Espacio plural

¿Un desenlace final o una nueva frustración?

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Danny Toro –  13 de enero de 2017

Ya la Asamblea Nacional ha comenzado su segundo año de sesiones, con nueva directiva y con nuevos -y más intensos- desafíos, o más bien responsabilidades, porque justamente la Asamblea Nacional en los inicios del año pasado asumió como responsabilidad, legislativa y política, iniciar un proceso que decantará en elecciones presidenciales y generará una transición política como solución a la inmensa crisis social y económica -pero también política- que vive el país. Responsabilidad que, como sabemos, no se pudo cumplir. Ahora, en este nuevo año legislativo, la pregunta obligatoria es si podrá la Asamblea Nacional, por fin, cumplir las expectativas del país – y de la comunidad internacional- o si seguirá auspiciando la decepción en ciertas partes de la población. No es menos cierto que en las calles del país, así como se celebró el 6 y 7 de diciembre de 2015 una posibilidad real de cambio, hoy se escucha con intensidad la decepción de las promesas incumplidas.  “¿Y a Maduro no lo sacaban este año?” me preguntó alguien a finales del año pasado mientras otro respondía “yo ya no creo en la oposición”.

Basta un poco estudiar las transiciones políticas en la historia, y la historia en general,  para entender que los procesos sociales y políticos no son inmediatos, sino lentos, a los pasos que marca la convicción del tiempo.  Los cambios dados en la humanidad, por muy rápidos y avasallantes que parezcan en su momento (el fenómeno revolucionario y el vértigo tecnológico de los últimos años, por poner dos ejemplos) son igual resultados de un largo proceso. Es menester entonces entender el meollo político actual desde esa óptica, no solo para ahorrarse decepciones de utopías promulgadas, sino para comprender mejor la dinámica y las posibles direcciones que tomen los acontecimientos. Al final, ¿no es el chavismo expresión última de aquellos movimientos de extremísima izquierda de inicios de los 60? y ¿no corresponde este régimen político a muchos otros que son resultados de los avatares del mundo después del la Guerra Fría, los llamados “regímenes híbridos”?  Ya vemos pues que todo está interconectado.

Así que es entendible que los cambios prometidos no se hayan dado; un cambio de gobierno, o peor aun, una transición política, en este caso hacia la democracia en medio de un mar autoritario, no resultaba fácil; conlleva muchas partes; la oposición, el gobierno, la sociedad civil, el sector cástrese entre otros más. Las fuerzas democráticas pueden estar moviéndose hacia una apertura de las libertades civiles, pero como dicen, “los rusos también juegan”.  Lo que no es entendible, por lo menos para quien escribe estas líneas, es la promesa, que si no se cumple lleva a la decepción, o lo que es peor, a una frustración.  El año pasado la oposición, al principio una parte, luego toda ella, vendió la idea del referéndum revocatorio como una posibilidad de salir de la crisis, y de por fin salir del chavismo luego de 17 años en el poder. El país se metió entonces en una dinámica de “revocatorio”; esperanza, euforia, ganas de continuar. Y la oposición expresó su compromiso de llevar el revocatorio ese año. Entonces María Corina Machado publicó un tweet diciendo que “… si el revocatorio va para el 2017, no cuenten conmigo”. Y recuerdo a Henrique Capriles preguntar “¿y quién dijo que el revocatorio sería para el 2017?”… Ya cursamos enero de 2017 y hasta ahora no ha habido referéndum.

julio-borges-henry-ramos-allup-henrique-capriles-foto-efeSé en las circunstancias totalitarias en que las fuerzas democráticas se encuentran, y que el referéndum no fue posible por medidas políticas y jurídicas posiblemente fuera del alcance de toda la Unidad; pero ¿Por qué no serle sincero a la población? ¿Por qué no haber dicho que la posibilidad del referéndum, en estas circunstancias, en parte no solo dependía de MUD? Quizás no toda la población sabía las dificultades que conllevaba un proceso de referéndum revocatorio- posiblemente lo intuían- pero Henrique Capriles, María Corina Machado, Henry Ramos Allup y toda la dirigencia opositora sabía de la las inmensas dificultades de un proceso como ese, y hasta se barajeó la idea de no convocar un referéndum sino presionar para las elecciones de gobernadores…. ¿Por qué no hablar con sinceridad? ¿Por qué meter al país en una dinámica y luego terminar abandonándola por otra, por un dialogo? ¿Por qué causar frustración? ¿No prometió Churchill “sangre, sudor y lagrimas” en vez de esperanzas infundadas?

