Opinión y análisis

El Consejo Nacional Electoral y la polarización de la política venezolana

CONTRARIOSPor: Ángel E. Alvaréz

La democracia, como ha dicho Przeworski[1], es un sistema en el que la incertidumbre política está institucionalizada. En ella, las autoridades electorales juegan un papel fundamental antes y después de las votaciones. Antes de las elecciones, las autoridades electorales democráticas crean, interpretan y aplican las reglas electorales de un modo que a los electores y a los políticos no les queden dudas fundadas de que  la competencia electoral es justa y de que los actos de la administración electoral son imparciales. Dicho de otro modo, antes de las elecciones, el trabajo de la autoridad es maximizar la incertidumbre electoral en el sentido de que quede claro que los resultados no están predeterminados por su actuación y que reflejaran fielmente las preferencias de los votantes, cualesquiera que estas sean.  Después de las elecciones, el trabajo de la autoridad electoral es disipar toda duda acerca de quién es el ganador y que el resultado es el producto de una  libre competencia política y de un proceso transparente de escrutinio de los votos.  No obstante, estos dos procesos si una tarea fundamental de las instituciones electorales es producir resultados certeros y confiables, durante el proceso electoral tienen que dar garantías a las partes de que no existen ganadores prefabricados, ni preferencias que faciliten el triunfo de alguna de las opciones. Para tal fin, están en la obligación de creación, interpretación y aplicación justa de la norma. Y si bien su tarea preelectoral es institucionalizar la incertidumbre respecto de quien puede ser el ganador, después de las elecciones de las elecciones deben garantizar la absoluta certeza de que los resultados proclamados son incontestables.

En Venezuela es necesario, entonces, dilucidar hasta qué punto el CNE es un árbitro imparcial que asegura la incertidumbre propia del momento pre-electoral por medio de normas y actuaciones que aseguren a los electores y a los competidores, que no hay un ganador pre-fabricado y que los oponentes compiten, si no con igual chance, al menos en igualdad de condiciones. Si, como se verá más adelante, se observa que el organismo electoral no cumple satisfactoriamente este papel, entonces debe explicarse por qué la oposición acepta las condiciones de inequidad y compite con desigualdad de tratamiento.

Autoridades electorales en países polarizados

La actuación del Consejo Nacional Electoral (CNE) como árbitro electoral está orientada por cinco principios los distintos cuales son: igualdad, confiabilidad, imparcialidad,  transparencia y eficiencia de los procesos electorales.[2] Estos cinco principios ordenan la acción del organismo electoral en todos sus ámbitos, pero mientras en el técnico, el CNE organiza los procesos electorales satisfaciendo los principios de confiabilidad, transparencia y eficiencia,  en el ámbito político las decisiones y regulaciones político-electorales del organismo no garantizan adecuadamente los principios de igualdad e imparcialidad.  Esta dualidad no es producto de fallas personales o de la voluntad de sus miembros, sino la consecuencia lógica del contexto político en el que el organismo actúa.

En una democracia, las instituciones electorales crean, interpretan y aplican las reglas electorales de un modo que a los electores y a los políticos no les queden dudas fundadas acerca del carácter libre, justa e imparcial de la competencia, así como de la confiabilidad de los resultados.  Durante la campaña electoral,  el papel de la autoridad electoral es asegurar que todos los competidores tengan el igual tratamiento, así sus probabilidad de victoria sean desiguales. Durante el acto de votación, su papel es garantizar que cada elector ejerza su derecho al voto de manera secreta, sin que medie intimidación ni condicionamiento alguno.  Al concluir el proceso de votación, la autoridad electoral debe asegurar que los resultados que llevan a la adjudicación de los cargos en disputa (en una elección) o a la proclamación de la opción ganadora (en una consulta o referéndum)  sean verificables e incontrovertibles.

No obstante, en países altamente polarizados existe el gran riesgo de que las autoridades electorales terminen profundizando la polarización en lugar de contribuir a su manejo institucional, independientemente de que sus intenciones sean explícitamente distintas.  En este tipo de regímenes, las elecciones no son principalmente  un mecanismo imparcial de manejar la incertidumbre respecto de la competencia, la sucesión y la estabilidad en el poder. Por el contrario, son esencialmente un mecanismo de legitimación democrática de la opresión de uno de los polos políticos por parte del otro.

