Bitácora del Poder

Los hijos de la Cuarta y de la Quinta

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Fernando Arreaza Vargas –  24 de febrero de 2017

“Universidad Católica Andrés Bello”, anunció un moderador cerca de la bahía de Boston.

Un grito venezolano se escuchó en los pasillos en los que la Universidad de Harvard organiza su Modelo de Naciones Unidas. El video viral que recorrió las redes sociales mostró la bandera tricolor ondeando, una chica corriendo a abrazar a sus compañeros y el grito de “¡Doble placa!” ante el resto de las delegaciones, que vieron como Venezuela arrasaba con todos los premios. No solo es la Católica, es la Simón Bolívar, la Central… es el prestigio Vinotinto en estas competencias internacionales.

Universidades que sufren los embates de una crisis terrible llevaron representantes que se impusieron a países con muchos más recursos. No tenemos la historia y renombre de las universidades europeas, no tenemos los recursos de las universidades estadounidenses, ni tenemos la disciplina de las instituciones asiáticas. Mientras nuestras casas de estudio luchan por pagar los salarios, las de ellos trabajan con las mejores empresas y agencias gubernamentales para combatir el cáncer, alcanzar la sustentabilidad mundial y erradicar la pobreza.

Es muy raro, bastante extraño. Si me borran la memoria y la identidad, me dan una lista de las condiciones socioeconómicas de cada país participante y unas fichas para apostar, probablemente no me hubiese jugado la plata por esta victoria. Si no sabes que tienen años ganando, no es instintivo asumir que sí lo han hecho. Más allá de los gritos de sí hay futuro, generación de oro y victoria; el triunfo no es normal. Las consecuencias de uno de los peores gobiernos en la historia no explican esto.

Un texto de Guillermo Quiroga para Caracas Chronicles hace una analogía interesante. Guillermo explica que el sistema de “Munes” en nuestras universidades tiene algo que en el país urge desde hace décadas: institucionalidad.

Esto quiere decir que los chamos van y triunfan a pesar de su contexto. Es cierto. No obstante, también creo que hay algo más. Los jóvenes que van y ganan tienen un gen cultural que va más allá de si son o no parte de las tradiciones de los modelos. Hay algo inherente a ser joven en Venezuela que te curte.

¿Cómo les ganan? ¿Por qué siempre ganamos? ¿Cómo la UCAB y la USB se imponen? ¿Qué variable misteriosa cambia una ecuación que en el papel se ve tan sencilla?c5hox42wqaa8iry

Creo que dos factores. Uno muy fácil de explicar, el otro no tanto.

El primero quizás es por los profesores. Mientras en los países estables los profesores son hombres y mujeres de carrera, en Venezuela cada vez es menos un trabajo y más una entrega. En Estados Unidos es una carrera normal. Hombres y Mujeres de prestigio que se retiraron, comparten sus experiencias o compaginan las clases con su verdadera profesión. Muy valiosos, muy estables.

En Venezuela tenemos personas entregadas al arte. Ya tienen tiempo dejando de ver las clases como un trabajo y lo ven más como un legado. Esto no es eterno, ojo, son las últimas defensas más excelsas de un sistema que está colapsando. Pero sí, entre la debacle, recibimos las perlas más valiosas de un mar que se está secando.

La otra razón es más compleja.

Es el resultado de una disonancia cultural que deja como consecuencia una generación que recibió lo mejor de dos tiempos, dos mundos. Los privilegios y las lecciones, la ambición y la humildad, la valentía y la necesidad. Los hijos de la Cuarta y de la Quinta. La de la Venezuela del “está barato dame dos” y la del “no me alcanza para nada”. Dos visiones de vida que chocaron.

Hace poco un texto recorrió los muros sociales en internet. Una periodista venezolana en Chile explicó la metamorfosis de los jóvenes en otros países. Las dificultades transformadoras que gradúan a los emigrantes en conocimientos de la vida. Ella piensa que este capítulo está creando mejores profesionales y mejores personas. Coincido, pero aquí quiero ir un poco más lejos. Los éxodos siempre han creado comunidades que evolucionan y terminan siendo valiosas para su tierra natal. En nuestro caso, creo que independientemente de si saliste de Venezuela o no, estamos ante una de las generaciones más peculiares. Estamos ante los hijos de la Cuarta y la Quinta.

En el éxodo venezolano vemos dramas personales, contrasentidos profesionales. Hay historias de periodistas escribiendo pedidos, doctores cuidando carros, ingenieros y economistas calculando vueltos. Sí, es cierto. Sin embargo, cuando escuchas varias historias comienza a surgir un patrón. Conectas algunas ideas. Los jóvenes que están saliendo no solo están pasando roncha, en su mayoría se están abriendo paso. Es normal que todos los emigrantes encuentren un shock cultural y evolucionen. Lo que no es tan normal es que después del shock continúen, compitan y triunfen. Como tampoco es normal que las delegaciones de Venezuela vayan y barran con los premios en Harvard una y otra, y otra, y otra vez.

(160123) -- CARACAS, enero 23, 2016 (Xinhua) -- Una persona ondea una bandera durante una manifestación de simpatizantes y miembros de la Mesa de la Unidad Democráctica (MUD), con motivo de la conmemoración de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en la Plaza Brion de Chacaíto, en Caracas, Venezuela, el 23 de enero de 2016. De acuerdo con información de la prensa local, integrantes de la MUD convocaron el sábado a una concentración para conmemorar la rebelión cívico-militar que derrocó al presidente de facto Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958. (Xinhua/Boris Vergara) (bv) (jp) (fnc)

Cuando me siento a pensar en el triunfo de nuestras universidades y de las historias de los jóvenes en otras tierras se me ocurre una idea. Una explicación. Esta generación heredó una idea y aprendió otra. Dos mundos que generaron una contradicción milagrosa.