Luego ir a un dialogo, entre el debate si las condiciones estaban dadas o no, prometiendo en dos semanas alcanzar resultados. ¿Cómo conciliar posiciones políticamente tan distantes, y hasta antagónicas en dos semanas, un mes o dos? ¿No duraron los diálogos entre el gobierno colombiano y las FARC cuatro años? Y a pesar de los “costos políticos” que algunos lideres dijeron asumir; ¿en qué quedó el dialogo? ¿En la libertad de solo algunos presos políticos? ¿Dónde quedó el cambio real?…  Sé del enorme esfuerzo de la dirigencia opositora en estos años por la consolidación de una unidad que ha permitido avanzar y respeto mucho a algunos líderes de la MUD, pero el respeto no exonera críticas y más tratándose el país por el medio. ¿Seguirán vendiendo frustraciones sociales?

anexhortaEn este nuevo periodo legislativo la Asamblea Nacional ya ha marcado un camino; ha declarado el abandono del cargo del Presidente de la República, lo cual algunos dicen puede llevar al país a unas elecciones presidenciales en los próximos 30 días. A diferencia del referéndum, no hay una vibra social de entusiasmo por la medida mas allá del hemiciclo de sesiones del parlamento. ¿Será un presagio? ¿Podrá la oposición por fin mover las fuerzas sociales lo suficiente para impulsar ese escenario de elecciones? No es fácil. El Tribunal Supremo de Justicia ha inhabilitado al Poder Legislativo y este nuevo año de sesiones lo seguiré haciendo.  Maduro plantea un ofensiva más radical (el cambio ministerial así lo apunta), la crisis económica aumentará con niveles de inflación mucho más altos, la oposición muestra cada vez más sus grietas, y la ciudadanía se puede estar casando de ambos lados.  ¿Qué nos espera? ¿Apatía ciudadana? ¿Enfrentamiento entre extremos? ¿Surgimiento de “algo nuevo”? En una situación de múltiples dinámicas, puede haber múltiples direcciones.

Podemos estar en un desenlace final y una transición política en la medida que la oposición, en unidad y con objetivos claros y compartidos, aglutine el descontento nacional, sintonice con la ciudadanía y direccione esa fuerza social hacia el poder ejecutivo; con movilizaciones, con protestas pacificas y creativas, es decir, con presión ciudadana.  Así podrá ser verdaderamente viable una mesa – no de eufemismos como el dialogo- sino de negociación y acuerdos para una transición hacia la democracia. Porque ir a una negociación sin cartas a nuestro favor, es como lanzarse al agua sin saber nadar…

Pero para eso es indispensable la sinceridad como ejercicio de pedagogía política; hablar claro, marcar rutas que tendrán obstáculos y no prometer lo que no está en nuestra capacidad lograr. Solo así garantizaremos un entusiasmo duradero.  Muchas veces se ha creído a la sociedad civil como moldeable, movible e inclusive modificable.  Ciertamente el rentismo ha ayudado en eso y el populismo ha aumentado su intensidad: quizás por esa creencia la dirigencia política de los 90 no vio con claridad los movimientos que desde la sociedad amenazaban a la democracia, y fueron incapaces de actuar contra ellos. Procuremos entonces dar señales claras, confiar profundamente en la ciudadanía que sabrá actuar cuando llegue el momento y asumamos las responsabilidades que exige el tiempo. De no ser así, estaremos nadando hacia una nueva frustración por incompetencia de la oposición o lo que es peor, se habrá vendido la idea, no de una transición, sino de una transacción política.

 

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