Espacio plural

El Dilema Militar, de la segunda pregunta

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Foto: Prensa Presidencial

Pedro González Caro

¿Demanda a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana obedecer y defender la Constitución del año 1999 y respaldar las decisiones de la Asamblea Nacional?

Un dilema es una situación difícil o comprometida en la que hay varias posibilidades de actuación y no se sabe cuál de ellas escoger, porque ambas son igualmente buenas o malas. Los dilemas representan las sutiles contradicciones que se dan entre los principios democráticos constitucionales establecidos por la sociedad en su pacto social para garantizar el ejercicio de la libertad y los derechos individuales ciudadanos y aquellos preceptos de orden dogmatico que forman parte de la estructura doctrinaria de la institución armada de la república que ha sido creada por el Estado, justamente para proteger y garantizar el pleno ejercicio de esos principios. Estos preceptos están recogidos en doctrinas, directivas y leyes vinculadas al ejercicio de la profesión militar y al funcionamiento intrínseco de la institución y, por otra parte, los derechos individuales están consagrados en la Constitución nacional.

El origen de este dilema tiene su fuente en la propia Constitución que señala: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación”

Sin aspirar a estar por encima de la Constitución, el principio fundamental e indiscutible para la existencia de una fuerza armada en un Estado Democrático. Es  garantizar un estado de seguridad y defensa nacional, sin cuya materialización sería imposible el ejercicio pleno de la libertad y la soberanía, ni de los derechos individuales que consagra la Constitución. Esta gran responsabilidad de la Fuerza Armada reposa sobre tres pilares fundamentales que son: la Obediencia, la Subordinación y la Disciplina, y es justamente aquí de donde surge el dilema.

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Foto: Prensa Presidencial

En consecuencia, los aspectos relacionados con este asunto deben ser tratados con la  extrema cautela que merecen sus repercusiones de orden vital para la Repúublica y para la Democracia. Es imperativo evitar las reacciones eufóricas y viscerales promovidas e impulsadas por momentos políticos coyunturales.

Encontrar el sutil equilibrio que mantenga a la FAN al margen de las posturas políticas e ideológicas, y al mismo tiempo respete su mandato supremo de garantizar la democracia sin perturbar la estabilidad que brindan sus tres pilares fundamentales, es precisamente el gran desafío de un proceso de transición democrática.

La fortaleza de una FAN sana y democrática reside en su potencial disuasivo, creíble y capaz de actuar según las intenciones de sus dirigentes legítimos; ajustadas a las normas constitucionales y respetando sus fundamentos dogmaticos. Se trata de un elemento concreto que ha sido concebido para oponerse y superar voluntades antagónicas identificadas como agresores. Una condición insoslayable para lograr este potencial a la cual deben someterse conscientemente sus integrantes, es la cohesión en torno a los fundamentos dogmaticos que representan sus tres pilares fundamentales: Obediencia, Subordinación y Disciplina

El dilema crece y se alienta cuando comienzan a surgir interrogantes entre los militares que no pueden ser respondidas con la tradicional retórica de la terna de fundamentos dogmáticos. Cómo ser obediente cuando el superior que te ordena está evidentemente vinculado con líneas y tendencias político partidistas o con redes de narcotráfico, corrupción y crimen organizado. Cómo puedes mantener la subordinación, si el superior no desarrolla la conducta ejemplar mínima necesaria para generar la ascendencia que impulse y afiance  el respeto al grado y la antigüedad. Finalmente, en el caso de la disciplina, para que exista un orden en cualquier ámbito de la sociedad es necesario que se establezcan una serie de pautas y reglas que determinen lo que está permitido y lo que no. Es decir, para conseguir un objetivo en la vida, cualquiera que nos propongamos, resulta indispensable tener o disponer de un orden personal que nos organice para alcanzarlo de un modo más concreto, prolijo y sin fisuras. Con respecto a cualquier sistema disciplinario caben dos planteamientos posibles. Por una parte, alguien puede acatarlo porque está convencido de que es su deber y porque considera que se trata de algo razonable. Por otra parte, alguien puede cumplirlo, no porque crea en su contenido o en su finalidad, sino porque teme algún tipo de sanción o castigo si no lo respeta. Esta terna de fundamentos dogmáticos está severamente comprometida, y con ella la garantía de servicio a favor de la democracia y de los ciudadanos.

Aspirar el logro de una democracia sólida y decente, aun con imperfecciones, ha sido la preocupación constante y probada con hechos históricos, de una mayoría determinante de miembros de la institución armada de nuestro país. También es la aspiración de los militares vivir en democracia porque es el sistema político que garantiza para los ciudadanos un Estado al servicio del pueblo, para garantizar el ejercicio pleno de la ciudadanía y los derechos ciudadanos, sin ninguna clase de discriminación ni diferencias más allá de las ganadas por el esfuerzo y el trabajo de cada uno.

“No puede ser militar el cobarde, el que carezca de dignidad, pundonor, ni el de relajada conducta, pues mal puede ser guardián de la libertad, honra e independencia de su Patria, quien tenga miedo al sacrificio y ultraje sus armas con infames vicios”. Este es el artículo 10 de la Ley de carrera militar, y sin duda, una fuente inagotable que orienta la conducta y el desempeño de los integrantes de la fuerza Armada.

Resulta francamente imperativo, impulsar y mantener el debate de los temas fundamentales de la Nación. La crisis no es sólo política, económica y social. También hay una grave crisis militar que impacta de manera determinante todos los sectores del país, por el alcance del entramado militar en el control del poder en Venezuela. Las “atrocidades” denunciadas por el ministro de la Defensa, son la mayor evidencia de la separación de la conducta de los altos mandos de la Fuerza Armada de los lineamientos fundamentales de respeto a los derechos humanos y a los principios más sublimes sobre los cuales descansa nuestra democracia. Pareciera impostergable la necesidad de reestructurar la FAN y de reformular una visión compartida en la que la concepción de un concepto estratégico de la Nación, entre otros aspectos, permita delimitar las líneas programáticas que dicten la orientación estratégica en la que el dilema militar de la segunda pregunta quede resuelto.

25 de agosto de 2017

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