Opinión y análisis

El karma electoral

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Benigno Alarcón Deza – 9 de octubre de 2015

Los años 2015, 2016 y 2017 vuelven a ser electorales y en ellos se decidirán los nombres de quienes ocuparán la Asamblea Nacional, las gobernaciones de estado y las alcaldías, respectivamente. Paradójicamente, el mismo proceso de programar elecciones continuas que Chávez implementó aprovechando el momento cúspide de su legitimidad para construir una institucionalidad a la medida de sus aspiraciones e intereses, se convierte ahora en esta especie de Karma Electoralque reinicia su ciclo en el peor momento para el gobierno…

Los diferentes estudios de opinión disponibles al día de hoy coinciden en mostrarnos que la gente no percibe la elección del próximo 6 de Diciembre como una elección parlamentaria más, y ni tan siquiera como otra elección. La gente, intuitivamente, percibe que de esta elección depende mucho más que los nombres de los diputados que ocuparán los curules de la Asamblea Nacional.

Esta percepción de que lo que está en juego en la próxima elección es algo más que el parlamento que se elige, es lo que hace que los niveles de participación potencial aparezcan hoy muy por encima de lo que normalmente se corresponde a una elección de este tipo, colocándose a niveles más cercanos a los de las últimas elecciones presidenciales. Es también esta percepción sobre su trascendencia lo que convierte a este proceso en algo más cercano a un plebiscito que a una elección de legisladores, en la que el nombre de los legisladores pasa a segundo plano y el centro de la motivación electoral gravita en torno al balance entre quienes apoyan la continuidad del gobierno y quienes apuestan al cambio.

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La percepción de los electores en este sentido no deja de ser acertada. En los resultados de esta elección se define en gran medida el rumbo que el país tomará entre los dos escenarios que considerábamos en nuestro escrito anterior. Decíamos en esa oportunidad que el escenario podría moverse entre tres alternativas básicas: el status quo, la autocratización o una transición democrática. Entre estos escenarios considerábamos como el menos probable el status quo debido a la pérdida de la ventaja competitiva electoral, basada en el carisma de Chávez y la abundancia de ingresos para alimentar una red clientelar, que ha permitido al oficialismo su relegitimación continua mediante el voto. Ante la pérdida de la ventaja competitiva y la incertidumbre sobre el resultado electoral, es mucho lo que hay en juego para la élite gubernamental enfrentada a un escenario de pérdida de poder, y por lo tanto mayor el peligro de una jugada que busque impedir la materialización de un resultado que implique un cambio en la asamblea que sea reflejo del nuevo balance político del país, lo que podría incluir una suspensión de elecciones o una derrota electoral cuestionable, lo que nos lleva irremediablemente hacia un escenario de conflicto con mayores niveles de autocratización, a partir del cual la estabilización del gobierno dependería de su capacidad para imponer un ejercicio más hegemónico del poder y menos dependiente de legitimaciones electorales futuras.

En sentido contrario, de producirse un nuevo balance de poder en la Asamblea, gracias a los resultados de la próxima elección, estaríamos ante un importante indicador de la falta de apoyo de la FANB o de la debilidad de la cohesión interna para imponer el control del poder por la fuerza, lo cual se traduce en una oportunidad real para avanzar hacia una transición democrática por la vía electoral, que ha sido siempre el escenario preferido, y aún posible, de una parte importante de la oposición. La materialización de un nuevo balance de poder en la Asamblea sería el primer paso de un proceso de transición, más que por el poder que los nuevos diputados que ocupan los curules tendrían, por las dinámicas de reacomodo político que se traducirían en procesos de negociación que buscarían una reducción de costos para aquellos actores gubernamentales que aún tienen en sus manos la posibilidad de facilitar tal proceso de transición. Es justamente de estas dinámicas post electorales de donde surge la posibilidad real de revertir las fuerzas que empujan al país hoy hacia un proceso de autocratización y cierre político para redireccionarlas hacia un escenario de transición democrática. Y es justamente en ello que reside la importancia última de la próxima elección.

De lograrse este objetivo, el proceso de transición política podría completarse a través de lo que podemos definir como el “Karma Electoral”. Según varias religiones, autodefinidas como dhármicas, el karma es una energía trascendente (invisible e inmensurable) que se deriva de las actuaciones de las personas. El karma se interpreta como una «ley» cósmica de retribución, o de causa y efecto. Según esta doctrina, las personas tienen la libertad para elegir entre hacer el bien y el mal, pero tienen que asumir las consecuencias derivadas.
El Faro 3

Los años 2015, 2016 y 2017 vuelven a ser electorales y en ellos se decidirán los nombres de quienes ocuparan la Asamblea Nacional, las gobernaciones de estado y las alcaldías, respectivamente. Paradójicamente, el mismo proceso de programar elecciones continuas que Chávez implementó aprovechando el momento cúspide de su legitimidad para construir una institucionalidad a la medida de sus aspiraciones e intereses, se convierte ahora en esta especie de “Karma Electoral” que reinicia su ciclo en el peor momento para el gobierno, abriendo una ventana de oportunidad que, de ser bien aprovechada, permitiría reconstruir, por la vía electoral nuevamente, una nueva institucionalidad mucho más sólida que debería responder, no a un gobierno de turno, sino a la construcción de una democracia mucho más estable, menos personalista y enfocada en servir a un pueblo que está obligado a madurar políticamente después de haber conocido los costos de dejarse seducir por los cantos de sirena del populismo.

Entendiendo entonces la trascendencia de esta elección, resulta fundamental movilizar todas las fuerzas democráticas del país, e incluso las internacionales, para la preservación del proceso y sus resultados. En nuestra última entrega cerrábamos diciendo que toca a las fuerzas democráticas trazar y ejecutar su propia estrategia para garantizar el respeto de las condiciones que garanticen la integridad del proceso electoral y elevar los costos de su irrespeto o de cualquier intento por suspenderlo, y ofrecíamos compartir en nuestras próximas entregas algunas reflexiones en este sentido.

La estrategia de defensa del proceso y los resultados electorales del próximo 6 de diciembre debe considerar tres momentos: El período pre-electoral y de campaña, el día de las elecciones hasta el anuncio de resultados, y el período que va entre el reconocimiento de resultados y la instalación de la nueva Asamblea Nacional. Pero ante la falta de espacio suficiente, explicaremos a partir de una próxima entrega cuáles consideramos como las prioridades de cada una de estas fases.

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