
Juan Manuel Trak – 23 de noviembre de 2015
A lo largo de casi un mes desde el Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, en conjunto con el Instituto Internacional para el Apoyo de la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA Internacional) llevamos a cabo una Misión de Estudio de las condiciones electorales de cara al 6 de diciembre de 2015. Entre las actividades que se desarrollaron hubo visitas a regiones del interior del país, en donde la actividad electoral es menos visible que en las grandes ciudades. En lo particular, me correspondió visitar algunos municipios del estado Lara, en donde sostuvimos reuniones con activistas políticos y sociales de distintas tendencias políticas.

Entre esos líderes de base, quienes aún creen en el gobierno lo hacen por razones identitarias. Para buena parte de esas personas el chavismo es mucho más que un beneficio social, o una bolsa de comida. Por el contrario, Chávez, y su proyecto, era una representación simbólica de lo que son, viven y sienten. Independientemente de la manera como evalúen la gestión del gobierno, hay un país que se vio reivindicado con el discurso de Chávez y las acciones que utilizó para reforzarlo. Allí, en esos pequeños poblados la tarea de la oposición siempre ha sido difícil, quienes son de oposición allí deben adversar políticamente a sus vecinos de toda la vida, a su familia, motivo por el cual su trabajo es mucho más complejo. Adicionalmente, el gobierno cuenta con la estructura del Estado para hacerse sentir, mientras que quienes hacen política desde otros frentes cuentan con recursos muy limitados para contrarrestar la acción del partido de gobierno.
Por otro lado, cabe destacar que en esos lugares es donde hay mayores irregularidades durante la campaña y el día de la elección. La presión indebida que ejerce el Plan República sobre los testigos de los partidos de oposición, la complicidad de miembros de mesas y coordinadores de centro con el PSUV para dar información sobre quien ha ido y quien no ha ido a sufragar, así como la débil estructura organizativa de los partidos oposición son el caldo de cultivo para que haya irregularidades importantes en el funcionamiento de algunas de las mesas más retiradas.

Sin embargo, las cosas están cambiando en algunos de esos lugares. Quienes en algún momento trabajaron para el gobierno ahora apoyan a candidaturas independientes o a la propia oposición. Lugares donde los candidatos o testigos de la MUD eran repelidos de manera violenta ahora son lugares en donde por lo menos se les deja entrar. La polarización allí ha ido disminuyendo, los problemas graves que enfrentan la gente unen más que la división producto de las diferencias políticas. El chavismo como identidad sobrevive, pero en muchos casos la decepción con el heredero es tan grande que no hay razones para votarles. La entrega de casas, vehículos y bolsas de comida no parece ser suficiente para que una gran mayoría de esos decepcionados vote a favor del gobierno. Pero no hay que equivocarse, no todo quien reniega del gobierno va a votar por la oposición. Hay miedo en muchos de ellos sobre lo que haría la Mesa de la Unidad si llega a ser gobierno, la propaganda del PSUV y las torpezas de no pocos miembros de la oposición producen temores sobre el tipo de gestión que harían una vez en el poder.
Así las cosas, allá afuera hay un país esperando respuestas, que tiene esperanza en que las cosas pueden ser mejor, pero también temores por un posible escenario de violencia pos electoral. Es responsabilidad de los líderes políticos y las instituciones garantizar una campaña que promueva la tolerancia y el reconocimiento del otro. Estas elecciones parlamentarias pueden abrir el camino para un rencuentro nacional, o bien llevarnos al despeñadero de la violencia sin sentido. Se votará y veremos…
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