Destacado

La geopolítica, raíces físicas y psíquicas de Venezuela

Claudio Alberto Briceño Monzón[1] 10.02.26

“Si la política es el arte o la ciencia de conducir un pueblo hacia el bien común, la Geopolítica es la ciencia o el arte que trata de hallar las raíces físicas y psíquicas que actúan en la historia…. Poseemos quizás ciertas raíces psíquicas que en tanto de hombres libres debemos conducir al igual que los hombres libres que nos precedieron lo hicieron cuando trataron de conducir y en cuanto construyeron en esta nación nuestra que se llama Venezuela.”[2]    

Hace medio, siglo en 1976, Venezuela nacionalizaba su petróleo; de igual manera, los estudiosos de nuestra conformación territorial nacional, como el padre Hermann González Oropeza, nos invitaba a repensar la conexión entre la política, la geopolítica y el destino de una nación aludida con el topónimo de Venezuela.    

En ese acierto, González Oropeza, nos proyecta a la política como arte de administrar para el buen gobierno, el objetivo fundamental de la acción ciudadana. Desde una visión en la cual en vez de que la decisión de gobernar debe estar encaminada a maximizar el bienestar colectivo y el progreso del país. En esa mirada de la geopolítica se presenta como la disciplina que extrae “las raíces físicas y psíquicas” que crean la historia.

Las “raíces físicas” se refieren a elementos geográficos: territorio, recursos naturales, ubicación, orografía, hidrografía, etc. Estos factores espaciales imponen restricciones; pero también ofrecen las circunstancias estratégicas para la fortuna ciudadana. Las “raíces psíquicas” aluden a los aspectos del arraigo: la identidad nacional, la cultura, la historia compartida, los valores, los anhelos colectivos, el sentir de un pueblo. Todos estos elementos influyen, de una u otra manera, en cómo las sociedades en diferentes tiempos han percibido su entorno paisajístico y han actuado sobre él. Comprender estas raíces es esencial para un efectivo desarrollo ciudadano. Ignorar la geografía o la psicología colectiva de una nación es construir planes sobre cimientos débiles.

Este atisbo de Hermann González Oropeza, sobre la herencia de “los hombres libres” y la conducción de la nación, evoca a una responsabilidad de un legado histórico. Se nos dice que poseemos ciertas “raíces psíquicas” que, como “hombres libres”, debemos conducir. Esto implica autodeterminación, la libertad de escoger nuestra propia administración y no ser mandados por fuerzas externas.

No somos meros espectadores de la historia, sino ciudadanos activos que nos concierne tener la capacidad y obligación de buscar el mejor horizonte de desarrollo para la nación. Ese es el sentido de la referencia a los “hombres libres que nos precedieron” y de su labor de “conducir y construir” Venezuela. Apunta a que la política debería fundamentarse    en la alternancia de los logros y visiones de quienes sentaron las bases de la nación. Por esta razón es tan importante reconocer la importancia de la identidad y los valores nacionales “raíces psíquicas” como motores de acción, cohesión, y utilizarlos para guiar el desarrollo territorial ciudadano.

Conducir a Venezuela hacia su bien común -político-, entendiendo las fuerzas geográficas y psicológicas que han trazado su historia -geopolítica-, son reflexiones que nos permitiría reconocer nuestra libertad y responsabilidad de tomar las riendas del destino nacional, inspirándonos en el legado de quienes han construido cívicamente la nación, para guiar activamente su desarrollo futuro y asegurar su prosperidad. El compromiso debe ser, por tanto, una fusión de análisis riguroso de las realidades geográficas e intelectuales, con una visión inspirada en la libertad de nuestra herencia histórica.  

La geopolítica contemporánea reconoce que la territorialidad venezolana constituye una de las formas de solidaridad más poderosas para unificar a la sociedad nacional. Esta territorialidad debe ser pensada no solo como un legado valioso, sino como un desafío constante que nos reclama hacer frente a las dificultades y valorizar sus iniciativas y posibilidades. Hay que sentir, reflexionar y obrar con optimo conocimiento, en el desarrollo de las opciones de la territorialidad nacional.     

En el contexto actual de Venezuela, sería recomendable aplicar estos principios de la geopolítica para así lograr consolidar la prosperidad ciudadana. Ello implicaría recuperar la comprensión del espacio vital, que ha estado arraigado en nuestro entorno físico y psicológica, trascendiendo las ideologías políticas. De este modo, se robustecería el gentilicio venezolano, promoviendo el ordenamiento territorial, el ascenso democrático y el respeto ciudadano.  


[1] Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Coordinador del Doctorado en Estudios Políticos ULA.

[2] Hermann, González. La Historia de la Geopolítica de los Ríos Venezolanos (1976). Caracas: Instituto para la Interconexión Fluvial Suramericana, p.8

Deja un comentario