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Para salir de la pobreza hay que producir, no hay otro camino

Por: Hernán Luis Torres Núñez

Mis estimados lectores, como muchos de mis artículos éste nace de la lectura de un artículo aparecido en la última edición de la revista TheEconomist que atrajo mi atención, y cuyo contenido o idea central he querido adaptar a la realidad venezolana.

En pocas palabras, el artículo mencionado plantea que en los últimos años se ha venido presenciando un fenómeno de desaparición de la pobreza, sobre todo, de aquélla que se llama extrema y que hace que millones de seres humanos vivan con menos de US$ 1,25 al día. TheEconomist plantea que a este paso la pobreza extrema puede desaparecer en unas pocas décadas. La prestigiosa revista sostiene que el descenso en los niveles de pobreza se debe fundamentalmente al desarrollo del capitalismo, en particular en el continente asiático.

Décadas de crecimiento económico han hecho que el incremento en el empleo de la población permita a millones salir del umbral de la miseria, también, las mejoras en los niveles salariales han mejorado sustancialmente la calidad de vida de la población.Esto se ha podido apreciar fundamentalmente en los tigres asiáticos ( Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán), pero también en Vietnam, Camboya, Malasia y por supuesto China. Esta realidad también se ha podido apreciar en nuestro continente americano, en países como Perú, México, Brasil y Chile.

TheEconomist también señala que si el crecimiento económico es acompañado de una política de redistribución del ingreso, los tiempos en que pueda desaparecer la pobreza extrema se reducirán drásticamente.

Cabe destacar que la realidad económica parce estar dando un mentís contundente a la concepción clásica y dogmática de la izquierda mundial que siempre argumentó que el crecimiento económico solo podía significar mayor pobreza y explotación, y que solo una política de redistribución de la riqueza podía sacar de la pobreza a millones de seres humanos.

El caso de China puede ser particularmente ilustrativo, décadas de una economía centralizada bajo la dirección del gran timonel Mao Zedong no lograron mejorar la calidad de vida del pueblo chino, solo la convirtieron en una potencia atómica y militar nada más. El viraje económico con DengXiao Ping, un viraje hacia el capitalismo y de los más salvajes, la apertura al mundo y a las inversiones extranjeras llevaron la modernidad a China, y ha permitido que millones de chinos salgan del umbral de la pobreza extrema. Quienes ya rocen los 60 años como yo, recordarán las imágenes de un Beijing repleto de bicicletas y muy pocos vehículos automotores, y pueden compararlas con las actuales, en las cuales las bicicletas han desparecido y el tráfico automotor es intenso.

Lo que viene pasando con el retroceso de la pobreza extrema, contradice de una manera tajante los postulados de Marx en lo que se refiere al incremento de la pobreza absoluta en el capitalismo. Podemos argumentar que si puede haber un incremento de la pobreza relativa, es decir, que la distancia entre los ricos y los pobres es más grande, pero pareciera ser que el escenario apocalíptico que planteaba Marx para los pobres no se está verificando. Incluso en algunos países africanos se está dando un retroceso de la pobreza extrema.

Ahora bien, que tiene que ver todo lo anterior con lo que ocurre en Venezuela. A mi modo de ver tiene mucho que ver. Hasta ahora la revolución bolivariana se ha apegado al esquema tradicional de la izquierda poniendo el énfasis en la redistribución de la riqueza, en particular, de la renta petrolera, pero ha descuidado la producción de riqueza. Como ya hemos señalado en otros artículos, las necesidades insatisfechas siempre superarán con creces la renta petrolera, más aun, cuando ésta no tiene perspectivas de ir en constante crecimiento.

Estamos de acuerdo con que debe existir una política social que ayude a las capas más pobres de la sociedad, sin embargo, no hay mejor política social que una economía en crecimiento que genere mucho empleo bien remunerado y que le permita a la gente ganarse el sustento con la dignidad que confiere un trabajo que haga sentir útiles y productivas a las personas, para sus familias y la sociedad.

Ahora bien, como en el caso chino, o incluso en el caso cubano en que se está reconociendo el trabajo por cuenta propia, la iniciativa privada capitalista debe tener un espacio asegurado para producir y obtener beneficios económicos, sencillamente porque el Estado no puede cargar con el peso económico de una nación, aun cuando existan abundantes recursos naturales. Por otra parte, hoy en día un país no puede cerrarse a la inversión extranjera, de hecho, el gobierno venezolano reconoce esta realidad en la explotación de la faja del Orinoco, pero es necesario que incentive esa inversión extranjera en todas las actividades productivas del país. El Estado debe cumplir el papel del gran regulador del sistema económico, el Estado venezolano no puede convertirse en el gran empleador del país sustituyendo al sector privado.

Pareciera ser que la revolución bolivariana se enfrenta a la dura realidad económica y es necesario apelar al pragmatismo y desarrollar una revolución productiva que le dé piso a la política social de inclusión.

Fuente: Aporrea

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