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Realidades, Sensaciones y Apoyo Popular

Fotografía de Misha Gordin

Fotografía de Misha Gordin

Por: Félix Seijas Rodríguez / 06-02-2014
@felixseijasr

Durante sus años de mandato, Hugo Chávez Frías basó la solidez de su liderazgo en el control que como líder militar mantuvo en la Fuerza Armada, en los altos niveles de la renta petrolera y en el gran apoyo popular que supo cultivar.

Es claro que estos tres factores están interrelacionados. Los altos ingresos derivados del petróleo permiten mantener, independientemente de la realidad económica del país, la “sensación” de bienestar económico y de reivindicación social en las clases populares, las cuales, al representar la mayoría en Venezuela, se convierten en el principal aliado del Gobierno benefactor. Los cuerpos castrenses por su parte, no son ajenos a la “estabilidad” económica que les brinda el Estado, cuyo gobierno está envestido del sagrado apoyo popular.

Los estudios de opinión nos muestran que un gobierno que “da” y que “seguirá dando”, y que a su vez castiga a los “malos” y reivindica a los “buenos”, contará con el suficiente apoyo popular para ser competitivo en cualquier justa electoral. Todo esto fue cultivado de manera magistral por el expresidente Chávez durante los 14 años de su mandato, con toda la holgura que los inusuales precios del petróleo le permitían.

Con el fallecimiento del líder supremo del oficialismo, la tolda roja perdió un 10% de apoyo electoral, reflejado en los comicios del 14 de abril de 2013, donde Nicolás Maduro resultó electo Presidente por un reducido margen de votos. Esta situación levantó un alerta en las filas del Gobierno, quien se vio en la obligación de producir hechos tangibles que reforzaran en las clases populares esa sensación de bienestar, de capacidad de “dar” en presente y futuro, evitando que la “brecha” entre una realidad incómoda y la sensación de bienandanza se cerrara.

Llegaron entonces los ya conocidos eventos de intervenciones de comercios de electrodomésticos, y posteriormente de vestidos y calzados, lo cual de manera muy efectiva activó el adormecido voto oficialista para las elecciones de alcaldes y concejales del 08 de diciembre del año pasado. Sin embargo, esas acciones produjeron un efecto que se puede considerar “efervescente”, en el sentido de que su impacto es cortoplacista, y no resulta suficiente para mantener abierta la brecha que aleja la realidad de la piel de las clases populares.

Pasada la página electoral de 2013 e iniciado un nuevo año, el Gobierno Nacional anuncia un conjunto de medidas económicas protagonizadas por el tema cambiario, que dejan entrever que la capacidad financiera de Estado se encuentra disminuida, al punto tal que han debido ceder en aspectos que no hacen sino obligar a un sector de la población a aterrizar finalmente en la realidad económica del país. El alza de precios en una importante cantidad de rubros en el sector de alimentos, unido a la creciente escasez de substanciales niveles en el interior del país, amenazan con acercar a las masas populares a situaciones de las que hasta ahora habían estado apartadas, sedadas a través de subsidios y otros paliativos.

Ahora bien, la ausencia de eventos electorales en el próximo año y medio, le da al oficialismo cierto margen para manejar lo que puede ser un momento duro en cuanto al flujo de caja se refiere; sin embargo, en la medida en que esta realidad “haga contacto” con más sectores de la población, ocurren dos cosas: primero, un sector de la mitad que apoya electoralmente al oficialismo empezará a desprenderse, pasando a una zona “neutral”, y eventualmente al sector opositor blando o “light”; segundo, un sector “light” de la mitad que apoya electoralmente a la oposición se “endurecerá” en contra del Gobierno, con lo cual éste reduciría su capacidad de recuperar los votos que a través del tiempo y que con la muerte de Chávez han venido perdiendo.

Si unimos estos dos aspectos al desgaste natural que toda gestión de gobierno sufre y a la ausencia del liderazgo carismático del expresidente, el sector oficialista podría verse seriamente comprometido ante un eventual proceso electoral a mediano plazo, e incluso ante una posible activación de sectores rivales dentro de sus mismas filas y/o en lo militar, que podrían estar a la sombra, en estado latente, a la espera de situaciones que les permitan actuar.

Con el dinero limitado, las fuerzas revolucionarias sin lugar a dudas deberán hacer gala de toda la astucia, creatividad y capacidad táctica disponible en los tiempos que se avecinan, para extender, en lo posible, ese apoyo popular que los ha mantenido en el poder por ya más de 15 años. Claro está, todo esto bajo el supuesto de la existencia de una oposición unida.

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