Monitor electoral

La batalla 2.0 entre chavismo y oposición, ¿será crucial para buscar los votos?

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La lucha por posicionar etiquetas, ganar seguidores y generar los contenidos más compartidos se incrementa en tiempos electorales. Aquí tres posturas para analizar el fenómeno digital
Oriana Vielma Gómez.- El chavismo ha aprendido a utilizar las armas tecnológicas de su contrincante político para mostrarse como un fuerte adversario en la batalla digital. Camino a las elecciones parlamentarias de 2015, «la guerrilla comunicacional» ha sido decretada en redes sociales, sobre todo en Twitter, plataforma convertida en el ágora virtual para la discusión y la agitación política. Conoce a continuación tres posturas políticas sobre este combate de poder que persigue reinar en el cosmos 2.0.

Para propagar su campaña, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) liberó recientemente a sus llamados «pregoneros digitales», una especie de community manager con funciones adicionales, como distribuir más de 340.000 ejemplares del semanario Cuatro F en las principales plazas del país y analizarlo junto a su militancia; una figura solicitada por el presidente Nicolás Maduro.

Así lo explicó a Contrapunto el jefe de Comunicaciones del PSUV y director del periódico de la tolda, Gustavo Villapol: «Los pregoneros digitales son nuestra principal estrategia electoral. El Presidente nos planteó un reto grande, casi 1.000 pregoneros por estado, lo que equivale a 24.000 en todo el país (…) transformados en una red».

La encuesta realizada por la firma venezolana Tendencias Digitales en 2014 reveló que la penetración de internet en Venezuela alcanza el 45% de la población, una de las más bajas de Suramérica. Sin embargo, los venezolanos encabezan la lista del índice de uso en Latinoamérica con 88,8%, indicador promovido en parte por la intensa utilización de las redes sociales (84%), lo que significa que los usuarios pasan más tiempo conectados que en otros países de la región. Ese es un buen indicador.

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Otro estudio publicado por Hinterlaces el pasado 10 de mayo no ofrece la misma tendencia que la filial de Datanálisis. Los resultados arrojaron que el uso de las redes es bajo. De los autodenominados chavistas sólo el 21% tenía presencia en Twitter, mientras que el grupo mayoritario en el microblogging eran los autoconsiderados opositores, con 39%, seguidos por los «ni-ni» con 27%; por lo que la guerra del pajarito azul fue denominada como «inútil».

Al respecto, Luis Carlos Díaz, coordinador de comunicaciones y redes del Centro Gumilla, y referencia cuando se habla de infociudadanía o ciberactivismo, coincide con estos datos: «Nadie sale a internet a cambiar de opinión, eso le tiene que quedar claro a los políticos (…) El Twitter en Venezuela está sobredimensionado por nuestra coyuntura política. La gente se asoma a las redes para mejorar sus propios argumentos y reforzar opiniones de quienes piensan como ellos».

En momentos de mercadeo político, dice Díaz, la política 2.0 debe entenderse dentro del mundo de la oferta de contenidos, y la migración opositora a Twitter, convertida en mayoría, precisamente se debe a que ha sido censurada en otros medios.

«La oposición solamente cuenta con espacio digital y nuestros políticos se están quedando en un asunto muy primario, de sólo tener presencia en Twitter. Es muy pobre la información a la que tiene acceso la gente allí y es lo que hará mucho más difícil esta campaña», expresó el periodista a Contrapunto; quien critica que el esfuerzo del Gobierno por entrar en las redes durante una campaña implica «el uso de recursos públicos para una parcialidad», esto es entendido por la legislación venezolana como corrupción, asegura.

Díaz explicó que la participación del chavismo en estos espacios se debe a que buscan «llevar la hegemonía comunicacional a cualquier territorio», además de haberse «dado cuenta de que con el Sistema Nacional de Medios Públicos no logran llegarle a la gente»; haciendo referencia a la baja audiencia en, al menos, 11 de las 18 televisoras en manos del Estado, que no superan el 2% de rating.

No obstante, el comportamiento en la red social Facebook es distinto, donde la participación es la más alta del país. Según Hinterlaces, en este espacio cibernético el 49% de los chavistas posee una cuenta, al igual que 55% de los «ni-ni» y 58% de los opositores, donde se mantienen como la tendencia mayoritaria. A pesar de tener mayor presencia en esta plataforma, el partido de Gobierno admite no haber aprendido a «abordar las redes sociales como Facebook e Instagram».

«Facebook no es usado abiertamente de manera política (…) Allí los mensajes no son tan directos como el chavismo lo hace. Al contrario, el contrincante crea páginas para desarrollar el humor. Nacen de manera magistral para desarrollar el entretenimiento, como lo hace Chigüire Bipolar o Maduradas.com. No hemos aprendido a abordar redes sociales como Instagram y Facebook», reflexionó Villapol; para quien parte del reto consiste en luchar por el acceso a la tecnología de sus simpatizantes y en convencer a sus seguidores «paranoicos», aquellos que desconfían de estas plataformas «hechas por empresas norteamericanas en su mayoría», especialmente, luego de las revelaciones de Edward Snowden.

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En esta contienda el PSUV tiene puesta la mira sobre los «no tan convencidos», 55.1% de los votantes según la última encuesta de Delphos, como fracción de electores a conquistar. Pero, ¿son las redes espacios idóneos para sumar adeptos?

Conscientes de que el mundo digital configura el terreno fuerte de la oposición, como han revelado las encuestas anteriores, los revolucionarios buscan con planificación y alevosía acercarse a quienes hacen vida en el ciberespacio. Prueba de ello ha sido la creación de un viceministerio para las redes sociales, en enero de 2014, la convocatoria a «grandes tuitazos» y el reforzamiento del objetivo con declaraciones de altos funcionarios gubernamentales.

