Carta del Director

La responsabilidad final es nuestra

Carta del Director

Foto: https://transparencia.org.ve/juan-guaido-mi-compromiso-es-hacer-de-la-an-un-espacio-de-encuentro-y-unificacion-de-fuerzas-democraticas/

Editorial

Benigno Alarcón Deza | 17 de Febrero de 2020

La concreción de resultados bajo el liderazgo de Guaidó tiene una fecha límite en el mediano plazo, 5 de enero de 2021. El régimen lo entiende y apuesta por ello a una estrategia de resistencia, porque sabe que de llegar a ella sin haberse resuelto la crisis política por la elección de una nueva Asamblea Nacional y de un nuevo Presidente bajo condiciones en las que la oposición acepte participar, hará imposible para la comunidad democrática internacional continuar apoyando el esquema actual que incluye el reconocimiento del Poder Legislativo electo en el 2015 y a Guaidó como Presidente interino.

De nuestra última sesión de la Mesa de Análisis Coyuntural, equipo multidisciplinario conformado por muy destacados profesionales que se reúnen bajo la coordinación del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (CEPyG-UCAB) con la intención de analizar la coyuntura política, social, económica e internacional para producir análisis y recomendaciones de manera independiente, que en ocasiones compartimos a través de nuestros editoriales de PolítiKa UCAB,  se destacan algunas conclusiones que es importante comprender y difundir entre la mayoría de los ciudadanos que, viviendo dentro o fuera de nuestras fronteras, buscan contribuir a un cambio político.

Entre las conclusiones sobre esta coyuntura destaca el hecho de que, tal como habíamos predicho en nuestros escenarios presentados en diciembre del año pasado, nos encontramos en un prevaleciente clima de estancamiento político en el que -en medio de la agudización del asedio a la Asamblea Nacional y agresiones contra los diputados, del sostenido e insuficientemente atendido agravamiento de la emergencia humanitaria en medio de un espejismo de mejoría que no logra ocultar el empobrecimiento generalizado- la sorpresiva gira internacional del Presidente Juan Guaidó ha sido una oportuna iniciativa con indudables logros hacia dentro y fuera del país.

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y líder del partido de oposición Voluntad Popular, habla durante una conferencia de prensa en Caracas, Venezuela, el 10 de enero de 2019. Carlos Garcia Rawlins / Reuters

Entre tales logros se destaca la relegitimación de su representación institucional, renovada en la accidentada sesión de la Asamblea Nacional del 5 de enero y su reiteración ante interlocutores de indudable peso estratégico que se requieren para construir y sostener una transición democrática en Venezuela.

Pese al amplio apoyo que la comunidad internacional democrática ha mostrado a Guaidó y la causa democrática venezolana, existe el riesgo de que, ante la falta de resultados de una estrategia democratizadora en el mediano plazo, una parte importante de los aliados internacionales se conformen con una estrategia de contención del conflicto cuyo  foco se centraría en la crisis humanitaria, la protección de los derechos humanos y la disminución de la presión migratoria.

En este sentido, conviene tener en cuenta, aún dentro de la notable reducción de su margen de maniobra internacional, los visibles movimientos recientes del régimen que alientan esa vertiente geopolítica: las expresiones de solidaridad con Irán, el aterrizaje y encuentros de la Sra. Delcy Rodríguez en el aeropuerto de Barajas, la visita del jefe de la diplomacia rusa, Serguél Lavrov,  en medio del empeño en legitimar la mesa de diálogo -instalada con minorías opositoras no representativas (desconocida por la UE, el Grupo de Lima y EE.UU)-, así como su apoyo ruso en la evasión de sanciones y la invitación de Maduro para que la Unión Europea, la ONU y Rusia hagan acompañamiento, lo que es distinto a la observación electoral, durante los comicios parlamentarios de este año.

Foto: https://www.infobae.com/america/venezuela/2020/02/05/donald-trump-recibira-este-miercoles-a-juan-guaido-en-la-casa-blanca/

Como se ha hecho evidente desde el contraste entre las iniciativas de presión europeas y las de Estados Unidos -y, fuera del itinerario de esta gira, en Latinoamérica- en ese heterogéneo y complejo contexto internacional, es urgente la coordinación bajo un liderazgo fuerte, para hacer más efectivo el apoyo de la comunidad internacional a los venezolanos, dentro y fuera del país.

