Espacio plural

El Tiempo

reloj-y-manuscritoPor: CN. Pedro González Caro / Junio 2013

¿Cuándo comenzó? ¿Tendrá alguna influencia en los acontecimientos?¿Habría sido yo mismo, si me hubiesen concebido en otro momento del tiempo? A estas y otras preguntas que dejo a usted formularse, solo podremos responder si reflexionamos profundamente; porque el pensamiento es la única fuente inagotable de recursos para aproximarse a la verdad del conocimiento, emulando el pensamiento de Platón, para elevarnos, mediante la razón, hasta alcanzar el fascinante mundo de las ideas para traerlo hasta el imperfecto mundo de los sentidos en que vivimos.

En mi caso particular pienso que el tiempo tiene una influencia determinante en el curso de los acontecimientos y que todo lo que va a ocurrir en el futuro depende fundamentalmente de lo que hagamos en el presente, pero adicionalmente depende también del “momento presente” en que se ejecute esa acción, voy a explicar este planteamiento con un ejemplo: En el futuro no chocaré si en el presente aplico los frenos de mi automóvil; pero si dejo que el tiempo siga su indetenible curso hasta otro momento, también presente, en que ya sea tarde, entonces el futuro inmediato habrá cambiado y chocaré, aún cuando haya frenado con toda la fuerza posible.

De esta reflexión puedo construir dos relaciones: Una de ellas me conduce a pensar que todo lo que va a ocurrir se va construyendo con las acciones del presente, por lo tanto no hay ninguna definición previa de los acontecimientos, de modo que, al igual que en el caso del “choque”, el futuro podrá cambiar radicalmente con cada una de nuestras acciones del presente. En segundo lugar también pienso que el presente es tan efímero que solo mientras pienso en él, ya se ha convertido en pasado inalterable, indeleble, e inalcanzable.

El pasado entonces, como por arte de magia, se ha convertido en experiencia, en algo sólido e indestructible que nos permitirá tomar decisiones más convenientes en el momento más adecuado, para construir el futuro que deseamos para nosotros, para nuestra familia o para nuestra sociedad y de este modo poder sobrevivir en un ambiente que, por naturaleza es selectivo, agresivo y competitivo. Por consiguiente, quien intenta no dejarse arrastrar por la impresionante fuerza de los hechos, que pueden conducirlo hacia una dirección indeseada, debe considerar en su proceso de construcción del futuro, al cual de ahora en adelante llamaremos planificación, el estudio profundo de su propia historia, de su identidad social, sus costumbres, y tradiciones; porque, como ya he mencionado, el pasado es lo único realmente seguro e inalterable que puede aportar la visión necesaria para dar soporte lógico a nuestras decisiones de cada día con los pies puestos en el presente y los ojos en el futuro deseado.

Estas fuerzas unas veces más que otras, siempre se refieren a conflictos entre oponentes, que quedarán definidos y se desarrollarán en el tiempo. Si el hombre o una organización renuncian a conducirse, y por el contrario se dejan llevar por la fuerza de los acontecimientos, actuando solo como consecuencia de ellos, estará renunciando al principal derecho humano, que es decidir con libertad hacia dónde quiere ir y cómo alcanzar sus objetivos.

El tiempo transcurre inevitablemente, está presente en todas las actividades humanas y paradójicamente es el recurso más escaso. Quien planifica no puede adueñarse del tiempo de otro, ni lo puede crear para sí mismo. El tiempo es compartido con los oponentes de modo que lo único que puede hacerse es lograr sacar ventaja mediante su uso eficaz y eficiente.

Es de esta manera que la planificación emerge como una herramienta indispensable para garantizarle al hombre la libertad de elegir su camino, las formas de transitarlo y cómo llegar al final. Es un arma de lucha permanente con la que se enfrenta a las crecientes demandas que el medio le impone y de esta forma pueda alcanzar grados más elevados de libertad definida en los términos antes señalados.

Así pues el hombre deberá explotar al máximo el conocimiento del tiempo, es decir, de la historia de su sociedad, de su organización y hasta de su propio pasado; para ganar experiencia identidad consigo mismo y con la organización a la cual pertenece y descubrir que de alguna forma El Tiempo parece estar siempre detrás de todo. O más bien ¿debería decir delante de todo?

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