Como cuando Ernesto Villegas dejó de tarea a sus Brigadas de Agitación, Propaganda y Comunicación del partido generar una «ofensiva» en Facebook, «la red más popular en los sectores D y E». O cuando Jacqueline Faria, para entonces ministra de Comunicación e Información, reveló que el posicionamiento de los «hashtag» ha sido para el oficialismo una estrategia deliberada; confirmada por Villapol más tarde.

«Cuando queremos posicionar una etiqueta lo hacemos porque ya tenemos la disciplina como partido. Tenemos el reto diario de dos tendencias y, por lo general, logramos posicionar por lo menos una. A veces las etiquetas las propone el Gobierno y a veces el partido, se evalúa y se hace una línea que llega a los militantes todos los días (…) Eso es organización y no tiene por qué ser condenable», declaró Villapol.

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Díaz, por su parte, reconoció que «el chavismo en elecciones anteriores ha sido muy feroz en la creación de campañas electorales, lo que hace muchísimo ruido en redes y embasura los buscadores con propaganda»; pero considera que la lucha que plantea sobre posicionar etiquetas en Twitter «es totalmente irrelevante».

«Pueden posicionar las etiquetas que quieran pero si la gente no se identifica con ninguno de los dos bandos no cambia de opinión. El chavismo tiene funcionarios y oficinas ministeriales repitiendo etiquetas con bots (cuentas automatizadas). Es decir, no hay conversaciones sino repetición de un mensaje en miles de cuentas falsas y las tendencias son frecuencia de aparición de una palabra, no tiene nada que ver con votos (…) Será una campaña muy difícil donde ambas tendencias apostarán a una mayor polarización», continuó.

¿Cómo seducir a los ni-ni?

El ahora grupo mayoritario, no identificado con ninguno de los dos grandes bloques políticos, según los sondeos de opinión mostrados con anterioridad, también ha ganado presencia en las redes. Adriana Ponte, activista a favor de la despolarización y creadora de la iniciativa Reconocernos, espacio despolarizado promotor de la idea «en Venezuela cabemos todos», manifestó a Contrapunto que a pesar «del desgaste de la discusión política en ambas tendencias, la mayoría de la gente está agrupada en los sectores menos radicales. Aunque se identifiquen más o menos con uno de los polos, las actitudes de radicalidad que caen en ofensas o desacreditación del otro vienen disminuyendo aceleradamente».

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«En redes, al principio mucha gente nos atacaba y aseguraban que estábamos con el Gobierno o la oposición. Eso ha venido disminuyendo prácticamente hasta desaparecer (…) Sin embargo, de cara a las parlamentarias, el reto, más allá de hacer campaña política por un bando u otro, es el rol de los candidatos y si están aptos para cumplir con ese rol. Al ciudadano le interesa saber sobre qué se va a legislar, pero las propuestas legislativas no están claras», sostuvo Ponte.

La también activista de los derechos humanos trajo a colación el caso de Cotufa, la perrita que murió y por la que se generaron protestas, como un éxito en la activación ciudadana en redes: «Los medios se sumaron a la noticia por el impacto que tuvo en las redes. El fenómeno es interesante porque por encima de la tendencia política estuvo la causa animalista».

Luis Carlos Díaz coincide con esta visión argumentando que «este 50% de los ni-ni están en redes escapando a una polarización que los tiene cansados» y para seducirlos serán necesarias «unas narrativas confiables que movilicen a la gente (…) o una narrativa poderosa que le explique a la gente para qué sirve la Asamblea Nacional, cuestión que hace rato no pasa». «Ellos tienen que interpelar a los funcionarios públicos, por ejemplo, y nuestra generación ya no recuerda una interpelación de este tipo. La AN quedó para aprobar créditos extra», criticó.

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Villapol, ubicado en la otra acera, aseguró que la digital no es la única estrategia que tiene el chavismo para atraer ni mantener nuevos electores, por ello las visitas casa por casa y la relación con las bases; pero entre las «estrategias de captación que tiene el partido, las redes sociales son un espacio importante». Para el joven graduado de comunicación social y administración en la Universidad Central de Venezuela (UCV) «esta no es la primera vez que la derecha trata de captar votos que no están politizados y eso siempre es peligroso porque una sociedad despolitizada, que no está pendiente de sus asuntos públicos, es una sociedad dominable».

Para el director del periódico político la cosa no está fácil. «El panorama es complejo porque Chávez representaba un huracán de pasiones para el pueblo venezolano. Nada más con su presencia significaba casi la victoria. Ahora es más complejo, porque todo lo que hacía él, lo tenemos que hacer nosotros y lo digo con pena».

En cambio, para quienes representan el medio, los consensos son la clave en redes. Ponte pidió a los políticos que aprovechen estos universos digitales para comenzar a pensar de forma híbrida. «No es posible mantener la gobernabilidad si se gobierna sólo desde una tendencia política. Hay dos grandes posturas que se ven mutuamente como enemigos, (por ello) la producción de consensos es la clave (…) Cada vez más los ciudadanos tienen presencia y exigen mayor actuación de sus líderes, ahora una decisión no consultada es más difícil de imponer. Precisamente, el internet está apuntando a que la gobernabilidad se vea trastocada. Entonces, lo que tiene que cambiar son los conceptos de gobernabilidad y las redes tienen un rol fundamental en ello».

Extraído de: Contrapunto

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