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Otro dislate sanitario

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Miguel Ángel Cardozo-Montilla / 30 de abril de 2015

En un artículo publicado en 2014 en PolítiKa UCAB [1], a propósito de la actual crisis sanitaria en Venezuela, sus causas y las posibles razones de la patente falta de diligencia del régimen para solventarla, quien esta columna escribe señalaba que:

Plural4“… el efecto de las erróneas políticas económicas, aunado a la patente ineptitud de las autoridades sanitarias […], ha ocasionado un severo deterioro del sector; un deterioro al que el régimen, al parecer, le ha intentado sacar provecho, probablemente por la retorcida idea de que la enfermedad, además de obrar como elemento de distracción, puede doblegar a quienes la padecen y, por tanto, facilitar su sumisión”.

Si esto último es más que una –razonable– sospecha, se entiende entonces el por qué del poco cuidado que en estos tres lustros –pero sobre todo en años recientes– se ha tenido en la selección de los responsables del diseño e implementación de las políticas públicas nacionales en una de las materias que en la agenda gubernamental de cualquier otro país del orbe constituye una prioridad.

En Venezuela, ya es de por sí elocuente la alta rotación de ministros en la cartera de salud, aunque no deja de sorprender que a cada nuevo nombramiento siga algún despropósito que deteriora aún más las capacidades resolutivas en el sector, lo que –entre otras graves consecuencias– se traduce en un progresivo incremento de las muertes evitables en todo el territorio nacional.

Plural5 (2)Ello viene a cuento dado que a la extensa lista de desacertadas y catastróficas decisiones del también largo desfile de autoridades sanitarias, se suma ahora la creación de lo que de manera rimbombante se ha denominado “Sistema Integral de Acceso a Medicamentos” (Siamed), que a todas luces es otro mecanismo de camuflado racionamiento con el que se intenta disimular la descomunal escasez generada por un modelo cuya imposición ha ido en detrimento del interés de la sociedad venezolana.

El Siamed, además de ser un vano intento por ocultar uno de los rostros del estrepitoso fracaso del socialismo del siglo XXI, es muestra de lo que no es una efectiva gestión sanitaria, ya que una iniciativa de esa naturaleza no debería surgir como una politiquera y criminal medida que transfiera a la población más vulnerable uno de los costos de la calculada destrucción del aparato productivo del país.

Por el contrario, en un contexto de libertades plenas, de promoción de la inversión privada y del emprendimiento, y de implementación de políticas públicas en pro de un auténtico desarrollo, tal iniciativa formaría parte de un abanico de estrategias orientadas a mejorar el acceso a la salud a través de la eliminación de barreras que impidan la universalización de los servicios diagnósticos y terapéuticos, de la prevención y del autocuidado.

Plural6Ese no es precisamente el contexto en el que ha surgido el Siamed, por lo que podría convertirse –y muy probablemente lo hará– en un mecanismo violatorio del derecho a la salud de los venezolanos; derecho que, como bien apunta la Organización Mundial de la Salud [2], debe abarcar la disponibilidad de establecimientos, bienes, servicios públicos y programas sanitarios, así como la accesibilidad a los mismos –que además de la accesibilidad física y económica, y del acceso a la información, debe incluir la no discriminación–, su aceptabilidad ética y cultural, y su calidad.

La escasez de medicamentos no se resuelve con racionamiento sino con una mayor producción local de fármacos –sobre todo de los esenciales–, para lo que se requiere de un marco político, jurídico y económico que la incentive; justo lo que no existe en la Venezuela de hoy, devastada por un gobierno retrógrado que se ha empeñado en demonizar al empresariado y obstaculizar su actividad mediante perversos instrumentos normativos –como la Ley Orgánica de Precios Justos– y la restricción de su acceso a las divisas.

Si el régimen albergara un verdadero deseo de solucionar ese problema de escasez, estimularía dicha producción y allanaría el camino a la cooperación de organizaciones internacionales que han acumulado experiencia en esta materia, como la Organización Mundial de la Salud, cuyo Programa de Precalificación de Medicamentos ha contribuido en diversos países al fortalecimiento de sus capacidades de fabricación y de aseguramiento de la disponibilidad de fármacos de calidad [3].

Claro que eso implicaría una apertura política y económica en la nación; algo a lo que el régimen no está dispuesto tanto por su obstinación como por la anteposición de sus oscuros intereses.

Referencias

[1] Cardozo Montilla MA. La salud en la agenda neototalitaria venezolana. PolítiKa UCAB, 2014, 38 (https://politikaucab.net/2014/10/09/la-salud-en-la-agenda-neototalitaria-venezolana, consultado el 25 de abril de 2015).

[2] Organización Mundial de la Salud. Derecho a la salud. 2013 (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs323/es, consultado el 25 de abril de 2015).

[3] Organización Mundial de la Salud. Precalificación de los medicamentos por la OMS. 2012 (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs278/es, consultado el 25 de abril de 2015).

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