Opinión y análisis

Editorial PolitiKa UCAB N° 25 / 29 de mayo de 2014

PDF    compartir   

images

¿Maduro es pueblo?

En los últimos días quienes transitamos las diferentes arterias viales de Caracas, y supongo que sucede lo mismo en el resto del país, nos quedamos asombrados con el despliegue publicitario del gobierno. Vallas, afiches, murales y pare de contar, presentan diferentes facetas de Nicolás Maduro y en todas dice lo mismo: “Maduro, es pueblo”. Para nadie es desconocida la vertiginosa caída de popularidad que muestran diversas encuestas en relación a la figura del Presidente. Si bien el resultado de las elecciones del 14 de abril del año pasado dieron una victoria pírrica a Nicolás Maduro, usando las palabras del extinto presidente Chávez, no cabe duda que el deterioro económico, esa herencia nefasta que le dejó el fallecido presidente a su ungido, y que éste ha sabido muy bien profundizar, junto con la ola de protestas y represión en lo que va de año, han minado profundamente la popularidad del Presidente y la gobernabilidad del país.

Como es de esperarse de un gobierno que cierra las puertas a la negociación y se aferra frenéticamente al poder, lo importante no es usar el dinero para solventar la dramática situación de escases de alimentos, medicinas, equipos médicos, autopartes, et., la verdadera urgencia es mantener el poder, y qué mejor prueba que el gasto en publicidad de las últimas semanas. Pero además de esta aberrante realidad, el dinero cada vez es menos, y la necesidad de garantizar las lealtades para proteger los intereses de la cúpula gobernante, sea más determinante. Esto hace que el panorama político sea cada vez más complejo y difícil. El juego político, se convierte, parafraseando aquella serie de películas de horror de hace unos años, en una especie de “juego macabro”. Un juego macabro en donde ese hombre de “pueblo” y todos sus más allegados compañeros que tanto hablan del “pueblo”, tienen cualquier prioridad política antes de solventar el problema de las medicinas para enfermos de cáncer o vih, o infecciones que fueron superadas durante el siglo XIX y que hoy se convierten en una amenaza a la salud pública; o el problema de reactivos médicos, de alimentos, de productos fundamentales de higiene, etc. Sin lugar a dudas, un juego macabro.

En su columna de esta semana, El Faro, Benigno Alarcón nos trae un extraordinario análisis sobre esta situación de la peligrosa relación entre protestas, colapso económico, compra de lealtades, reacomodo de fuerzas políticas, medidas económicas, gobernabilidad, etc. En su artículo “La tormenta perfecta”, Alarcón plantea que “el costo de las duras correcciones económicas, cuando no se tiene el capital político necesario para aguantar los embates de la tormenta, ni la tolerancia para afrontar una potencial salida del poder, obliga a quienes dependen de mantenerse en el poder a concentrar la distribución de los muy escasos recursos entre quienes resultan esenciales a este fin”. En este contexto y con un panorama amplio de interpretación, surge la pregunta “¿cuánto puede prolongarse una situación de este tipo?”.

Un panorama sobre este colapso económico y sus implicaciones en las distintas dimensiones de la vida política y social del país, nos los ofrece el politólogo Luis Salamanca, en su artículo titulado “Reflexiones al borde del colapso”. En su análisis, Salamanca, además de mostrar cómo este colapso no es sólo obra de Maduro, sino que es fundamentalmente obra de la política económica del gobierno anterior, léase los 14 años de gobierno de Chávez, plantea que ante este colapso, “Maduro se encuentra frente al dilema de profundizar o retroceder y no parece tener ni las ideas claras (está preso de los vapores de las fantasías ideológicas socialistoides) ni el poder político suficiente para tomar el toro por los cachos”.

En su columna de esta semana Debate Ciudadano, Carlos Romero, nos ofrece su artículo “Hacia un nuevo orden territorial”, a propósito de la aprobación en primera discusión del proyecto de Ley de Ordenación y Gestión del Territorio. En él nos advierte Romero lo que significa este proyecto, su ensamblaje dentro del Plan de la Patria y el impacto que sobre la figura de los municipios supondrá la transferencia de competencias a los consejos comunales. Sin duda alguna se trata de un desmantelamiento de la forma como se ha concebido el Estado, que lejos de contribuir con la descentralización y el “protagonismo” del ciudadano en la gestión pública, centraliza radicalmente la administración del poder. “Este tema no puede ser subestimado, exige aún cuando ya el proyecto está en segunda discusión, que concejales, legisladores regionales y diputados nacionales, articulen esfuerzos con sus partidos políticos en esta materia y adviertan el riesgo que supone la aprobación de este proyecto de Ley”, es la advertencia y el llamado que finamente nos hace Carlos Romero.

Nuestro último artículo de Opinión y Análisis de esta semana, es precisamente sobre los municipios, y cómo a pesar de tantas arbitrariedades que desde el poder central se han ejercido contra ellos, la gente sigue respaldando y resguardando esa instancia local de gobierno. En la columna Enfoque Político, Juan Manuel Trak aborda el resultado de las elecciones de alcaldes en los municipios San Cristóbal (Táchira) y San Diego (Carabobo). “¡Fuerte y claro! San Diego y San Cristóbal”, es el artículo de esta semana de Trak, en el cual, además de analizar los resultados de las elecciones del pasado domingo, contrasta las principales declaraciones que frente a esta victoria de la oposición dieron algunos personajes del gobierno, mostrando una vez más que “una parte del gobierno no tiene capacidad de ver la realidad más allá de su prisma ideológico, dejando de lado el hecho que la ciudadanía expresó su contundente rechazo frente al verdadero agresor: el gobierno nacional”

En la sección Recomendados les ofrecemos esta semana, un libro que ha dado mucho de qué hablar en el mundo: Comandante. La Venezuela de Hugo Chávez del periodista irlandés Rory Carroll, quien trabaja para The Guardian. En la reseña, les dejamos el enlace a una interesante entrevista que le hicieran en Animal Político a Carroll.

El término “pueblo” es sumamente complejo de analizar, ambiguo muchas veces. Muchos políticos lo usan como una especie de “comodín”. Estrictamente podríamos decir que “pueblo” somos todos los habitantes de un país. En este sentido, claro que Maduro, al igual que Capriles, Leopoldo López, usted que me lee, o yo que escribo, todos sin excepción somos “pueblo”. Siendo esto así no tiene mucho sentido decir “Maduro, es pueblo”, pues eso ya lo sabemos.

Ahora bien, si de lo que se trata es de referirse a “pueblo” como esa parte de la población más sencilla, menuda, trabajadora y humilde, entonces la publicidad oficial es una gran farsa, porque Maduro no es pueblo, ya que ese pueblo sencillo, no preferirá el poder antes que el bienestar de su gente, que la salud de sus iguales, que la vida digna de sus vecinos, de sus amigos, de sus familiares. ¡Definitivamente Maduro no es pueblo!

Gustavo L. Moreno V.

Editor PolitiKaUcab
Centro de Estudios Políticos
Universidad Católica Andrés Bello
glmorenocep@gmail.com

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s