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Multilateralismo bajo amenaza

Foto: Archivo

Félix Arellano

El multilateralismo a pesar de su importancia como base para la construcción de gobernabilidad en un mundo descentralizado, pero interdependiente, está generando fuertes resistencias. Algunos destacan sus limitaciones para lograr soluciones efectivas frente a los graves problemas mundiales  y sus altos costos para los presupuestos de cada país miembro, en particular para los países en desarrollo.

Resulta lamentable que no se aprecie sus bondades e importancia para enfrentar las complicaciones globales, corresponde repetir que los problemas globales exigen de soluciones globales y el multilateralismo representa la base para la coordinación y construcción de reglas y organizaciones. Ahora bien, en algunos casos la dinámica de funcionamiento de los propios organismos, o las rígidas posiciones de los países miembros, están debilitando el funcionamiento y perspectivas del multilateralismo.

Conviene destacar que el mundo se hace más interdependiente e interconectado, entre otros, gracias a los enormes desarrollos técnicos y tecnológicos que permiten una vinculación de todo el espacio terrestre sin mayores limitaciones de tiempo o de costos. Esta dinámica genera beneficios que todos podemos apreciar, pero también conlleva limitaciones, entre otras, el poder soberano de los países se resiente, su capacidad de acción autónoma se limita.

En este contexto, debemos recordar que los Estados Nacionales se constituyen en formas de organización política inicialmente con una visión de autonomía. En el plano interno centralización del poder, al exterior un “estado de naturaleza”, la anarquía internacional; una “lucha de todos contra todos”, sin que se pueda asumir que una autoridad central permitirá superar las contradicciones.

La descentralización internacional se ha constituido en uno de los grandes retos para la creatividad humana, se trata de construir gobernabilidad descentralizada, que se fundamenta en la negociación y en la voluntad de las partes para cumplir los compromisos adoptados. Es una gobernabilidad que exige mucho diálogo, negociación y cooperación, fácil de escribir, difícil de alcanzar en un contexto donde la lucha por el poder se convierte en un paradigma fundamental.

Pero las circunstancias van cambiando las transformaciones, las realidades y las necesidades van estimulando a los gobiernos a construir condiciones que permitan la convivencia y garanticen la paz y la seguridad. Las Naciones Unidas podría ser el mejor ejemplo, pero también se van conformando múltiples instituciones en diversos temas y con diversidad de miembros para definir condiciones de certidumbre y gobernabilidad en las relaciones internacionales, va creciendo el multilateralismo con sus diversos alcances.

Paradójicamente, el escenario global que estimula la conformación de una amplia arquitectura multilateral, también se constituye, en los últimos años, en una de las causas para el acecho que enfrenta el multilateralismo. El desasosiego propiciado por la interdependencia ha tomado una fácil salida en el rechazo de los proceso de integración económica, es el caso del euroescepticismo, que ha logrado su mayor expresión con el retiro de la Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit), pero el virus va creciendo en el continente europeo y otras latitudes, por ejemplo nuestra región hoy se presenta más fragmentada y desintegrada.

Otra de las reacciones ante el arrollador avance de la globalización tiene que ver con la reaparición de versiones rígidas de la soberanía, cargadas de exclusión, xenofobia e intolerancia, situación que caracteriza a los autoritarismos que, en sus diversas manifestaciones, se multiplican en el mundo.

El autoritarismo rechaza la gobernabilidad internacional, las instituciones multilaterales y en especial aquellas que velan por la defensa de los derechos humanos y la institucionalidad democrática, toda vez que representan potenciales limitaciones a sus actuaciones arbitrarias.

Tanto en el Foro Económico Mundial de Davos, efectuado en el mes de enero; como en la Conferencia de Seguridad de Múnich, realizada en el mes de febrero, han alertado sobre las negativas consecuencias que está generando la erosión de la institucionalidad multilateral.

Las causas de tal deterioro son diversas, algunas tienen que ver con la dinámica funcional de las propias instituciones, como por ejemplo el derecho a veto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que se ha convertido en un factor de parálisis de la institución.

La solución del problema no es fácil, pero no debemos menospreciar los avances que se han alcanzado en la conformación de la sociedad civil internacional. Diversidad de instituciones, en particular las organizaciones no gubernamentales, que despliegan su actividad en diversos campos a escala global, para influir en la construcción de la gobernabilidad internacional.

En ese contexto, corresponde trabajar activamente, fortaleciendo las redes e interconexiones para hacer estimular un multilateralismo encaminado a una mayor democratización de las relaciones internacionales.

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