Hoy, más que nunca, urge tal coordinación, porque pese a la falta de resultados de un esfuerzo democratizador que se generó en medio de muy altas expectativas, el apoyo que el mundo democrático ha dado  a Guaidó un año después de haber asumido la presidencia de la Asamblea Nacional y la presidencia interina del país no tiene precedentes, lo que se ha traducido en una segunda oportunidad para su liderazgo que le compromete aún más con la necesidad de materializar resultados concretos que se traduzcan en la materialización de una transición democrática.

Pero, al contrario de lo que algunos creen, para ello resulta fundamental definir, no desde afuera, sino a nivel del liderazgo nacional que es quien tiene la responsabilidad final, la estrategia a seguirse, incluido todo aquello que tiene que ver con la hoja de ruta para llevar al país hacia una elección libre y competitiva que es la principal demanda que hacen tanto los venezolanos como la comunidad internacional democrática. 

La concreción de resultados bajo el liderazgo de Guaidó tiene una fecha límite en el mediano plazo, 5 de enero de 2021. El régimen lo entiende y apuesta por ello a una estrategia de resistencia, porque sabe que de llegar a ella sin haberse resuelto la crisis política por la elección de una nueva Asamblea Nacional y de un nuevo Presidente bajo condiciones en las que la oposición acepte participar, hará imposible para la comunidad democrática internacional continuar apoyando el esquema actual que incluye el reconocimiento del Poder Legislativo electo en el 2015 y a Guaidó como Presidente interino.

Llegar a esta fecha sin alcanzar el anhelado cambio político pondría a la  comunidad internacional ante el difícil dilema entre conformarse con la contención del conflicto venezolano o la difícil decisión de emprender un escalamiento de las acciones, lo que siempre resulta políticamente costoso a lo interno de cada país involucrado, y por lo tanto de difícil concreción, pese a aquello de que “todas las opciones están sobre la mesa.”

Tal estrategia debe considerar la necesidad de lograr, bajo el liderazgo de Guaidó, que es a quien le toca hoy el rol de liderar, la mayor unidad posible del sector democrático, tanto a nivel partidista como de la ciudadanía que reclama cambio y tan organizada como la situación lo permita, en torno a UNA ESTRATEGIA ÚNICA -asumiendo la inevitable separación de los sectores que desde otras oposiciones, cooptadas o divergentes, no la compartan – para convertirse en el interlocutor coherente, con voz propia, que asuma la responsabilidad de este momento histórico e incida en las decisiones y la coordinación de acciones tanto domésticas e internacionales.

Juan Guaidó  durante una sesion de la Asamblea Nacional en el Palacio Federal Legislativo  EFE  Leonardo Munoz / EFE

Tal estrategia no debe renunciar, sino por el contrario debe considerar el rescate de la vía electoral, que es la que goza de mayor consenso tanto entre actores internacionales como nacionales, sin abandonar la visión amplia de las demás posibilidades que los movimientos sobre el tablero de juego ofrecen en determinados momentos. A todo evento, es importante considerar que las tan anheladas condiciones de competitividad electoral no dependen de la voluntad de la oposición, por lo cual la estrategia del sector democrático, más que en condicionar la participación a unas determinadas condiciones mínimas que el régimen se negará a otorgar en la media que reconozca que éstas se traducen en su derrota, debe centrase en qué hacer ante un proceso convocado bajo condiciones que nunca serán ideales, lo cual no es un reto poco común en procesos de transición, en los que incluso los fraudes electorales han terminado siendo los detonadores del cambio político.

La responsabilidad final es nuestra y no de una comunidad internacional cuyo apoyo siempre debemos agradecer y valorar, entendiendo las limitaciones que, según la historia nos ha enseñado, siempre son impuestas por la política interna de cada país, que hacen que las decisiones finales, más que de la buena voluntad de sus liderazgos, dependan de intereses que no siempre estarán alineados con los de pueblos sometidos al yugo de regímenes autoritarios, como queda demostrado en casos como el de Siria, Myanmar, Zimbabue y Nicaragua, entre muchos otros. La responsabilidad final es nuestra porque se trata de nuestro destino como nación y las naciones han demostrado que cuando saben lo que quieren, y deciden actuar, nada puede detenerlas.

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