La llamada revolución bolivariana ha basado buena parte de su legitimidad en la convocatoria frecuente a elecciones y referendos nacionales. En promedio, el CNE ha organizado más de una elección al año desde 1998. Desde que Chávez ganó la presidencia por primera vez, en diciembre de 1998, hasta el 2012, él y sus seguidores han ganado dieciocho elecciones y consultas nacionales. Cada victoria electoral ha sido interpretada como una victoria revolucionaria en un proceso de cambio de régimen y como un mandato para profundizar la revolución con independencia del hecho de que la parte del país que no vota por la revolución sino por sus oponentes es creciente y ya iguala o supera en votos al gobierno. La derrota del 2007 fue interpretada por Chávez como una «victoria de mierda» de la oposición que «por ahora» frenaba pero no impedía que el gobierno siguiera, por otras vías, impulsando la reforma constitucional dirigida a concentrar poder político y económico en el gobierno central.[3]

Es una tarea ardua organizar unas elecciones cuando el jefe de Estado y el partido de gobierno no se concibe a sí mismo como una parte de la sociedad, dispuesta a ejercer el poder por un tiempo determinado, sino como líderes de un proceso cuyo fin  es una revolución no solo nacional, sino también mundial. La lógica de las elecciones para un gobierno no consiste simplemente en ganar votos a favor de sus candidatos  para ganar cargos desde los cuales desarrollar políticas, sino  del triunfo en una batalla histórica e internacional que. Y esto no es mera retórica política. Chávez y sus seguidores han sido sinceros en sus intenciones de perpetuación en el poder, así como en su búsqueda de un cambio radical y definitivo de la estructura de propiedad, de las relaciones internacionales y del concepto mismo de democracia y socialismo.

Los fines revolucionarios, que se legitiman en Venezuela a través de elecciones frecuentes, exigen que el CNE (como institución del Estado revolucionario) no sea simplemente ser un árbitro imparcial, sino una parte fundamental del aparato institucional necesario para hacer posible y legitimar el cambio revolucionario aspirado por Chávez. Por dedinicion, en consecuencia, en un Estado revolucionario, el árbitro no puede ser neutral porque en una revolución no hay neutralidad aceptable para el revolucionario.

El problema es que, de acuerdo con la Constitución vigente, el CNE no es más que un árbitro. En la práctica, entonces,  las atribuciones formales del CNE (organizar elecciones regidas por los principios de  igualdad, confiabilidad, imparcialidad,  transparencia y eficiencia) se contraponen a las exigencias de organizar elecciones que aseguren la legitimación del proceso revolucionario. Este dilema no es exclusivo del CNE, sino que está presente en todos los órganos del Estado, pero el mismo se plantea de modo más relevante en el caso de la autoridad electoral que por definición es árbitro de la distribución del poder por vía electoral entre partes en competencia. Tal vez solo en el caso del Tribunal Supremo de Justicia y en las Fuerzas Armadas se plantea el dilema con igual relevancia.

El CNE, desde 1998,  ha alcanzado importantes logros técnicos, tales como la automatización casi completa del sufragio, el entrenamiento de un personal calificado y bien remunerado, la expansión de la infraestructura electoral (en especial en lo relativo al número de mesas) y la facilitación de los tramites de registro de electores. Destaca también el dinamismo con el que se reportan los resultados en su página web y el acceso electrónico a los reglamentos, resoluciones e informaciones relativas al organismo.

No obstante, la eficacia técnica del CNE no puede evaluarse con independencia de su desempeño en términos de imparcialidad política. Por el contrario, la eficacia del organismo electoral venezolano como árbitro confiable depende, en buena medida, de factores que estarían más allá del mismo organismo, si es que acaso la mayoría de sus miembros asumiera una posición de estricta independencia política y apego absoluto a los mandatos legales. Lo que está en juego en la política venezolana no es el dilema entre quién debe gobernar democráticamente por un periodo determinado, sino la continuidad o no de un proceso revolucionario que, por ahora, ha tomado el curso electoral, configurando un sistema con fuertes componentes autoritarios legitimados por comicios frecuentes. Siendo éste es el verdadero juego de la política venezolana, las crecientes capacidades técnicas del organismo no les sirven de salvaguardia contra las presiones extremas de quienes conducen el juego no en términos de la lucha por cargos, sino en términos de una lucha revolucionaria de dimensiones históricas e internacionales.

