com/dictionary/permacrisis_n?tab=meaning_and_use#1388877620

Williamson, S (2009) From fourth generation warfare to hybrid war. [Tesis de Grado] https://indianstrategicknowledgeonline.com/web/FROM%20FOURTH%20GENERATION%20to%20hybrid.pdf

Wither, J (2020) Defining Hybrid Warfare Per Concordiam 10(1) p. 10-15 https://perconcordiam.com/perCon_V10N1_ENG.pdf


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