
CARTA DEL DIRECTOR 18.05.26
Democracia es una palabra que hoy en Venezuela parece a veces prohibida. Y una forma disfrazada de prohibirla es desfigurando su significado. Es así como en nuestro país se ha distorsionado desde el poder el concepto de democracia y se la ha reducido a sólo procesos pseudo formales y burocráticos, y a juegos de dominio. Pero democracia es ciertamente mucho más que una actividad de políticos de oficio, y es distinta a la simple pugna entre grupos de poder.
La democracia que sobrevive en Venezuela no está ni en Miraflores ni en ninguno de los palacios de quienes hoy gobiernan. Está en la vecina que comparte la poca agua que le queda. En el maestro que sigue enseñando aunque no le paguen. En el periodista que investiga sabiendo que puede terminar preso. En el estudiante que se organiza para llevar comida al anciano de la esquina. En el profesor universitario que sigue investigando y dando clases aunque algunos le digan que no vale la pena.
El pasado 21 de abril, el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, hizo entrega, en un hermoso y sentido acto, del Premios Valores Democráticos “Francisco José Virtuoso, s.j.”, en su edición 2026, un galardón creado para reconocer, públicamente y en vida, las trayectorias y logros de personas e instituciones nacionales en la promoción y defensa de la democracia y su labor por hacer de Venezuela una República de todos y para todos.
Los galardonados en esta nueva edición del premio fueron: en la categoría Integridad Democrática, Elías Pino Iturrieta, el cardenal Baltazar Porras y el Comité de familiares de víctimas de los sucesos de febrero y marzo de 1989, Cofavic. En la categoría Libertad de Pensamiento, el portal de noticias Efecto Cocuyo y el filósofo Rafael Tomás Caldera; y en la categoría Hacedores de Democracia, Rafael Araujo Jerez, mejor conocido como “el Señor del Papagayo”, y el Comité por la libertad de los presos políticos en Venezuela, Clippve.
El profesor e historiador Elías Pino Iturrieta ha dedicado su vida al desmontaje del “culto al héroe” y de las interpretaciones mesiánicas de la historia venezolana. Su aporte nos enseña que la democracia requiere ciudadanos, no adoradores de figuras del pasado. Y al humanizar a los próceres, devuelve la responsabilidad del destino del país a las manos de la sociedad civil.
El Cardenal Baltasar Porras Cardozo, sacerdote, profesor, teólogo, historiador y escritor, ha hecho de la palabra un escudo y de la fe un compromiso con la libertad. Porras, quien ha vivido y documentado la historia para evitar el olvido, ha estado presente en momentos críticos alzando su voz con valentía, actuando siempre como mediador y conciliador, exigiendo procesos electorales transparentes, así como el respeto a la soberanía popular y a los derechos fundamentales de las personas, demostrando que la fe y la democracia no son entes separados, sino que comparten un mismo destino: la dignidad humana.
Cofavic, por su parte, fue fundado para combatir la impunidad en Venezuela, mediante la documentación y seguimiento de los muchos casos de ejecución extrajudicial o desaparición forzada. A través de los años se ha dedicado a proteger, defender, acompañar y formar a las personas, grupos y comunidades más vulnerables del país, con un enfoque psicojurídico. Desde el ‘Caracazo’ hasta las represiones de hoy, ha demostrado que la democracia sólo es íntegra si es capaz de mirarse al espejo y rendir cuentas sobre su pasado y su presente.
Bajo la premisa de que «millones de chispas juntas pueden iluminar una nación entera», el portal de noticias Efecto Cocuyo concentra su diaria labor en el fortalecimiento de la democracia y la promoción del derecho de las personas a estar bien informadas. Su mensaje y contribución al mundo refleja la influencia y la perspectiva única que aportan profesionales íntegros en el campo del periodismo y la comunicación.
Por su parte, Rafael Tomás Caldera ha hecho de la filosofía un ejercicio de ciudadanía, y de la academia, un bastión de resistencia ética. Caldera nos recuerda que el pensamiento libre es la primera línea de defensa contra cualquier forma de autoritarismo.
En un país donde el silencio intentó imponerse como norma, un hombre decidió que la verdad debía volar más alto. Rafael Araujo Jerez, conocido por todos como «El Señor del Papagayo», también fue premiado en la categoría “Hacedores de Democracia”. Sin importar el sol o la lluvia, “el Señor del Papagayo” ha caminado nuestras calles convirtiendo su caligrafía en el editorial de los que obligaron a callar.
Finalmente, también fue reconocido el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (CLIPPVE), que ha sido fundamental en el levantamiento de una data precisa sobre los privados de libertad por razones políticas. Con un trabajo incansable, han sacado de las sombras las historias de cientos de compatriotas que conocieron el lado más despiadado de la injusticia, transformando estadísticas en rostros que tienen nombres, apellidos y familias. Su aporte ha servido para que la comunidad global comprenda la magnitud de la crisis que flagela a Venezuela, elevando la voz de los detenidos en instancias nacionales e internacionales.
Todos los anteriores son personalidades e instituciones que han entendido que la práctica y el ejercicio de los valores democráticos son el único camino para que un día este país vuelva a ser de todos. Y esa es la democracia que el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB reconoce y premia: la que no pide permiso, la que se hace carne en lo cotidiano, la que resiste sin fusiles, sólo con verdad y con dignidad. Es un galardón a los valores democráticos reconociendo a quienes los practican en condiciones adversas, a los que se los juegan en lo cotidiano, sin un Estado que los garantice. Es un reconocimiento a la democracia que, como ha dicho el padre Luis Ugalde, “se construye desde abajo, con pequeños gestos de solidaridad y verdad, o no se construye.»
Desde la Universidad, seguimos insistiendo en que otro país es posible. No porque lo digamos nosotros, sino porque los valores democráticos —la libertad, la justicia, la solidaridad— ya están vivos en personas e instituciones como las que resultaron premiados en este evento.
La democracia no es un estado de perfección al que se llega, sino un horizonte hacia el que se camina. Y se camina con pasos pequeños, pero firmes. Y en eso se debe basar nuestra esperanza, la misma que alimenta siempre la lucha, porque mientras haya alguien dispuesto a decir la verdad, a compartir el poco pan, a defender al débil, la democracia no ha muerto. Solo está esperando su momento.
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