
Tomada de Acero y Roca
Manuel Díaz, presidente de Funvive, propone conocer las reservas certificadas de estos 17 elementos en la geografía nacional y crear una ley específica. Un comité venezolano para las tierras raras propone el embajador Julio César Pineda
Vanessa Davies 15.05.26
Lo más raro de las tierras raras parece ser su nombre, porque se las etiqueta como algo extraño aunque mucho de la vida moderna depende de su existencia. Venezuela, país pródigo en minerales, forma parte del mapa geopolítico en el que figuran estos 17 elementos.
Ya procesadas, están presentes en los teléfonos inteligentes, las computadoras, los televisores de pantalla plana y las luces fluorescentes, entre otros objetos que han cambiado la vida moderna.
El Servicio Geológico de Estados Unidos las describe como “un grupo relativamente abundante de 17 elementos, entre los que se incluyen el escandio, el itrio y los lantánidos”. El cerio es el más generoso, con 60 partes por millón, y el tulio y el lutecio son los más escasos, con 0,5 partes por millón.
Con nombre y apellido, se habla de lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio, escandio e itrio.
Nada de amarillo pollito o azul cielo. Son tan poco extravagantes, que se mueven entre gris y plata. “Las formas elementales de las tierras raras son metales de color gris hierro a plateado brillante, generalmente blandos, maleables y dúctiles”, explican las autoridades geológicas estadounidenses.
Tienen propiedades muy especiales de resistencia, luminiscencia y magnetismo que las hacen apetecibles para la tecnología y la industria armamentística.
En la geopolítica
La disputa global por los elementos calificados como críticos no es un secreto bien guardado sino una lucha a todo pulmón. En el conflicto entre Estados Unidos y China por el control de las tierras raras, la nación asiática lleva la voz cantante, pues se estima que controla más de 80 % de la capacidad global de procesamiento.
Un informe del Servicio Geológico estadounidense, publicado en 2011, advertía que países industrializados como los de la Unión Europea, Japón y Estados Unidos debían afrontar precios elevados y una menor oferta de estos elementos críticos.
Este tema fue abordado en el foro “Tierras raras y su impacto socioeconómico y ecológico en Venezuela”, organizado por la Fundación Vida Verde (Funvive) y realizado en abril pasado en el Centro Cultural Chacao. Según datos de Manuel Díaz, presidente de Funvive, China domina 70 % de la producción y 90 % del refinado mundial. Basta ver el mapamundi para entender que este es un tema de primer orden en la geopolítica global.
En el futuro, asegura el embajador Julio César Pineda, las tierras raras serán lo que es hoy el petróleo. Se comportan como dos caras de una moneda, porque pueden usarse para la guerra y para la paz.
Venezuela: Las evidencias
Venezuela no tiene reservas certificadas de tierras raras, pero sí hay evidencias geológicas en el sur del país, en los estados Bolívar y Amazonas, detalla Díaz. Se trata de minerales críticos buscados por las potencias, recuerda, y es perentorio saber cuántos tiene Venezuela.
Y no solo conocer cuánto hay y dónde se encuentran, sino analizar la situación de esos territorios que los albergan, porque en el sur del país abundan la minería ilegal y los grupos armados, y residen pueblos indígenas. La frase que emplea Díaz es “estimaciones realistas”.
Al no haber sido creada la institucionalidad que atienda un sector como el de tierras raras, puntualiza, tampoco se cuenta con estudios de impacto ambiental, y mucho menos, con el consentimiento informado de la población originaria.
Un marco legal para “las raras”
Las tierras raras necesitan, en Venezuela, algo que no es precisamente raro: las leyes específicas. Para Díaz, debe funcionar un sistema de sanciones y regulaciones que frene la sobreexplotación, que garantice los estudios previos de impacto ambiental y que establezca la gestión segura de los residuos que se generen.
“Hay una Ley de Minas recientemente reformada. Pero para tierras raras hablamos de una ley especial, que como ley especial desarrollaría criterios específicos. Debe llevar el proceso de la exploración, extracción y comercialización planteando la gobernanza, además de un marco sancionatorio que incluya la parte penal”, describe.
Como son elementos codiciados, su posesión coloca al país en una pelea digna de películas de espías. Para la exportación de tierras raras, por ejemplo, “debe establecerse un mecanismo bien claro y bien expedito”, advierte.
Leyes y normas claras son fundamentales, insiste Pineda. Incluso, el embajador propone constituir un comité venezolano para las tierras raras. Porque no se trata únicamente de venderlas a otras naciones, sino de refinarlas y que operen a su alrededor las industrias intermedias.
¿Y la naturaleza?
Las tierras raras se hallan en la naturaleza, por lo que su obtención parece que afectará el patrimonio natural. El profesor universitario Antonio de Lisio, ambientalista e investigador, considera que en Venezuela persiste el “síndrome del topo”: es decir, que solo se juzga como valioso lo que hay en la tierra y no en la superficie. Vale para el petróleo y para el oro, vale para las tierras raras.
Para el científico, no es solo la preservación de los bosques que captan gases de efecto invernadero y cumplen un rol global. Es, también, la farmacia que se encuentra en las plantas tropicales, que puede ser aprovechada para la industria y que es hurtada por la biopiratería. De Lisio defiende los ecosistemas con tanto ahínco, que incluso plantea que se incorporen a las cuentas del Estado como un haber de la nación que debe registrar el Banco Central de Venezuela.
Nuevos amigos
Venezuela se mantuvo en el círculo de intereses estadounidenses hasta 1999. El gobierno del presidente Hugo Chávez cambió las reglas de juego, y puso al país en sintonía con Rusia y China. Después de los eventos del 3 de enero de 2026, la nación volvió a alinearse con Estados Unidos. Esta relación con las autoridades del Norte seguramente tendrá incidencia en las políticas mineras venezolanas, lo que incluye a las tierras raras.
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