¿Es posible la despolarización de la autoridad electoral?

Lo anterior no es necesariamente inevitable. Ha sido así en buena medida por el predominio electoral que han tenido las fuerzas que lideran la revolución socialista del siglo XXI en Venezuela. No obstante, en la medida en que por la vía puramente electoral y aun en medio de inequidades parcializaciones, las fuerzas se han emparejado en términos del número de votos obtenidos,  queda claro que las elecciones pueden ser el mecanismo para institucionalizar la polarización.

Así como existe un gobierno revolucionario que se apoya en las elecciones para impulsar un cambio estructural e institucional, existe un sector creciente opositor que ha acepado (especialmente desde el 2007) la vía electoral para resistir ese proceso e impulsar reformas sociales y económicas de un signo diferente al del gobierno. Este otro polo electoral de la población exige, además, elecciones más justas y mayor imparcialidad del árbitro.

Tal circunstancia ofrece una oportunidad al país para fortalecer la institución electoral. La neutralidad del árbitro es un requisito fundamental para que la sociedad polarizada pueda manejar sus desacuerdos por la vida construccional. Venezuela no es el único pais polarizado del mundo. Chile, aun antes del golpe contra el Presidente Allende de 1973, pero aun después de la democratización de 1989 y claramente hoy en día,  es un país altamente polarizado, con una historia de polarización más profunda y radical que la venezolana. España, igualmente, ha sido y sigue siendo un país mucho mas polarizado que el nuestro. En Chile, la polarización llevo a un golpe de Estado y en España a un golpe y la guerra civil más cruel de la Europa del siglo XX. En ambos, la polarización llevo a la imposición de oprobiosas dictaduras de extrema derecha. En ambos, la democratización no acabó con la polarización.

Los venezolanos, que no han experimentado guerras civiles ni dictaduras militares en los últimos 14 años, aun tienen que aprender una lección importante de estas otras dos experiencias. Chile y España no han acabado con la polarización pero han aprendido a institucionalizarla. La han logrado manejar por medio de instituciones judiciales y electorales que, en lugar de ser parte del proyecto revolucionario o conservador de los partidos de izquierda o de derecha, se han podido colocar por encima de la polarización. El reto de los venezolanos, en suma, no es necesariamente acabar con la polarización sino aprender a vivir con ella mediante instituciones electorales compuestas de forma tal que todas las partes se vean y sientan representadas en sus decisiones.

Esta necesidad, cuya satisfacción que impone una reforma institucional del CNE y de las normas electorales,  es más evidente mientras más se emparejan las fuerzas políticas. Fue menos evidente en el pasado, cuando el sector oficialista logró triunfos indiscutibles y por amplio margen. Lo es más urgente hoy  cuando los márgenes son más estrechos y los conflictos post-electorales son más agudos. Y lo serán aún más en el futuro para impedir que una nueva mayoría se haga tan o más opresiva de la futura minoría.

Vistas así las cosas, se entiende que el CNE puede ser una pieza clave en el proceso de democratización como lo fue  el IFE en el México autoritario desde 1996 hasta el 2000, por mencionar solo un ejemplo cercano y conocido.   En ese proceso, el acuerdo entre los políticos para lograr un ambitito plural y, por ello, neutral en sus resultados, fue un paso fundamental. Si los venezolanos  desean aprender a vivir pacíficamente en ambiente polarizado, como ha resultado evidente al menos desde el 2006, deben comenzar a invertir en la construcción de un CNE que no sea ni revolucionario ni reaccionario, sino un simple árbitro del proceso político.


[1] Przeworski. 1991. Democracy and the market: Political and economic reforms in Eastern Europe and Latin America (ch 1). New York: Cambridge University Press.

[2] Artículo 293 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Artículo 293.  Gaceta Oficial Número 5453 Extraordinario del 24 de marzo de 2000.

[3] Jaime L. García; “Chávez califica de ‘victoria de mierda’ el triunfo de la oposición.” El Mundo.es Internacional, Madrid:   12 de junio del 2007. Disponible en:  http://www.elmundo.es/elmundo/2007/ 12/06/internacional/1196897757.html.  “Hugo Chávez: Victoria de Mierda,” On-line video en Youtube, 25 de diciembre del 2007.  Disponible en:   http://www.youtube.com/watch?v=bcCoaBvVtnQ

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s