Espacio plural

Se le terminó el tiempo a las promesas

Otras opiniones portadaPDF   compartir

Alfredo Yánez M. / 21 de noviembre de 2014

“Le llegó la hora al desafío de volver a confiar
en que es posible tener país, ya no cifrado en
la esperanza inerte, sino en la capacidad de
asumir retos que se conviertan en futuro”

Inexorablemente la democracia se define en las cajas de votación. La mejor (por descubrirse) y la peor (que se padece a diario) de ellas, debe enfrentarse a ese dictamen popular, nefasto para algunos, prometedor para otros.

Siendo así, y con diversidad de técnicas de telemarketing político, los avezados estrategas diseñan campañas basadas en la promesa como obra maestra de la voluntad del candidato. Cuanto más sonora sea la propuesta y más “cercana” a la “necesidad” del electorado, más se arropará de esperanza incierta y mayores posibilidades tendrán de imponerse en el sentimiento del desposeído, del menos privilegiado.

Es la técnica ganadora. No hace falta dar con la fórmula del agua tibia para ponerla en práctica. Se trata solo de conseguir el nicho, la palabra clave de esa “necesidad” y enfilar desde ella toda la carga de promesas posible, sin que tenga mucha relevancia lo factible de tales ofrecimientos.

Otras opiniones textoComo todo en la vida, esa práctica en exceso se vuelve dañina. La desconfianza, como diría Rosanvallon, se prenda del colectivo y surge una duda infinita. Pocos la advierten, porque prefieren vivir del “siempre ha sido así”, y comienzan a inventarse teorías de antipolítica en terceros, sin notar que sus promesas vacías, recicladas e incumplidas todas, son la base de la desazón, de la incredulidad, del desplome de un sistema que se lleva por el medio a unos y otros.

Algún político con visión, tendría en estos tiempos que avizorar la sequía de las promesas. Es el momento de voltear hacia otro lado y descubrir otra fórmula que se convierta en el germen de un modelo, mucho más inclusivo, mucho más completo, mucho más factible.

Convertir la prédica en desafío es una idea que ronda desde hace algún tiempo las mentes de algunos que se creyeron la tesis del verdadero progreso: retar al ciudadano, al pueblo, a la gente, podría servir para reivindicar la acción y desmitificar las infames prácticas populistas.

La autogestión y la propuesta concreta, sin que medie el “ayuda”, o la “ayudita” serían un paso considerable, si se aplica con eficacia, con medidores de gestión, con incentivos reales, con dimensión democrática.

Los concursos de oposición para cargos públicos, como desafío para la clase política es otra posibilidad concreta de convertir la promesa en reto, y con ello, limpiar definitivamente la administración pública de tanto burócrata, “venga de donde venga”.

Frente al chantaje del acabose y las poses de perdonavidas, que insisten en criminalizar cualquier propuesta distinta a la promesa absurda de arrasar con el que piensa distinto, es necesario pensarse al país en serio, y descubrir –por mero ejercicio de lo obvio- que a las promesas fatuas se les terminó su tiempo; y que le llegó la hora al desafío de volver a confiar en que es posible tener país, ya no cifrado en la esperanza inerte, sino en la capacidad de asumir retos que se conviertan en futuro.

@incisos

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s