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¿Qué tienen en común una aurora boreal y un acuerdo negociado sobre Venezuela?

Editorial | Carta del director

 

Foto: Telesur

8 de Junio de 2019

¿Qué tienen en común una aurora boreal y un acuerdo negociado sobre Venezuela? Que ambos son fenómenos muy extraños que ocurren en Noruega, pero que necesitan condiciones muy especiales para hacerse realidad.

Las auroras son luces mágicas que provocan que el firmamento se tiña de verdes, rojos, rosas y malvas originado por el choque de las partículas eléctricas del viento solar con los campos magnéticos de la Tierra. Cuando esas partículas del viento solar ingresan a la atmósfera y chocan con las moléculas del aire, generan energía que se manifiesta en los haces de luz conocidos como auroras.

Las condiciones necesarias para alcanzar un acuerdo mediante la mediación de Noruega lucen asimismo complicadas y aún lejos de lograrse, al menos desde el punto de vista de lo que sabemos y entendemos de este proceso.  Aun así, la iniciativa noruega, al ser capaz de iniciar y mantener un proceso de mediación entre el régimen y los representantes del sector democrático, lejos de ser atacada debe ser protegida y apoyada, lo que no implica detener los mecanismos de presión sobre el régimen que deben ser cuidadosamente coordinados con la negociación para mejorar las probabilidades de alcanzar algún resultado positivo.

Partiendo del principio de que la gente negocia solo lo que no puede resolver satisfactoriamente por otros medios a su alcance, los otros medios se convierten entonces en un asunto esencial. Estos medios es lo que en negociación denominamos alternativas al acuerdo, o sea lo que podrían hacer quiénes negocian si no alcanzan ningún acuerdo.  En este sentido, para que dos sujetos o entidades alcancen un acuerdo las condiciones de la negociación deben permitir un arreglo que sea mejor que la mejor de sus alternativas.

Si bien es cierto que Guaidó cuenta con una muy alta popularidad y su legitimidad tanto interna como externa que le ha ganado el apoyo de la casi totalidad de las democracias y el reconocimiento como Presidente Encargado de la mayoría de ellas, Maduro continúa controlando el poder, contando con la subordinación de la Fuerza Armada, ejerciendo el control sobre el territorio, y sobre la casi totalidad de las instituciones, con excepción del Poder Legislativo.

Esta situación implica que para el régimen encabezado por Maduro la mejor alternativa es el statu quo, y solo la imposibilidad de mantenerlo haría que un acuerdo negociado pudiese constituirse en la mejor alternativa para el mismo régimen. Para ello resulta esencial que al mismo tiempo que quienes nos representan en la mesa de negociación manejen el proceso de la forma apropiada se continúe ejerciendo  tanto la presión internacional como la interna.

En relación a la presión interna, debe reconocerse que las movilizaciones de calle han perdido fuerza, principalmente en Caracas. Las condiciones de supervivencia impuestas por la crisis en los distintos ámbitos de la vida consumen todo el tiempo y la energía física y emocional en el día a día. El desgaste emocional de la población va en aumento y es evidente si se toman en consideración aspectos netamente cualitativos, como la evaluación calificada que hacen quienes trabajan cotidianamente con los sectores más vulnerables de la población, y que dan cuenta de una especie de ¨cubanización¨ del escenario en el que podría estarse produciendo una caída en la resiliencia del venezolano. Si comparamos estos casos con los de otros procesos autoritarios longevos como el de Cuba y una parte importante de Africa, nos encontramos con que ello constituye una respuesta común, que podría estarse replicando, con ocasión de la crisis y de manera intencional, para quebrar la voluntad de lucha de la población. A un mayor deterioro de las condiciones de vida mayor necesidad de centrar tiempo y energía en la supervivencia. Otra expresión de este fenómeno es el alto porcentaje de personas que consideran emigrar, y que sería aun mucho mayor en caso de que no se produzca una solución en el corto plazo.

Frente a esta situación de enfriamiento de las calles, Guaidó ha puesto en marcha una gira nacional con el propósito de volver a dinamizar la esperanza a través de la movilización ciudadana desde el interior del país para finalizar en Caracas, lo que luce acertado desde un punto de vista estratégico.  La respuesta a las primeras convocatorias en uno de los estados más importantes del país, Lara, y en el estado natal de Hugo Chávez, Barinas, donde el chavismo solía tener altos niveles de popularidad, indican que Guaidó tiene aún margen de maniobra, no sólo por sus altos niveles de popularidad, sino por las expectativas que su irrupción en el escenario político originó, y a las que una parte importante de la población se niega a renunciar.

En la cara externa del conflicto, se continúa evidenciando la voluntad de la comunidad internacional de continuar trabajando por la restitución de la democracia en Venezuela. El Grupo Internacional de Contacto de la Unión Europea (GIC-UE) y el Grupo de Lima (GL), hasta ahora mucho más cercano a las iniciativas norteamericanas, han acercado sus posiciones en búsqueda de una mayor coordinación de esfuerzos.  Esta coordinación debe hacerse extensiva al resto de los aliados internacionales de la democracia, debiendo incluir a aquellos que han centrado sus esfuerzos en la presión, más que en la negociación, como los Estados Unidos. Esta coordinación de esfuerzos con actores tan diversos como los países de la Comunidad del Caribe (Caricom), Estados Unidos, Rusia, China, Cuba, México y El Vaticano, debe partir de la lógica que presión, o conflicto, y negociación no son iniciativas mutuamente excluyentes, sino complementarias. Sin presión ni conflicto se reducen de manera significativa los incentivos para alcanzar un acuerdo negociado, pero ejercer presión de espaldas a lo que sucede en la mesa de negociación, lejos de facilitar una solución puede originar un compromiso irracional que lleve al fracaso de cualquier negociación, al atrincheramiento del régimen y a una escalada sin control del conflicto. La idea, por el contrario, es que la coordinación de iniciativas permita generar una solución y no que esfuerzos descoordinados compitan entre si reduciendo las posibilidades de éxito de cada iniciativa.

En la actualidad el conflicto está en una fase de estancamiento, lo que no garantiza, necesariamente, una desescalada que haga posible una solución negociada. Tras una fase de estancamiento, una nueva escalada del conflicto luciría como el escenario más probable de no alcanzarse una solución. Es por ello que resulta saludable detener las campañas sucias de ataque a los esfuerzos noruegos, como esas que hablan de los intereses petroleros del pais que hoy trata de facilitar una salida, como si otros países aliados como los Estados Unidos o Europa no tuviesen también intereses comerciales, además de los políticos, o como si tales intereses fueran ilegítimos o suficientes para descalificar sus esfuerzos, y que solo contribuirán a destruir la legitimidad de cualquier salida, aún de aquella que pudiese ser la mejor alternativa para lograr una transición hacia la democracia.

@benalarcon.

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