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¿Puede el colapso económico acabar con el Gobierno?

Foto: REUTERS

Guido Revete

06 de abril de 2018

Las características de la estructura económica venezolana hacen que el Estado sea en extremo dependiente de los ingresos rentísticos, principalmente del petróleo, lo que históricamente le ha permitido generar un inmenso poder de financiamiento. Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar a primera impresión, un régimen híbrido en evidente proceso de autocratización sí podría mantenerse en el poder –como de hecho lo hace- aun en pleno colapso económico.

Lo que diferencia un colapso económico en un régimen democrático de uno dado en un régimen autocrático son una serie de elementos importantes a tomar en consideración al momento de asumir que el Gobierno Nacional puede resquebrajarse únicamente por factores económicos, cuando éstos no afectan directamente el modelo de acumulación de las élites en el poder, las cuales, debido al proceso de caos sistémico, pueden estar en proceso de mutación constante.

Esto se debe a diversos factores, veamos a continuación:

En primera instancia, el modelo de acumulación del Estado venezolano, y de los grupos de poder que orbitan en torno a él, no depende del trabajo y la productividad de la población, por ello, en un régimen en proceso de autocratización se hace evidente la indolencia del Estado ante la incapacidad de los ciudadanos de reproducir su vida material más allá de lo esencial para sobrevivir.

En segundo lugar, en un régimen autocrático la carencia de un sistema de partidos fuertes que participen en el juego electoral, así como la ausencia absoluta de contrapesos institucionales, impiden la rendición de cuentas efectiva y las acciones constitucionales necesarias para velar por el correcto funcionamiento del Estado y de sus índices macroeconómicos, lo que se traduce en que no existan garantías de estabilidad política, económica y social para los ciudadanos.

El tercer elemento a tomar en cuenta es que un régimen político que empiece a acrecentar su ímpetu autocrático se mostrará más predispuesto a la represión de la protesta de los actores que cargan con los costos de las políticas económicas. Lo que ayer podía ser solucionado con gasto clientelar, producto de la bonanza petrolera, en época de contracción será necesariamente con represión. Además, en el avance de las restricciones de los derechos políticos de los ciudadanos, éstos tendrán cada vez menos canales institucionales para ejercer el derecho a la protesta.

Una cuarta consideración es que un régimen híbrido que transita hacia un proceso de autoritarismo hegemónico dependerá, en menor medida, de la fachada electoral que le daba legitimidad de origen en un primer momento, por lo que su público objetivo va dejando de ser, paulatinamente, el “pueblo” construido como posible votante. Incluso, prescindiendo de los funcionarios públicos como sujetos políticos –como vimos en  el primer punto– pasando a apoyarse principalmente en el monopolio de la violencia del Estado y los grupos de poder (económicos, empresariales y militares) que se nutren del proceso de acumulación sostenido por dicho régimen. Esto significa que un autoritarismo hegemónico necesitará, cada vez menos, de la presencia de votantes moderados, apoyándose en los fuertemente ideologizados y en los grupos de poder, militares y empresarios, que se nutren del proceso de acumulación imperante en el país.

Foto: REUTERS/Mariana Bazo

Es cierto –y probablemente inevitable– que en un proceso de colapso económico exista un resquebrajamiento de las relaciones de poder en el seno de la dirección política del Gobierno, aun estando en un régimen autocrático. Pero esto no significa necesariamente su anulación, sino que puede tratarse, simplemente, de una reconfiguración de estas relaciones de poder y de los grupos económicos que alrededor de él orbitan.

En otras palabras: en un Estado rentista que avanza hacia un régimen de autoritarismo hegemónico, el colapso económico general no necesariamente implicará el fin del Gobierno o su apertura democrática de manera paulatina, por el contrario, el deterioro económico, en estos casos, parece impulsar una avanzada hacia el autoritarismo.

En este escenario, esperar que la situación económica deteriore de manera progresiva la gobernabilidad de un régimen autocrático en un país rentista, resulta una falacia, resultando únicamente perjudicados los ciudadanos del país, que se ven sometidos a la depauperación de sus condiciones materiales de vida.

@guidorevete

El autor es sociólogo, con Maestría en Teoría y Política Económica

 

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