Opinión y análisis

Sufragio y democracia

Lucia ReyneroPor: Lucía Raynero

El voto se ha constituido en instrumento y palanca esencial de las democracias modernas. Sin él no puede hablarse de democracia, aunque el mero ejercicio del sufragio no se traduce, necesariamente, en el establecimiento de un gobierno democrático. Hoy en día muchos gobiernos se autodenominan democráticos, pero carecen de auténtica libertad de expresión, de unos poderes públicos independientes, de partidos políticos sólidos y de unas elecciones libres y transparentes. Sin esas condiciones, a pesar de que se vote, no podremos hablar entonces de democracia. Sin embargo, el voto tuvo que recorrer un largo trayecto en la historia de Venezuela como también en el resto del mundo para llegar a ser universal y secreto.

El sistema electoral venezolano tiene su origen en junio de 1810 cuando la Junta Suprema decidió convocar a los pueblos a unas elecciones generales. A Juan Germán Roscio se le encomendó la labor de redactar el primer reglamento de elecciones, que  estableció un sufragio indirecto, restringido, censitario y público. Era indirecto porque se determinó que las elecciones se hicieran de dos grados: en las parroquias y en las cabeceras de partidos capitulares. Restringido porque, por ejemplo, las mujeres no podían votar, al igual que en todos los demás países donde se celebraban elecciones. Censitario porque supeditaba ese derecho a la posesión de un bien inmueble, de unos ingresos determinados o al pago de impuestos, y era público porque se votaba a través de papeletas firmadas o de palabra ante dos testigos en caso de que el sufragante no supiera escribir. En las naciones occidentales el voto universal, secreto y directo se consiguió gradualmente a lo largo del siglo XIX, y más países se fueron agregando a esta victoria en la primera mitad del XX.

captahuellas_peq_reutersLas constituciones nacionales de 1811, 1819, 1821 y 1830 corroboraron, con algunas variaciones, el sistema electoral indirecto, restringido, censitario y público de 1810. Esta situación cambió en 1858. La Convención de Valencia que se instaló el 5 de julio de aquel año adoptaba, por primera vez, la fórmula del sufragio universal masculino. Los diputados electos para esta Gran Convención lo fueron por el “voto libre, universal y directo”. Por lo tanto, todo venezolano podía ser elegido diputado y la única condición requerida era “la confianza de sus conciudadanos”. Una vez promulgada la nueva constitución quedó establecido que todos los venezolanos mayores de veinte años y los menores de esa edad, fueran casados o viudos, tenían derecho al voto. Podían elegir al presidente y vicepresidente de la República, a los gobernadores de las provincias, a los diputados al congreso y a los diputados de las legislaturas de manera directa y secreta, sin exigirse ninguna condición de renta en los electores ni en los elegidos. Se rompía así con el viejo sistema censitario y el voto público instaurado desde 1810. Solo quedaban vestigios del antiguo sistema en las trincheras del Senado, pues para ser senador se requería renta anual o tener profesión, industria u oficio o, en su defecto, un sueldo definido y determinado por la Constitución. De aquí en adelante la historia del voto en Venezuela sufrirá retrocesos y avances y nuevos retrocesos. Un ejemplo notorio de este retroceso fue la Constitución de 1874 que estableció elecciones populares a través del sufragio directo, público, escrito y firmado, una manera expedita de matar el voto.

A partir de la Revolución francesa un grupo de mujeres aguerridas había decidido luchar por lograr su derecho al voto, desde Mary Wollstonecraft en Inglaterra y Olympia de Gouges en Francia en el siglo XVIII hasta los movimientos sufragistas emprendidos más tarde en Gran Bretaña, Estados Unidos y otras partes en los siglos XIX y XX. Sin embargo, llegado el siglo XX las venezolanas todavía no habían alcanzado el derecho de sufragar. En 1944 Ada Pérez Guevara, directora del Correo Cívico Femenino afirmaba que no podría alcanzarse en Venezuela la democracia verdadera mientras no se decidiera la igualdad política entre hombres y mujeres, pues sin voto femenino no habría jamás democracia en el país. El cambio favorable se produjo con la toma del poder, el 18 de octubre de 1945, por la Junta Revolucionaria de Gobierno que decidió convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Con la convocatoria de esta asamblea las mujeres venezolanas votaron por primera vez en unas elecciones nacionales y se les permitió postularse y ser elegidas a los cargos públicos de elección popular. El voto garantizaba así la participación política no solo de los hombres sino también de las mujeres. El sufragio alcanzó su universalidad plena y con él Venezuela ganó su lugar entre las naciones democráticas.

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