Vivimos con la herencia y suficiencia intelectual del país que tenía todo y aspiraba a lograrlo todo. También vivimos con la pena de ver la cadena de errores que nos volvió uno de los países más problemáticos en la región. Creemos que nos merecemos todo y creemos que nos merecemos nada. Estamos viendo el choque de dos concepciones opuestas que crean un cóctel paradójico de jóvenes que actúan como si fueran del primer mundo y trabajan como los del tercero. La esencia del proyecto que alguna vez fue Venezuela se mezcló con el kilometraje y la piel curtida de la debacle de ese proyecto.

Se juntaron el talento, las ganas y la necesidad. Esta generación es un caso muy raro de individuos que sienten que lo tienen todo y al mismo tiempo saben que no tienen nada. Que sienten que merecen lo mejor, pero tienen que pelear como si no merecieran nada. Estamos viendo el florecer de una generación que cuando habla con un chino, un alemán o un estadounidense simplemente sabe que cualquier problema que tengan nosotros tenemos un Doctorado. Sin embargo, al mismo tiempo llevamos por dentro el peso de los fracasos y aprendizajes que ese Doctorado nos dejó en el camino. Cuando hoy vemos los problemas de otras tierras, en su mayoría estiramos la cabeza hacia atrás y soltamos una carcajada: “por ahí nosotros ya pasamos”. Luego respiramos, entendemos la dimensión de los que está pasando.

Estamos a medio camino de ser los petulantes que se creían dueños de todo por nacer en un pedazo de tierra con petróleo y los humildes desahuciados que creen que el pico de la montaña está demasiado lejos. Estamos a medio camino del cielo y del infierno. Crecimos con las armas más potentes de los que nacen con todo a su favor y de los escudos más gruesos de los que reciben palos desde que son pequeños. Estamos a medio camino del drama y la épica. Estamos, quizás, a medio camino de la mejor versión de nosotros mismos.

No es que somos especiales. Somos la generación de los que creemos que brillamos como si fuésemos especiales, y por dentro trabajamos como si nos tuviésemos que ganar cada milímetro de ese halo.

Cuando la autosuficiencia y la necesidad se combinan, nace esta especie de inercia que te hace resistente a los contratiempos. Los venezolanos nos acostumbramos a remar a contracorriente, pero no nos olvidamos de la confianza que nos daba aquella certeza de creer que estábamos en la joya de América Latina. Entonces, cuando ponen a un miembro determinado de esta generación a remar con la corriente en calma o a favor ¿Qué oportunidad puede tener un pobre ciudadano de otro mundo? Después de todo, la mayoría nunca ha navegado por aguas tan tempestuosas como las nuestras.

Después de todo, no han vivido lo que viven los hijos de la Cuarta y la Quinta.

 

 

3 replies »

  1. Buenos días, leí su articulo “Los de la Cuarta……” me conmovió hasta las lagrimas, felicitaciones por interpretar en sus letras el pensamiento de muchas personas en este momento. Resalto la institucionalidad de las Universidades autónomas, Dios es lo que aun tenemos. Mi hija se graduó como Ingeniero Químico en la UCV y emigró a Suiza buscando su futuro, aunque me gustaría que se quede aca, la situacion GENERAL del pais la llevó a otro destino, un abrazo

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  2. Nadie lo entenderá jamás, el peso de nuestras decisiones, la profundidad de nuestras cicatrices, la belleza y el horror de los recuerdos que cargamos calados en la memoria. Se lleva el alma resquebrajada, con pedazos de uno regados en todas partes del mundo y eso, cambia y deja huellas en el alma que quedaran por siempre.
    No se llame a esta generación valientes, porque el valor nace de una noble decisión y no hay nobleza en lo que tuvimos que hacer para sobrevivir, aunque traten de endulzar nuestros sacrificios con frases heroicas y motivadoras, la verdad es que hemos abandonado en las peores condiciones que existen a nuestras familias, lo que amamos, lo que somos y siempre seremos, tuvimos que dejarlo atrás para seguir adelante. No tuvimos opción, y no fue una acto noble de valor, fue el coraje, la sangre caliente y la cabeza atormentada por pensamientos de dolor e impotencia lo que nos llevaron a tomar una decisión que algunos llaman “valiente” porque no saben lo que hay detrás de ella. Había que hacer todo y darlo todo por sobrevivir, ante la amenaza de la extinsión prematura de nuestros sueños y esperanzas, era pelear por ellos o entregarlos a manos de corruptos y sanguinarios, dárselo a los que nos habían quitado todo, la libertad y hasta las ganas de seguir luchando.
    Llámese a esta generación, sobrevivientes. Es lo que somos.
    No hemos sobrevivido por ser valientes o fuertes, hemos sobrevivido porque nos aferramos a la esperanza, la conciencia, a lo poco que nos quedaba… protegimos las migas de conocimiento que teníamos, como el hambriento protege con su vida unas pocas migas de pan.
    Yo no soy valiente, yo sobreviví. Yo luché por sobrevivir en Venezuela y ahora aquí en España, hago lo mismo.
    El valor nace de un acto noble de decisión. Yo no pude decidir, yo no tenía otra opción.

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